Amaya Coppens: «En la cárcel le quitan la dignidad a las mujeres»

La joven belga nicaragüense relata en esta entrevista que dejó a un lado sus estudios y no quiso exiliarse por meterse a luchar por la libertad.

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En esta semana Amaya Coppens casi no ha dormido. No es por falta de comodidad o por condiciones insalubres, como en las que estaba hasta hace seis días. Su desvelo se debe a que su casa ha sido visitada de día y de noche. Pasan familiares, amigos, conocidos y hasta personas que nunca había visto en su vida.

Amaya Coppens fue uno de los rostros femeninos que más se ha visto desde que fue apresada. Morena, ojos claros, el pelo crespo recogido, nos recibe en su casa en Estelí con la voz baja pero sin evadir preguntas. Siempre con ella, a la par, sus padres, Tamara Zamora, nicaragüense, y Federico Coppens, belga.

“Lo mejor de haber salido de la cárcel ha sido poder hablar con mis padres todo el tiempo”, dice Amaya. Además, dice, extrañó mucho hablar con sus dos hermanos después de nueve meses, ya que ellos actualmente se encuentran en el exilio. De hecho, Amaya tuvo la oportunidad de irse antes de ser capturada y de apegarse a su país donde nació, Bélgica, para salir de la cárcel. “Pero me hubiera sentido derrotada en el exilio”.

En esta entrevista, a pocas horas de salir del penal de Tipitapa, Amaya habla sobre cómo se metió a la lucha, sus dificultades en la cárcel, los momentos duros o alegres y la incertidumbre del exilio o permanecer en su lucha.

¿Cómo vivió los 245 días en una prisión?
Fueron nueve meses muy duros, en donde nos aislaron a las presas políticas del resto de mujeres. No se nos permitió una llamada en todo ese tiempo, tampoco acceso a radios o televisores. Las únicas noticias que teníamos era durante las visitas familiares. Todo era incertidumbre, sin saber lo que sucedía afuera, con el diálogo.

¿Qué fue lo más duro de la cárcel?
La zozobra de no saber lo que va a pasar. Nunca nos decían nada, ni contactos con los abogados para saber cómo iba el caso. Tampoco había información sobre las excarcelaciones que se estaban dando. Yo las sentía como una tómbola: cada vez que salía gente decíamos: “Vamos a ver si esta vez sí salimos”. Pero lo más difícil fue llegar al final e ir viendo que se iba la gente y yo iba quedando sola. El último día así estaba en mi celda.

¿Se enfermó en la cárcel?
Me volví hipertensa a los 24 años, cuando jamás en mi vida había padecido de nada. A los dos meses de estar en la cárcel tenía constantes dolores de cabeza, mareos y demás, y cuando por fin llegó el médico de la cárcel, andaba la presión muy alta, y lo único que me dieron fue una aspirina. Tuve que esperar hasta la visita para que mis padres me pudieran enviar medicamentos. Probablemente tenga mucho que ver el estrés.

Otras presas políticas han denunciado haber sufrido abusos sexuales. ¿Con usted hubo algún tipo de este abuso?
En el Chipote sí hubo trato degradante, en su momento. Amenazaron a todos mis familiares. En el Chipote fue un momento duro…

¿Cuánto tiempo estuvo en el Chipote?
Nueve días, pero es importante recalcar que en mi caso, por el origen de mi padre (Bélgica) y las peticiones de este país es que tuvieron cuidado conmigo. Entonces yo sé que me cuidaron mucho, pero el hecho de que no me hicieran tantas cosas a mí, no significa que no lo hayan hecho con varias mujeres. Yo sí conocí mujeres torturadas en el Chipote en el momento que yo estaba.

¿Cómo fue el trato?
En todo momento fue degradante. El hecho de desnudarnos al ir y venir de las visitas, nos exigían que hiciéramos sentadillas. Incluso, el día de la visita especial por Navidad, nos hicieron desnudar a todas juntas para ahorrar tiempo. Estuvimos todas haciendo sentadillas, lo cual te llena de rabia, porque las presas comunes pasan haciendo eso siempre. Como mujeres te quitan toda la dignidad.

Varios presos políticos fueron condenados a muchos años de cárcel y se miraba difícil que salieran. ¿Pensó que sería liberada?
La verdad no. No estaba segura de nada, y más porque el día anterior salió la presa política que me acompañaba.

