Julio López Campos: «En Nicaragua hay un fascismo criollo»

Julio López Campos, antiguo compañero político de Daniel Ortega, considera cómo puede ser el desenlace de la crisis en Nicaragua y califica como "fascismo criollo" al régimen en Nicaragua

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Julio López Campos nunca imaginó que el muchacho que conoció hace más de 50 años como líder estudiantil sería el responsable de una masacre en Nicaragua. En esta entrevista es la primera vez que le llamará con su nombre completo: Daniel Ortega, porque desde siempre ha sido simplemente “Daniel”, aquel estudiante, líder incansable que recorría barrio a barrio, y que tenía tanta confianza con él que no necesitaba intermediarios para hablar y que muchas veces lo recibía en su casa después de su discurso los 19 de julio, día que se celebra el triunfo de la Revolución popular sandinista en el país.

Junto a Daniel Ortega, López Campos fue el encargado de la política internacional del Frente Sandinista. Incluso, durante la división interna del partido a inicios de los años noventa, él encabezó el movimiento que ubicó a Daniel Ortega como secretario del partido. Tuvo muchas diferencias que lo llevaron a romper su relación en el año 2000, a raíz del pacto que el actual presidente de Nicaragua hizo con el expresidente Arnoldo Alemán, caudillo del Partido Liberal Constitucionalista (PLC).

“Pero después que se volvió un criminal, no tienen nombre para mí”, dice López Campos en esta entrevista, donde analiza desde su conocimiento a Ortega sobre los escenarios del futuro político del país.

¿Cómo podemos definir al régimen de Nicaragua?
Nosotros mucho discutíamos en años anteriores si esto era un régimen autoritario o una dictadura. La alianza de Daniel Ortega con el gran capital les dificultaba aceptar a los grandes empresarios que este régimen era una dictadura. Incluso encontraron una fórmula bien simpática para caracterizarlo: “populismo responsable”. Sin embargo, con los acontecimientos de abril se terminó esa discusión. Entonces todo mundo empezó a decir de manera unánime que estamos frente a una dictadura.

¿Usted cree que es una dictadura?
Yo quiero ir un poco más allá. Porque habiendo transcurrido el tiempo y visto las cosas en nuestro país, es indispensable constatar que estamos frente a una versión de fascismo criollo. Estoy totalmente persuadido y puedo demostrarlo.

¿Por qué?
Tenemos todos los trazos del fascismo, salvo un elemento: el respaldo del gran capital, que incluso está por verse. Fuera de este factor, tenés todos los elementos de la teoría política para calificarlo como fascista.

¿Cómo se explica?
Nunca en la historia de Nicaragua dos personas (Rosario Murillo y Daniel Ortega) habían controlado y decidido sobre el conjunto de los aparatos del Estado de Nicaragua. Eso no es régimen autoritario. Aquí se ha desarrollado en los últimos años un fenómeno nuevo: un pequeño grupo se ha apropiado de los derechos de toda la sociedad. Aquí no existe la posibilidad de que los trabajadores se organicen de manera independiente o por sus propias cuentas y que demanden aumentos salariales, no hay huelga, no hay libertad de expresión. Aquí se han confiscado las posibilidades de los medios independientes. Aquí ningún ciudadano puede criticar al régimen porque va preso. Estamos en un régimen de terror permanente. No hay ley, mandato judicial, no hay hora para un cateo, para acosarte.

¿Usted dice que esta transformación se ha desarrollado en los últimos años?
La crisis fue la que quitó el velo y nos permitió ver de manera transparente la naturaleza del régimen. Muchos, por ejemplo, teníamos diferencias de carácter económico y político con Ortega. Pero cuando comenzaron los asesinatos en masa, cuando comenzó la instrumentación del régimen de terror, porque aquí no solo es la Policía, aquí hay un poderosísimo aparato paramilitar que juega en función de trabajos de inteligencia, de creación del pánico de la gente. Estas son fuerzas que contribuyen a las capturas, sirven de testigos en acusaciones políticas. Es decir, aquí hay un aparataje del terror que solo puede ser calificado como fascista.

