La sagrada selva o la pintura del nicaragüense Alejandro Bolaños Davis

Con suficiente audacia y habilidad, Bolaños-Davis profundiza en el dominio del óleo semiabstracto y a su vez realista y busca  el paisaje, que es su tema predilecto

Alejandro Bolaños Davis proyectó por varios años la imagen de todo un académico-empresario exitoso, y hasta político; pero desde niño tenía una vocación oculta, que el ejercicio profesional encubría.

Cuando su humanismo alcanzó la libertad, la contemplación lo condujo a la proximidad de la mística y  aquí irrumpió el artista, el arte.

Bolaños Davis es un conciliador en el sistema universal que habita entre el hombre y la naturaleza.

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La pasión por la pintura, irrumpió en él, como fuente de inspiración, ética, estética el arte y el artista: Bolaños-Davis como Rubén Darío bien podría hacer suyo estos versos:

“Mi intelecto libre de pensar bajo,
Bañó el agua castalia el alma mia,
Peregrinó mi corazón y trajo
 De la sagrada selva la armonía.
 
¡Oh la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
Emanación del corazón divino
De la sagrada selva! ¡Oh la fecunda
Fuente cuya virtud vence al destino!
 
Bosque ideal que lo real complica,
Allí el cuerpo arde y vive, y psiquis vuela;

En el momento en que Bolaños-Davis se asume plenamente pintor fue en 1967 que pintó su primer óleo.

La plástica mundial estaba dando un giro más radical en las capitales del mundo, son los años del arte conceptual, publicitario, de las instalaciones, de los murales efímeros etc, y del desplazamiento dela pintura al óleo por otros materiales.

Sin embargo con suficiente audacia y habilidad, Bolaños-Davis profundiza en el dominio de un óleo semiabstracto y a su vez realista y busca  el paisaje,  que es su tema predilecto, y en esa temática,localiza el árbol, sin obviar,el agua que para los antropólogos mesoamericanos es una divinidad indígena.

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Las riveras de los ríos, los bosques con esquinas de cielo, las perspectivas que lo dotan de profundidades  oscuras y solares: cascaditas de agua, bosques amarillos, ríos misteriosos que en verdad  provocan el misterio.

Véase “Serenidad” 32×67 pulgadas, con un suelo de agua que transmite en verdad la serenidad, un cuadro contemplativo para ser contemplado, pintura del silencio.

Otro cuadro es “Después de la lluvia”, que crea la ilusión óptica del cuerpo de una mujer y a su vez es una ondulación de volúmenes.

Los cuadros de Bolaños-Davis son de grandes formatos, dípticos, trípticos y formatos medianos, series y hasta pequeños. Las dimensiones requieren ser grandes porque el paisaje debe de presentarse en su totalidad; y en el trazo de sus líneas.

Uno de sus mejores cuadros “Pareja en Bosque” 76×100 pulgadas, esta pleno de árboles, en cuyas ramas y troncos cuelgan y se enrollan lianas y bejucos, curiosamente este cuadro ofrece una pareja en miniatura frente a la inmensidad del bosque y los cafés, negros, ocres, amarillos y verdes crean la atmósfera vegetal.

En cuanto a los árboles, véanse  dos de sus ceibas: una “la Ceiba Mágica” 48×67 pulg. Sobre una isla y cuyas ramas se extienden sobre un cielo azul celeste.

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Esta Ceiba, era el árbol sagrado de los Mayas, que se encontraba en el centro del mundo y por cuyas raíces y ramas se elevaban los diferentes estratos celestes;y la otra, Ceiba de 36×26 pulgadas., de un tronco ancho y semi inclinada sin connotaciones indígena-religiosa, sino mas bien fálica.

El paisaje que el artista tiene ante sus ojos, no es el mismo paisaje, si no el paisaje que crea y recrea. No es el paisaje realista, sino una versión vivencial, el artista entra, se apropia dela vida del paisaje y lo relata con la espátula y el pincel. Y he aquí uno de los rasgos del paisaje moderno.

Admírese la serie del “Bambús”, un díptico de 55×30.5 pulgadas, que usa 11 verdes. Un bambú en primer plano con fondo de bambúes hondos y delgados en otro tratamiento de verde, 67×35 pulgadas, y un conjunto de bambúes con toques verdes y amarillos.

Así mismo, hay tres cuadros verticales con franjas de colores afines que, como semi-abstractos producen la sensación de la corteza de los árboles: Abstracto de Árbol 1, 2 y 3.