«El hecho de desnudarnos al ir y venir de las visitas, nos exigían que hiciéramos sentadillas. Incluso, el día de la visita especial por Navidad, nos hicieron desnudar a todas juntas para ahorrar tiempo. Estuvimos todas haciendo sentadillas, lo cual te llena de rabia, porque las presas comunes pasan haciendo eso siempre. Como mujeres te quitan toda la dignidad”.
Amaya Coppens,
lideresa estudiantil

Se conoció que hubo peticiones de Bélgica para ayudar a su liberación, pero usted no aceptó. ¿Por qué no quiso la ayuda?
En el Chipote, antes de que me llevaran a la primera audiencia, llegaron los representantes de Bélgica, y me dejaron conversar con ellos. Me preguntaron “¿qué pensaría sobre tener que irme del país para salir de prisión?” Y en ese momento era impensable para mí, porque estaba con personas con las que anduve en la calle y en las protestas. Me pareció que no era algo justo irme, no era algo coherente con lo que estaba haciendo antes. Yo cuando fui a las calles asumí un riesgo, y no era justo dejar botada a la gente que estaba ahí encarcelada.

¿Cómo la interrogaron?
Demasiadas veces. La primera noche en el Chipote la pasé en interrogatorios. Me sacaban y me metían en la celda. Eran bastante agresivos en muchos momentos. A mí me detuvieron con Sergio Midence, y entonces ellos primero lo interrogaban a él y después me interrogaban a mí, y así se alternaban. En algún momento el interrogador me pateó las piernas y luego me quitó las esposas y me dijo que lo golpeara. Yo solo me quedaba desconcertada. Lo que me imaginé era que me estaban provocando para después filmar algo y que les sirviera de excusa.

¿Qué querían saber?
Locuras: las relaciones con la CIA, con Félix Maradiaga. Cosas ridículas, preguntas ridículas. Sobre todo queriendo implicar a otras personas.

¿Qué era lo que más extrañaba de estar libre?
Son tantas cosas, como el poder hablar con mi familia. Salir a caminar, por ejemplo. Comunicarme en cualquier momento con mis hermanos y con mis padres.

¿Ha podido dormir?
No (ríe), hay un sinnúmero de personas que vienen a la casa a abrazarme: amigos, familiares, conocidos y personas que nunca había visto. Pude hablar con mis dos hermanos, que se fueron exiliados, después de nueve meses.

Amaya Coppens en su casa en Estelí. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Cómo se metió a las protestas?
Todo se dio de forma espontánea. Nada fue planificado. Sucedieron las cosas y sentí la necesidad de denunciar y participar activamente en lo que estaba pasando. Las primeras protestas fueron contra la falta de acción del gobierno con el incendio en la Reserva Indio Maíz y después contra la reforma del INSS, en las que fuimos golpeados y estalló todo. Y ver cómo utilizaron a los estudiantes de los internados para obligarlos a ir a golpear a los protestantes. Ahí están los videos de los dirigentes estudiantiles de UNEN, que llevan años en la universidad, pateando a los viejitos. Desde entonces no ha dejado de haber causas para seguir protestando.

¿Pero sabía a lo que se estaba metiendo?
Sí, creo que este gobierno no es de ahora que es así. Ya sabíamos lo que era capaz de hacer. Tal vez no a esta escala pero sí sabemos que es una dictadura, que son déspotas. Fue el riesgo que asumí, y comenzó el asedio en León desde un inicio. En la universidad me seguían. Las amenazas eran muy claras.

¿Qué hacía antes de las protestas?
Yo era una estudiante de quinto año de Medicina. Siempre he sido ansiosa en mis estudios, y fue hasta ese momento que dije que no podía seguir concentrándome y dejar a un lado lo que estaba pasando. Entonces, cuando miré lo que sucedía dejé a un lado mis estudios. No fue planeado, fue un cambio drástico. Y ahora soy ex presa política y dicen que estoy expulsada de la UNAN-León. Así que antes tenía mi carrera casi por terminar y ahora un destino incierto.

¿Medita sobre eso?
Hay momentos en los que pienso sobre cómo están jugando con nuestro futuro. Y el futuro de toda Nicaragua. En este momento podemos estar bien, pero al día siguiente nos pueden destruir la vida. Pienso en mi situación y es insignificante con respecto a lo que ha pasado mucha gente: las madres de luto y lo exiliados. Entonces hay cosas mucho más importantes en Nicaragua que tenemos que resolver, y me concentro en eso, después habrá tiempo para lo personal.

Junto con sus padres, Federico Coppens, de origen belga, y Tamara Zamora, nicaragüense. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Se arrepiente de algo?
En ningún momento me arrepentí. Es más, salgo de la cárcel con más seguridad y convicción de que lo que hice está bien y de que hay que seguirlo haciendo. Mi protesta en todo momento fue cívica y pacífica. En todo momento he dicho que no tengo que pedir perdón, porque no he cometido ningún crimen. Me siento bien con lo que hice y lo volvería a hacer.