El año pasado, durante lo más duro de la crisis, usted dijo que Daniel Ortega se sentía cómodo. ¿Finalmente se impuso?
A algunos les pareció muy dura mi afirmación. Pero la verdad es que Ortega demostró que estaba en su charco y los hechos ulteriores confirman lo que dijimos en ese momento. Lo que quiero decir es que hemos conocido el desarrollo, la expansión de este régimen hasta llevarlo al fascismo. Y eso no puedo ser resuelto en una mesa de negociación.

¿Y cómo se resolverá?
Este es un problema que tiene que resolver la nación nicaragüense y solo hay una manera: derrotándolo, derribándolo, o por la insubordinación del pueblo, a como estuvo a punto de hacerlo el año pasado, o por las urnas, pero tiene que ser derribado y destruido.

¿Qué tan efectiva puede ser la resolución de 75 días que fijó la Organización de Estados Americanos (OEA) para que el gobierno negocie?
Estos puntos son importantes. No tanto porque venga de la OEA, sino porque le da fuerza a la posición de la Alianza Cívica. El asunto es que ya había dos acuerdos a los que habían llegado: liberación total de los presos y recuperación de libertades. Y la Alianza se levantó de la mesa hasta que no se cumplieran estos dos acuerdos. Entonces por ahí tendría que comenzar la Alianza su estrategia para negociar.

Julio López Campos, politólogo. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Usted cree que Daniel Ortega ha cedido durante estos meses?
A Ortega no le quedó otra alternativa que dar los pasos que dio. Y la verdad fue una victoria para el pueblo de Nicaragua haber visto salir a estos compañeros y compañeras de las cárceles. Esa es una victoria parcial, porque Daniel tuvo que ceder. Eso nos indica que es posible que se puede obtener de la dictadura cosas por la vía de la fortaleza. Porque hay que ser honestos, los que tuvieron el perfil más alto de resistencia contra este régimen fascista fueron los presos políticos. Ahí en las cárceles se comportaron como unos héroes, como unos grandes patriotas. Esa resistencia todavía no la hemos terminado de valorar, pero fue la resistencia de la cárcel que nos metía en vergüenza a todos los que estábamos afuera si no hacíamos algo para que fuesen puestos en libertad. De manera que esa es una victoria del heroísmo de los presos. Fijate que ninguno de los presos ha sido cooptado por la dictadura, todos salieron con una fuerza patriótica y de desafío y de lucha sorprendente.

¿Puede esta revolución pacífica que surgió en abril derribar a una dictadura?
Creo que en las jornadas de abril estuvimos a unos pasitos. Solo faltaba una consigna, que no voy a decir hoy, para alcanzar ese objetivo.

La gente se la va a preguntar…
Realmente hubo vacilación en aquella circunstancia para avanzar hacia la dirección correcta. Pero está fuera de toda duda que los nicaragüenses conservan la conciencia política de la necesidad de cambiar las cosas. Solo están esperando el momento para desatarlo. Yo puedo enumerarte cantidades de ejemplos en donde la fuerza opositora es mucho más fuerte que la del Frente Sandinista. Lo que pasa es que el régimen de terror no permite la exteriorización de esa conciencia política. Por eso es vital que la Alianza Cívica no se siente a negociar si no se han recuperado las libertades democráticas. Porque ¿qué vas a negociar con las calles vacías? Lo único que vas a hacer es poner el trasero.

¿Cómo valora la actuación de los grandes empresarios?
Ellos nos demostraron hasta la saciedad que la democracia es algo prescindible. Que lo verdaderamente importante es la estabilidad económica, la acumulación de capitales y la ganancia. Ahora ellos saben que Ortega no será el mismo factor de estabilidad. De ahí la incertidumbre. Junto al interés del gran empresariado estuvieron los intereses de los gobiernos norteamericanos. Era funcional para la política de Estados Unidos, y por eso se navegó 11 años en absoluta tranquilidad por la alianza con los empresarios y la anuencia de Washington. Entonces ambos están preocupados por la estabilidad. Ellos podrían negociar bilateralmente con Ortega. Por eso los nicaragüenses debemos estar atentos, porque no podría haber cosa más terrible y más dramática que nos impongan una estabilidad sobre la sangre y el sacrificio de tantos nicaragüenses.

¿Cree que podría haber una nueva negociación de los empresarios con Ortega?
Yo creo que el gran capital está tentado a la estabilidad. Porque ellos solo pueden existir si piensan en sus propios intereses y esa es una amenaza, una vulnerabilidad del proceso en el cual nos encontramos. Por eso en las calles dicen: “solo el pueblo salva al pueblo”. Porque se está consciente de ese riesgo, ya que lo hicieron durante 11 años.

