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Luna Europa de Júpiter: el sorprendente hallazgo de «sal de mesa» en el satélite del planeta más grande del sistema solar (y por qué es importante)

Hallazgos recientes sugieren que la capa de hielo que cubre a Europa contiene cloruro de sodio (NaCl), el principal componente de la sal que usamos en nuestras comidas.

Algunas partes de la luna Europa de Júpiter tienen tonalidades amarillas, como demostraron las imágenes enviadas por la sonda Galileo en los 90. BBC MUNDO/NASA

Si uno probara un pedacito de la superficie de luna Europa de Júpiter, percibiría uno de los sabores más familiares en la Tierra: el de la sal de mesa.

Hallazgos recientes sugieren que la capa de hielo que cubre a Europa contiene cloruro de sodio (NaCl), el principal componente de la sal que usamos en nuestras comidas.

El descubrimiento fue realizado por científicos de la NASA y del Instituto Tecnológico de California (Caltech) y fue publicado en la revista Science Advances este miércoles.

Pero ¿cómo detectaron la presencia de sal de mesa en la luna Europa y por qué es importante?

¿Sales de Epsom o sal de mesa?

Gracias a las imágenes que enviaba la sonda Galileo a mediados de los 90, los científicos saben que algunas partes de la superficie de Europa son de color amarillo.

Pero la sonda Galileo no solo enviaba fotos, sino también datos recogidos por su espectrómetro infrarrojo.

Esta información permitió descubrir que la superficie de la luna Europa tiene una capa gruesa de hielo y que debajo de esta capa hay un amplio océano.

Al analizar los datos del espectrómetro, parecía que una de las sustancias de la capa de hielo era sulfato hidratado de magnesio, o lo que conocemos como «sales de Epsom», usadas como nutrientes del suelo para la agricultura, como sales de baño y para fines médicos.

Dos caras de la luna Europa de Júpiter
La superficie de Europa es una capa de hielo. BBC MUNDO/Getty Images

Estas sales encajaban con el espectro de ondas infrarrojas que enviaba la sonda Galileo y también con «las expectativas de los científicos», le cuenta a BBC Mundo Samantha Trumbo, candidata a un doctorado en Ciencias Planetarias de Caltech y autora principal del estudio.

Pero estas sales de Epsom no explicaban el color amarillo de algunas zonas de la luna que se veían en las fotos.

En 2015, Kevin Hand, uno de los autores del estudio, y Robert Carlson, ambos astrónomos de la NASA, hicieron un experimento con sal de mesa (cloruro de sodio), sometiéndola a las mismas condiciones que tendría en la luna Europa.

Irradiaron la sal con electrones y vieron que adquiría una tonalidad amarilla, similar a la que se aprecia en la luna Europa.

Pero la coincidencia de color no era suficiente para probar que se trataba de sal de mesa (cloruro de sodio). Se necesitaban más pruebas.

Entre mayo y agosto de 2017, Samantha Trumbo recurrió al Telescopio Hubble para observar la superficie de Europa y despejar las dudas.

Los datos del Hubble coincidieron con los del experimento de la sal de mesa de la NASA. Estos resultados permitieron inferir la presencia de cloruro de sodio también en la luna de Júpiter.

Semejanza con los océanos terrestres

Pero ¿significa el hecho de que haya cloruro de sodio en la corteza de hielo de Europa que también lo hay en el océano que hay debajo de esta capa?

No necesariamente. Pero si se comprueba que este cloruro de sodio sí proviene del océano de Europa, «podría significar que el océano del satélite es más similar al océano de la Tierra», dice Trumbo, de Caltech, a BBC Mundo.

«Esto podría significar que (en el océano de Europa) hubo procesos químicos parecidos a los que tuvimos en la Tierra», comenta la científica.

Entonces, ¿querría decir esto que el océano de Europa podría albergar vida igual que los mares de la Tierra?

Esta semejanza «puede ser positiva para la habitabilidad del océano (de Europa)», aclara Trumbo a BBC Mundo. Es decir, para las condiciones que harían posible la vida. «Pero ciertamente no dice nada directamente sobre la existencia de vida».

Los resultados sí dan pie a que se reevalúe la composición química de Europa.

«Hemos tenido la capacidad de hacer este análisis con el telescopio espacial Hubble durante los últimos 20 años», dijo Mike Brown, profesor de Caltech y coautor del estudio. «Solo que a nadie se le había ocurrido mirar».

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