También hay tres cuadros de fractales de mediano formato y uno grande titulado “Hojas Rotas”  (dedicado a su sobrino Eduardo- qepd.) que representan los patrones que conforman las hojas otoñales redondas y ovaladas y que al caer al suelo conforman abstractos en apariencia.

Su lienzo “Ojo de la Montaña”, pareciera de una gran sencillez, porque se trata de una circunferencia en oscuros, pero circundada de texturas verdes, amarillas, toques rojos y negros, con fondo de cielo gris.

Es el ojo del cuadro que está contemplando a su espectador.  El ojo de “pachamama” que nos observa.

Otra tela es el “Guindo” 57×67 pulgadas, que a través de 5 planos y la gama de 11 verdes: El cielo, la montaña, el propio guindo, la arboleda y la yerba que son pinceladas en movimiento; a pesar de ser un cuadro estático de árboles con troncos blancos, que dan la sensación de la inmensidad, que la denota un hombre en miniatura vestido de blanco, que quisiera abrazar y fundirse con la naturaleza sagrada.

Hay cuadros medianos y pequeños que reproducen siempre la selva: uno de ellos está partido en diagonal por un bejuco café áureo, que resulta sorprendente; hay otros tres en blanco y negro que podrían llamarse “Claros de Luna”.

Un pintor de la naturaleza

Bolaños-Davis con un sustrato impresionista y la mezcla de todos los ismos, se ha transformado en un pintor de la naturaleza, con la preponderancia del verde con toda la gama de lo verde en distintos formatos: el “verde que te quiero verde” de García-Lorca y hasta con el “verde arrodillado como diciendo amén” del Padre Azarías H. Pallais.

Distintos toques y matices de diversos colores: amarillos, azules, negros, morados, que logran la pureza y serenidad del agua que reflejan en la vera de los ríos los troncos de los árboles.

Es revelador que en este momento de la recuperación del medio ambiente, del cambio climático, la pintura de Bolaños-Davis vuelva por los árboles, por el ambiente, por el aire puro, por las estaciones, que en Nicaragua sólo son invierno y verano.

Bolaños-Davis, otro artista nicaragüense

He aquí otra revelación con Bolaños-Davis, otro artista nicaragüense. Un pintor: Alejandro Bolaños Davis, nicaragüense,cuya dinámica existencial lo torna más complejo.

Hijo de Alejandro Bolaños Geyer y de Patricia Davis O´Reagan, nació el 5 de Octubre de 1948 en San Louis Missouri Estados Unidos y meses más tarde ya estaba con sus padres en Nicaragua donde fue inscrito.   Bolaños-Davis creció y vive en Nicaragua.

En 1971 obtiene su licenciatura en Artes y Ciencias con énfasis en Historia y Estudios Hispanoamericanos en Saint Louis University en Missouri, Estados Unidos.

Aunque siempre le gustó el dibujo y la pintura, Bolaños–Davis se entregó de lleno a las artes plásticas en 2015.

Al inicio pintó a todos sus dos hijos y nueras, su hija, yerno, 5 nietas y 2 nietos, frutas, caballos, olas y playas en cuadros más pequeños, pero luego en 2017 se entregó más de lleno a cuadros mas grandes y a crear una colección de selvas nicaragüenses con quien se siente muy conectado.

Ya es sabido que el paisaje es uno de los temas más populares entre los aficionados al dibujo y a la pintura. De todos es sabido que abordar el tema de un paisaje es mucho más sencillo que dibujar o pintar la figura humana.

Auguste Rodin afirmaba: “el paisajista va más lejos seguramente. No es en los seres vivos donde ve el reflejo del ánima universal; es en los árboles, en los bosques, en las planicies, en las colinas. Lo que para el resto de los hombres no es más que madera y tierra, para el gran paisajista es el rostro de un ser inmenso”.

Corot, por su parte,veía la bondad esparcida por encima de las cimas de los árboles, sobre la hierba de los prados o sobre el espejo del agua de los lagos. El consejo de este gran maestro del dibujo y la pintura nos invita indudablemente a meditar sobre lo que debemos ver en un paisaje.

Hay que advertir que la abundancia de detalles que tiene el paisaje, solo los paisajistas primitivistas, son los que parecieran que con su ingenuidad y gracia pudieran abundar en detalles, pero el paisaje natural no puede limitar al pintor en su creación.

Bolaños-Davis ha cultivado el paisaje con la ambigüedad ya anotada del semi-abstraccionismo, del impresionismo y del realismo, y ha sabido tener el paisaje de frente en una mutua humanidad y para tratarlo con una moderna ejecución.

En Bolaños-Davis el paisaje observa al observador. Nicaragua cuenta ya con su paisaje que interactúa con los espectadores que la admiran.

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