Incremento de la violencia en Nicaragua es palpable

Al priorizar la Policía Orteguista las labores de represión y secuestros políticos y descuidar las labores de prevención y seguridad ciudadana, Nicaragua sufre un incremento de la violencia delictiva, coinciden expertos en seguridad consultados por LA PRENSA

Agentes policiales durante la reconstrucción de los hechos en el lugar donde fue asesinada Karla Vanessa Núñez Gutiérrez. LA PRENSA/ Yaosca Reyes Centeno

Al priorizar la Policía Orteguista (PO) las labores de represión y secuestros políticos y descuidar las labores de prevención y seguridad ciudadana, Nicaragua está sufriendo un incremento de la violencia delictiva, coinciden expertos en seguridad consultados por LA PRENSA.

El último caso de robo y asesinato fue el de Karla Núñez Gutiérrez, quien el miércoles 19 de junio recibió un disparo en la cabeza al ser interceptada por dos hombres a bordo de una motocicleta; no obstante, Roberto Cajina recuerda que el Anuario Estadístico 2018 de la PO devela que el año pasado se dispararon las muertes violentas a 682 casos, la cantidad más alta en los últimos once años.

“A mi juicio, hay una especie de combinación entre la tendencia natural de la delincuencia común que existe en cualquier país, con un nuevo grupo de delincuentes que yo llamo los nuevos delincuentes comunes, que son los parapoliciales que hoy están en el desempleo”, expone Cajina, a quien le parece “curiosa” la precisión del disparo que recibió Núñez Gutiérrez y, por tanto, asegura que eso lo logra alguien que tiene un mínimo de entrenamiento.

Esto lo comparte Elvira Cuadra, quien asegura que por un lado la PO ha abandonado su misión y funciones principales, “pero también es una consecuencia de permisividad e impunidad de la que gozan los grupos paraestatales, que actúan sin restricciones y son alentados por el mismo gobierno y la Policía”. Ante esta situación, que es un riesgo para los ciudadanos en general, según Cuadra, queda demandar con contundencia en la mesa de negociación el cumplimiento del acuerdo para el desarme de esos grupos, cuyo origen es político y quien dio las armas fue el régimen orteguista.

PO contra azul y blanco

Este aumento de la violencia delictiva ocurre pese a visible presencia de patrullas policiales en las calles de la ciudad de Managua, que están con la intención de evitar manifestaciones contra la dictadura de Daniel Ortega. No permiten ni siquiera que se agite la bandera de Nicaragua, por estar asociada la acción a los autoconvocados.

“Hay un proceso acelerado de descomposición político-social y creo que la tendencia va a ser el crecimiento de la actividad delictiva, lo que pone en riesgo la seguridad de toda la población en Nicaragua”, señala Cajina.

Por su parte, Cuadra aclara que estas son nuevas formas de crimen organizado porque son grupos estructurados, con jefes y son altamente violentos.

Seguridad se ha perdido en crisis

De acuerdo con el Anuario Estadístico 2018 de la Policía Orteguista, en ese año las muertes violentas llegaron a 682, de las cuales 382 fueron asesinatos y el restante 379 homicidios. En comparación con el 2017, el incremento fue del 58.2 por ciento.

En ese mismo documento oficial aparece que en 2017 sucedieron 80,042 denuncias y el año pasado se redujo en un 11.9 por ciento, quedando en 70,521 denuncias.

Esto ha sido valorado como una muestra de la falta de credibilidad y confianza en la institución encargada del orden público, al ser un instrumento represivo por excelencia del régimen orteguista desde el 18 de abril de 2018, fecha en que estalló la crisis sociopolítica del país y que, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha dejado al menos 325 personas asesinadas.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: