El adelanto de las elecciones

Adelantar las elecciones —siempre y cuando sean libres, inclusivas, limpias y supervigiladas internacionalmente— conviene a Nicaragua y a todos los nicaragüenses, inclusive a Daniel Ortega aunque él no lo pueda o no lo quiera creer

Una mala consejera, Nicaragua

Una vez que todos los presos políticos sean liberados, que es la condición de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia para regresar a la mesa de negociaciones con el régimen, se debería proceder de inmediato a discutir y acordar las reformas electorales democráticas y el adelanto de las elecciones.

Adelantar las elecciones —siempre y cuando sean libres, inclusivas, limpias y supervigiladas internacionalmente— conviene a Nicaragua y a todos los nicaragüenses, inclusive a Daniel Ortega aunque él no lo pueda o no lo quiera creer. Por supuesto, que ese acuerdo tendría que ir acompañado con el restablecimiento de las garantías y los derechos políticos de los ciudadanos, porque sin libertad de expresión, de organización y de manifestación pacífica no puede haber elecciones libres.

Se puede comprender fácilmente que apenas se anunciara un acuerdo para hacer reformas electorales democráticas y adelantar las elecciones, y que los derechos y las garantías de los ciudadanos sean respetados, habría una gran sensación de alivio en la sociedad y la economía se comenzaría a reactivar. Lo cual sería de beneficio no solo para los empresarios y los trabajadores, sino también para el Gobierno, que comenzaría a recuperar los ingresos tributarios que ha perdido por causa de la crisis.

También políticamente le conviene a Ortega adelantar las elecciones. En la sociedad hay una enorme inconformidad política y la gente quiere manifestarse públicamente con toda libertad. Solo la desmesurada fuerza represiva se lo impide. Los presos políticos, líderes de la protesta social, no fueron doblegados por la prisión y el inhumano régimen carcelario y al salir de la cárcel con más ánimo de lucha, han fortalecido el espíritu de toda la gente que quiere y necesita manifestarse en la calle.

En esta situación, lo mejor para el país y para el mismo régimen, sería que la gran energía e inconformidad de los ciudadanos se canalizara en actividades electorales, alentadas por la posibilidad real de cambiar de gobierno mediante el voto. Pero si en vez de eso continúa la brutal represión, la gente se sentirá obligada a respaldar a quienes plantean que la única salida es el derrocamiento de la dictadura.

Por lo que se publica y comenta en las redes sociales y medios de comunicación tradicionales, se sabe que en la oposición hay muchas personas que tienen el criterio de que el cambio de gobierno por las buenas es imposible, que el aterrizaje de este régimen no debe ser suave, sino violento y catastrófico como fue el final del régimen somocista en julio de 1979.

Pero la transición catastrófica no le conviene a Nicaragua ni a la mayoría de los nicaragüenses. Las transiciones a la democracia pacíficas y ordenadas son siempre menos costosas que las bruscas y violentas. Y mientras haya posibilidad de que el cambio democrático se pueda lograr por la vía pacífica y cívica, cuya máxima expresión es la contienda electoral, vale la pena hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para conseguirla.

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