Sangre y dinero: el costo de una dictadura

Ortega tuvo que decidir: o irse a la carrera o quedarse al costo que sea, llegando incluso a matar para eso. Ahora va por la economía. Sangre y dinero, exige

Daniel Ortega, reformas

Sangre

Hicieron una reforma tributaria para sobrevivir “otras 24 horas”. ¡Cómo se les ocurre subir los impuestos cuando la economía va en picada!, les advirtieron. Es como que a un enfermo le saquen la sangre que necesita alguien más. Podrás resolver la necesidad de sangre para este día pero vas a matar al enfermo, les insistieron. Pero a ellos no les importa la economía de mañana. Les interesa sobrevivir hoy. Lo que pase mañana con ese muerto puede ser problema de otro gobierno. Y sucedió tal como se los cantaron. El enfermo quedó moribundo. Ya se les acabó la sangre que le sacaron. ¿Y saben qué? Van a sacarle más para cubrir los gastos de sangre del día. Y si se muere, pues se muere.

Prepa

Si uno lee entre líneas las acciones del régimen, notará que hasta ahora se dieron cuenta que en cualquier momento se van. Antes no se les ocurría eso. Ya no piensan en mañana. Están pensando en la Nicaragua sin ellos en el poder. Por eso los vemos traspasando propiedades a los gobiernos que le deben favores, dotando de recursos, casas, negocios y estructura a los paramilitares, que serían ahora lo que fueron los “Parrales Vallejos” después que doña Violeta derrotó al Frente Sandinista. Lo única preocupación por ahora es sobrevivir un día a la vez, ganar tiempo, para, uno ver si se quedan “por aburrimiento”, o dos, dejar las cosas listas para “gobernar desde abajo”.

IVA

Ahora se está hablando de aumentar el impuesto al valor agregado (IVA) del 15 al 20 por ciento. ¡Una barbaridad! Nicaragua, junto a Honduras, tiene ahora mismo el IVA más alto de Centroamérica. En los términos médicos en que venimos hablando, sería como sacarle, además de la sangre, una parte del pulmón y un riñón al enfermo.

Estratagema

Tan descabellada suena una medida así, que solo se me ocurre que es una de sus clásicas estratagemas para pegar el garrotazo: hacer correr el rumor de un incremento al 20 por ciento para después dejarse ir con el 18 o el 17 por ciento, y así puedan salir sus simpatizantes a las rotondas a celebrar el buen gobierno del “comandante Daniel y la compañera Rosario” que bajaron el incremento al IVA que las políticas neoliberales iban a imponer al pueblo de Nicaragua.

Con todo

Tampoco es que crea que ya tienen las maletas hechas y el avión encendido. Pensar así sería iluso. Lo que pasó en abril del 2018, es que se dieron cuenta que pueden irse de un día para otro. Que el calendario en el que le toca la presidencia en el 2060 al nieto que no ha nacido, es un sueño de opio. Que ya perdieron Nicaragua, y si aún están donde están, es porque se han agarrado con uñas y dientes, dispuesto a todo para aguantar lo más que puedan. Y ese todo bien puede ser matar a 300 personas o más o cargarse la economía de seis millones de ciudadanos.

Masacre

Daniel Ortega quemó sus naves con la masacre que ordenó. Pero seamos realistas, sin esa matanza ya no estaría en el poder. Era cosa de días para que los tranques y las marchas llegaran hasta El Carmen. En un momento tuvo que decidir: o irse a la carrera, sin alistar su salida porque no se le había ocurrido que podía irse, o quedarse al costo que sea, llegando incluso a matar masivamente para eso. Escogió lo último. Mató y ahí está todavía.

Piñata

El asunto es que si queremos salir algún día del subdesarrollo no podemos vivir así. No es solo Ortega, son estos tipos de gobierno. Esa es la gran lección de esta historia. No pueden seguir llegando al poder personas que se sienten dueños del país, y que tienen la intención de quedarse en el gobierno para siempre. Y que si son obligados a irse, van a incendiar el país antes de hacerlo. Bien matando en masa o bien destruyendo su economía, piñata incluida.

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