Eucaristía y comunión

Al comulgar en cada Eucaristía, manifestamos y fortalecemos la intención de ser como Jesús: pan que se deja comer, pan que se da y nos invita también a darnos como Él

La fiesta del Corpus Christi es la fiesta de la Eucaristía. San Lucas y San Pablo nos recuerdan un detalle muy importante al hablarnos sobre “la Cena del Señor”. Nos dicen que, al terminar Jesús de repartir el pan como su Cuerpo y el vino como su Sangre y darlos de comer y beber a sus discípulos, les dijo a todos cuantos estaban presentes en la Cena: “Hagan esto en memoria mía” (Lc. 22, 19; 1 Cor. 11, 24-25).

Los discípulos que convivieron con Jesús, entendieron muy bien su deseo y, por ello, desde el primer momento, en todas sus reuniones celebraban la Cena del Señor, “La Fracción del Pan” (Hch. 2, 42). Por tanto, cuando Jesús nos dijo: “Hagan esto en memoria mía”, nos estaba diciendo que hiciéramos lo que Él hizo como Él lo había hecho en esa Última Cena. Por ello, cuando nos reunimos a celebrar la Eucaristía —la Cena del Señor— no nos reunimos solamente a recordar un acontecimiento del pasado, sino que nos reunimos a celebrar lo que quiere Jesús que vivamos, hoy y mañana, lo que en esa Última Cena se vivió y con el espíritu que la celebró Jesús.

Jesús, en la Última Cena con sus discípulos, no solo les dio a comer el Pan de Vida (Jn. 6, 48), su propio cuerpo (Mc. 14, 22) y les dio a beber el vino que era su propia sangre (Mc. 14, 23; Jn. 6, 53-54) sino que Jesús quiso que esa Última Cena se realizara en un ambiente de verdadera comunión: “Padre… que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros” (Jn. 17, 21). Comunión en la fe que se demuestra en las obras: “Si creen en Dios, crea también en mí” (Jn. 14, 1). “El que crea en mí, hará también las obras que yo hago” (Jn. 14, 12).

Comunión en el amor mutuo: “Este es el mandamiento mío: que se amen los unos a los otros como yo les he amado” (Jn. 15, 12). Comunión en el amor que se hace servicio y entrega en favor de todos los hermanos. Por eso, Jesús se puso a lavarles los pies a sus discípulos y les dijo: “Si yo, el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros” (Jn. 13, 14). San Pablo era muy consciente de lo que quería decir Jesús cuando, al terminar la Última Cena con sus discípulos, les dijo: “Hagan esto en memoria mía” (Lc. 22, 19; 1. Cor. 11, 24-25). Los primeros cristianos fueron conscientes de que no podía celebrarse la Cena del Señor sin ese espíritu de comunión: “Se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones… Tenían todo en común, vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno” (Hch. 2, 42. 44).

Al comulgar en cada Eucaristía, manifestamos y fortalecemos la intención de ser como Jesús: pan que se deja comer, pan que se da y nos invita también a darnos como Él. Esta es la mejor manera de celebrar la Cena del Señor, como lo quería Jesús. Si no hay comunión en la Eucaristía, no compartimos y no repartimos el pan como Jesús.

El autor es sacerdote católico.

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