Nicaragua en la agenda de Medellín

El tema de Nicaragua ha sido incluido como último punto, el número 29 en el proyecto del temario o agenda que debe ser ratificada por la Asamblea, hoy en su primera sesión plenaria.

Una mala consejera, Nicaragua

Desde hoy miércoles 26 y hasta el viernes 28 de junio, se reúne en Medellín, Colombia, la 49 Asamblea General Ordinaria de la OEA, un evento diplomático y político internacional muy importante para Nicaragua en el contexto de la crisis sociopolítica nacional para la cual hasta ahora no parece haber una pronta solución.

El tema de Nicaragua ha sido incluido como último punto, el número 29 en el proyecto del temario o agenda que debe ser ratificada por la Asamblea, hoy en su primera sesión plenaria.

Pero no por ser último el punto sobre la crisis nicaragüense es menos importante, sobre todo para los países o sus gobiernos que generosamente se han involucrado en la búsqueda de una solución democrática a la crisis de Nicaragua, causada por la sangrienta represión de la dictadura para aplastar la rebelión cívica que estalló en abril del año pasado.

Algunos analistas con imaginación negativa consideran y aseguran que significa un revés para la causa democrática del pueblo de Nicaragua, que en esta asamblea de la OEA no se aplique a la dictadura la Carta Democrática Interamericana y que apenas se vaya a aprobar una resolución y a formar una comisión especial con un plazo de 90 días para proponer medidas de solución a la crisis.

Estiman que eso es darle más tiempo a Ortega. Pero la verdad es que la aplicación de la Carta Democrática Interamericana, que significaría suspender de la OEA a la dictadura de Ortega, solo se puede decidir en Asamblea General Extraordinaria, según establecen los artículos 20 y 21 de la misma Carta. Incluso para suspender a un país donde se ha producido un golpe de Estado y derrocado al gobierno legítimamente constituido, se tiene que convocar a una asamblea extraordinaria tal como lo dispone expresamente el artículo 9, inciso b) de la Carta (fundacional) de la OEA.

En realidad, la inclusión del tema de la crisis de Nicaragua en la Asamblea General Ordinaria de la OEA en Medellín, y la probable aprobación de la Resolución, es un triunfo de la causa democrática del pueblo nicaragüense y una derrota de la dictadura.

La diplomacia de Ortega ha hecho intensos esfuerzos para impedir que la crisis nicaragüense sea incluida en la agenda de Medellín. Pero lo único que ha logrado —y esto porque es una formalidad obligatoria de procedimiento—, es que al pie del proyecto de agenda se consignara la oposición de la dictadura a la inclusión del tema, invocando su desacreditado argumento de que “es un acto injerencista en los asuntos internos de Nicaragua”.

La aprobación de la Resolución sobre Nicaragua en la 49 Asamblea General Ordinaria de la OEA, es como un requisito previo indispensable para que al cabo de tres meses el Consejo Permanente convoque a una Asamblea General Extraordinaria, en la que se decidiría la aplicación de la Carta Democrática Interamericana a la dictadura orteguista.

Esto a menos que Ortega cumpla las recomendaciones sustantivas de la Resolución que esperamos sea aprobada en Medellín.

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