Irela Iglesias, la mujer que ayudó a los manifestantes que perdieron un ojo durante las protestas

Irela Carolina Iglesias Alemán benefició, con su programa de ayuda humanitaria, a 15 ciudadanos con prótesis para los ojos

“Ningún provecho saqué de esto, lo hice como madre, como ser humano, porque esto no es por político o interés, sino por humanismo”, explica Irela Carolina Iglesias Alemán. LA PRENSA/JADER FLORES

Mientras las fuerzas oscuras del orteguismo disparaban balas de goma o plomo a los estudiantes y transeúntes durante los meses de las protestas del 2018, Irela Carolina Iglesias Alemán se convertía en un “ángel de luz y de vida” al tenderles su mano caritativa, llorar con ellos y compartir momentos felices en las nuevas etapas de sus vidas.

Administradora de empresas, madre de dos hijos y dueña de un salón de belleza, llegaron hasta llamarle “doctora”.

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Su rostro solaz, sonriente y muchas veces preocupado se le vio en los pasillos de los hospitales, clínicas y del mismo Centro Nacional Oftalmológico (Cenao), adonde llegó la primera vez al enterarse que Roberto José Rizo Valdivia, estudiante de la Universidad Nacional Agraria (UNA), había perdido uno de sus ojos.

El jueves 19 de abril de 2018, la imagen de Rizo Valdivia se había viralizado en las redes sociales e impactado al mundo. Una bala de goma impactó en su ojo, ese día desesperado y sangrante buscó ayuda, pero estaban cercados por antimotines, que le impidieron buscar asistencia médica.

Iglesias Alemán se dirigió al Cenao y se contactó con los familiares, para ayudarlos con el fin de comprarle una prótesis.

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Al día siguiente logró conocer a Rizo Valdivia, y además descubrir a ocho jóvenes más que habían perdido uno de sus ojos.

Para esos días el estallido de las protestas sociales iba subiendo de tensión, estudiantes y manifestantes autoconvocados levantaron sus voces contra las injustas reformas al Seguro Social que impactaban principalmente a las personas de la tercera edad.

Iglesias Alemán recuerda que no todos los afectados que perdieron su visión estuvieron en las protestas o en los tranques, simplemente iban a sus trabajos o clases cuando se dieron los tiroteos.

Para el 25 de abril creó el Programa de Prótesis Ocular para Estudiantes y abrió una página en Facebook. “En menos de 24 horas se logró recaudar para la compra de las primeras nueve prótesis”, recuerda Iglesias Alemán.

Lágrimas de felicidad inundaron su corazón cuando el especialista que hace las prótesis contribuyó con un cincuenta por ciento de descuento, al dejárselas en quinientos dólares.

Luego apareció la víctima número diez, el joven Claudio Pérez Lovo, luego otros cinco más en los meses siguientes. En total quince jóvenes, más Yaser, quien recibió un balazo en la cabeza, lesión que le hizo perder la visión en sus dos ojos.

Yelsin Pérez Zamora con su prótesis en el ojo izquierdo. Cuando salía de su trabajo en la Colonia Miguel Gutiérrez una bala de goma disparada desde una patrulla policial le impactó. Es uno de los 15 beneficiados. LA PRENSA /OSCAR NAVARRETE

Iglesias Alemán le consiguió una muleta y medicamentos para las convulsiones. No lo ha vuelto a ver.

Heridos la buscan

Su labor humanitaria logró ser conocida y comenzó a ser solicitada por otras personas con familiares de personas heridas que le pidieron ayuda para cubrir gastos de hospitalización y medicamentos o platinas, porque muchos “fueron heridos en brazos, piernas y abdomen”, recuerda esta samaritana.

Además de Roberto Rizo Valdivia perdieron sus ojos jóvenes de Managua, Masaya y Matagalpa: Carlos Edwin Sevilla Loáisiga, Yelsin José Pérez Zamora, Claudio Pérez Lovo, Giovani Guido, Agner Dávila, Pedro, Kevin, Wendell, Jhazell, Norvin, Jairo, Melvin, entre otros.

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Entre los lesionados en sus ojos figuran, Bryan Bonilla, Roberto, Daniel, Efraín, entre otros. Por su parte, Francisco fue atendido por una enfermedad y le fue realizado un trasplante de córnea, recuerda Iglesias Alemán. “Unos médicos de Estados Unidos le donaron la córnea y una señora pagó los gastos del quirófano y honorarios médicos”, explica.

Organismos, como la Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH), reconocieron el año pasado que desde el 19 de abril hasta el 25 de julio fueron heridas 2,720 personas.

Programa continúa con su ayuda emergente

El joven Claudio Pérez Lovo fue el primero de los jóvenes en recibir la prótesis, el 16 de mayo. El último que la recibió fue Melvin, el 17 de octubre del año pasado. Este programa de ayuda emergente sigue brindando su ayuda humanitaria para algunos heridos del 2018.
Un joven que fue excarcelado recientemente está pendiente de recibir una prótesis por segunda vez. Durante su cautiverio no recibió el tratamiento médico necesario.

A pesar de que muchos viven las secuelas de sus heridas y se niegan a recibir tratamiento sicológico, estos implantes orbitarios han venido a levantar su autoestima y mejorar su imagen estética, dice Iglesias Alemán.

Al recontar su labor humanitaria dice que su programa ha beneficiado a unas setenta personas, desde abril del año pasado a la fecha, 36 de ellas perdieron uno de sus ojos y el resto heridos de brazos, piernas y abdomen.

Y así que lo que inicialmente se llamó Programa de prótesis ocular para estudiantes, ahora lo ha actualizado a Programa de prótesis ocular y ayuda a otros heridos.

Reconoció que ha contado con la solidaridad de amistades, dentro y fuera del país, de Diego (el ocularista), el doctor Juan Carlos Rivers, Funides, de hospitales y clínicas privadas.

“Ningún provecho saqué de esto, lo hice como madre, como ser humano, porque esto no es por político o interés, sino por humanismo”, explica Iglesias Alemán su motivación de asistencia social.

Y confiesa que por su labor humanitaria no busca reconocimientos, porque lo que ha hecho “lo haría cualquier madre de familia que ama a sus hijos”.

Creará fundación

Iglesias Alemán desde hace cinco años ha dedicado parte de su tiempo a visitar dos asilos de ancianos y a los niños con cáncer.
Siempre ha tenido el sueño de crear una fundación, idea que espera realizar cuando el país logre estabilizarse y supere la crisis.

Reveló que la han llamado de Conanca, porque varios niños con cáncer han perdido sus ojos. Ellos se han encargado de comprar algunas prótesis porque son caras. Pero si existiera su fundación podría buscar ayuda también para los niños, le sugirieron. “Donde me digan, voy”, dice con entusiasmo y entrega esta ángel de los necesitados.

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