La Resolución de Medellín

Esta no ha sido la primera vez que la Asamblea General de la OEA se pronuncia sobre la crisis de este país, aparte de las distintas ocasiones que el tema ha sido discutido en el Consejo Permanente y merecido declaraciones de la Secretaría General.

Una mala consejera, Nicaragua

Como se esperaba, la 49 Asamblea General de la OEA que se reunió en Medellín, Colombia, del miércoles al viernes de esta semana, aprobó una nueva Resolución sobre Nicaragua.

Esta no ha sido la primera vez que la Asamblea General de la OEA se pronuncia sobre la crisis de este país, aparte de las distintas ocasiones que el tema ha sido discutido en el Consejo Permanente y merecido declaraciones de la Secretaría General.

Ciertamente, también la 48 Asamblea General de la OEA que se reunió en la ciudad de Washington el 4 y 5 de junio de 2018, aprobó una declaración sobre Nicaragua. Sin embargo, esta resultó mediatizada porque la representación de la dictadura de Daniel Ortega logró astutamente que fuera copatrocinada por Estados Unidos y Nicaragua.

dictadura orteguista pudo en aquella ocasión mediatizar la declaración de la OEA, porque en el Diálogo Nacional que mediaban los obispos había aceptado la visita a Nicaragua de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que estuvo en el país del 17 al 21 de mayo de 2018, así como la formación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales (GIEI) y del Mecanismo de Seguimiento en Nicaragua (Meseni).

La comunidad interamericana apreció esa aceptación del régimen de Ortega, como una buena disposición hacia negociaciones con la oposición que abordaran “los desafíos fundamentales del país, incluido el fortalecimiento de las instituciones democráticas y la celebración de elecciones libres, justas y oportunas, celebradas en un ambiente libre de miedo a la intimidación, las amenazas o la violencia”, como se dijo en la Declaración de la Asamblea General de la OEA del año pasado.

Pero la verdad es que el régimen de Ortega no tenía voluntad política para negociar una solución democrática de la crisis, como lo demostró trancando el diálogo nacional y expulsando de Nicaragua al GIEI y el Meseni. Por eso, y desde entonces, el Consejo Permanente y la Secretaría General de la OEA han endurecido su posición hacia la dictadura de Daniel Ortega.
Aunque con una lentitud que es propia de la diplomacia política de los organismos internacionales, pero exasperante para quienes sufren la represión y todas las penurias causadas por la dictadura, la OEA ha podido avanzar hasta la categórica Resolución aprobada ayer por la 49 Asamblea General.

La Resolución de Medellín ratifica que Daniel Ortega ha roto el orden democrático de Nicaragua y le ha puesto un plazo de tantos días para que cese definitivamente la represión y reanude las negociaciones con la Alianza Cívica. Pero sobre todo le exige que dé muestras fehacientes de voluntad y apertura hacia la concertación de la salida democrática de la crisis, mediante la celebración de elecciones auténticas de acuerdo con los parámetros establecidos en la Carta Democrática Interamericana. De lo contrario, el régimen de Ortega será suspendido de la OEA.