Dos de sus hermanos están exiliados. ¿Usted ha pensado en esa posibilidad?
Cuando ellos se fueron, a mí me lo plantearon y dije que no. Para mí hubiera significado una derrota, me hubiera sentido muy mal. En este momento no quisiera irme de Nicaragua. Hay un montón de gente que me están contactando y quiere verme. Son personas con las que anduve seis meses consecutivos y creé vínculos muy fuertes. No me sentiría bien yéndome y dejando a esta gente que cree en nosotros y nos muestra tanto apoyo. No es algo que quisiera pero hay un clima de incertidumbre: no sabemos lo que va a pasar. Con la libertad de los presos no se ha conseguido nada, mientras este gobierno continúe. En cualquier momento pueden arrestar al que sea. Ninguno está libre mientras siga este gobierno. Entonces, no sé qué va a suceder.

¿La Ley de Amnistía que aprobó el gobierno le benefició?
A nosotros no nos benefició en absolutamente nada. Esta ley es ridícula y una burla a todo lo que ha pasado, a todos nosotros y el tiempo que estuvimos adentro. Y como dije, nosotros no hicimos algo para ser perdonados porque no hicimos ningún crimen. Los que deberían estar pidiendo perdón de rodillas, por todos los asesinatos que hicieron, son ellos (gobierno). Pero igual nosotros seguimos esperando justicia, porque todavía no se ha conseguido.

¿Qué cree que suceda ahora que liberaron a los presos políticos?
La cárcel nos permitió organizarnos mejor y formar vínculos. Y eso espero ahora. Espero que podamos organizarnos y no perdamos de vista el objetivo final. Nada se ha logrado hasta el momento. Tenemos que trabajar y dejar de lado los intereses que pueda haber y hacer que nos unamos todos.

¿Cómo se solucionaría la crisis?
Esto no se puede resolverse mientras el gobierno siga ahí. Si la pareja presidencial tiene dignidad deberían de irse antes de arruinar por completo el país. Lo principal es trabajar todos juntos y ponernos de acuerdo. Creo que una junta de transición es necesaria para mientras se dan las elecciones. En este momento es impensable porque cualquier dirigente puede ser encarcelado.

¿Cómo se encuentra su situación con relación a la Alianza Cívica?
Todavía no he tenido tiempo de ponerme al día con todo esto que sucedió. El movimiento en el que estaba, 19 de Abril de León, ha venido desarrollándose y evolucionando a su manera. Pero me estoy poniendo al tanto de todo lo que sucede, porque estábamos completamente incomunicados. Con la Alianza Cívica tuvimos descontentos y lo expresamos en nuestros comunicados. Nosotros estuvimos en desacuerdo en que la gente saliera por bloques porque había mucha incertidumbre. Y ahora mismo no estamos muy claros de lo que se ha venido haciendo y lo que queremos es más transparencia, pero necesitaría aclararme más.

¿Pero cree que la solución a la crisis pasa por la mesa de negociación?
Creo que la presión no debe cesar. Todavía hay gente detenida y tenemos que seguir con eso. No se han resuelto las cosas. Yo creo que el gobierno se ha burlado de la mesa de negociación, en muchos sentidos y de muchas maneras. Desde el hecho de que no fueron capaces de cumplir las condiciones previas del diálogo. Entonces creo que se necesita mayor demanda al gobierno. Porque han cedido como que si están regalando y eso no es seguro.

¿Por qué sigue luchando?
Por la democracia, la justicia, pero principalmente por la gente que me apoya y cree en mí, y la gente que no puede luchar. Porque hay mucha gente que no podría salir a la calle, y entonces por esta gente pienso seguir aquí, porque no es posible que sigamos en esta situación en Nicaragua.

Con sus compañeros de lucha en León. A la izquierda de la foto, Nahiroby Olivas. LAPRENSA/O.Navarrete

Plano personal

Su nombre completo es Amaya Eva Coppens Zamora. Este año cumplirá 25 años de edad.

De madre nicaragüense y padre belga, Amaya nació en Bruselas, Bélgica.

Era estudiante de quinto año de Medicina de la UNAN-León. Después de las protestas de abril fue expulsada.

Tiene dos hermanos. Uno de 15 años de edad y otros de 27 años, que actualmente se encuentran exiliados.

Su comida favorita es la pizza.

Le gusta mucho leer. En la cárcel leyó muchos libros. El último título fue Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa, uno de sus escritores favoritos. De Nicaragua, su escritor favorito es Sergio Ramírez.

Aprendió a hacer pulseras, chapas y cintillos durante su estadía en la cárcel.

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