Usted recientemente escribió un artículo sobre la actuación del Ejército en este contexto, pero hace un año usted dijo a La Prensa que le daba “un voto de confianza”. ¿Qué papel debería cumplir esta institución actualmente?
Durante años he dicho que el Ejército es una condición para la paz en Nicaragua. Ahora ya no estoy seguro. Con toda responsabilidad debemos preguntarnos si bajo la administración del general Avilés se enterró el Ejército apartidista que se venía constituyendo desde los años noventa. Yo quería traer la atención sobre esa situación delicada. Lo otro es que cuando se habla del desenlace de la crisis, casi no se habla del Ejército. Creo que hay que ser ingenuo para pensar que aquí puede haber un desenlace de la crisis sin la participación del Ejército, o del lado del pueblo o del lado del régimen. Y es necesario ir construyendo los puentes para que en el momento oportuno, con los recursos y los medios adecuados, el Ejército actúe en función del pueblo.

¿Ese momento no ha llegado?
Creo que no, todavía no. Pero tendrá que llegar…

En lo más fuerte de la crisis, muchos pedían la actuación del Ejército para desarmar a los paramilitares. ¿Por qué tendría que actuar ahora que hay una relativa tranquilidad?
Lo que no tengo la menor duda es que hay otros que están trabajando al Ejército, desde adentro del país y desde afuera. Por eso los sectores populares tienen que pensar seriamente en buscar cómo tender puentes también al Ejército. No hay manera de resolver una crisis de esta magnitud sin el factor militar. No hay manera.

¿Propone un golpe militar?
Yo no sé cuáles serán las circunstancias que se vayan a dar…

Usted trabajó muy de cerca con Daniel Ortega. ¿Cómo era su relación?
Yo era el responsable de la política internacional, y como te podrás imaginar andaba con Daniel en todas las giras. Pero como además que nos habíamos conocido desde chavalos, obviamente nos conocíamos bien. En términos políticos teníamos una relación absolutamente cercana. Era conocido que muchas veces después del discurso de los 19 de julio, Daniel vino varias veces a la casa de nosotros. Pero rompimos cuando hizo el pacto con Alemán.

¿Se imaginó que Daniel Ortega desataría esta represión?
Nunca. Por eso te digo, yo tenía diferencias que llevaron a una ruptura política. Pero eso era una cosa, y otra cosa es lo que ocurrió… Bueno para que se den cuenta esta es la primera entrevista que no hablo de “Daniel” sino de “Daniel Ortega”. Porque para mí es difícil decir su nombre completo. Para mí era “Daniel”, pero desde que se convirtió en un criminal, no tiene nombre. Porque además yo vi la represión. Para mí es inaceptable. No tiene perdón de Dios.

Ortega dice que ocurrió un intento de golpe de Estado contra él. ¿Su reacción no se justifica desde este punto de vista?
No hay, no hay justificación posible. Por el trabajo mío en la revolución fui innumerable veces a Cuba y tuve una relación casi de amistad con Fidel Castro. Te puedo decir que en la Habana una vez se presentó una situación complicada de insubordinación en varios barrios, con justa razón porque ahí las carencias son diabólicas. ¿Sabés que hizo Fidel Castro? Se fue al lugar, se paró tres cuadras antes y les dijo a sus escoltas que se quedaran. Solo se fue con dos de ellos desarmados. Era de noche y se fue a enfrentar a la gente. Ahí pasó horas discutiendo con la gente, pero se la jugó. Lo pudieron haber matado, y al final resolvió. Entonces en algún escrito yo le he dicho: “Daniel, si Fidel te enseñó cómo se enfrentan estas situaciones. No tenés ninguna justificación para mandar a matar”. Los francotiradores fueron utilizados con la idea de que matando a 10 o 11 se iba a parar la cosa. Por eso se utilizaron. Y obviamente la Chayo (Rosario Murillo) tiene que ver en esto. Otra que ni menciono, nunca la menciono.

¿Con Rosario Murillo no tenía relación?
No, porque ella no era ningún factor de poder. Ella era sencillamente la esposa de Daniel. En los viajes sí teníamos que andar juntos en el mismo avión, pero yo nunca me relacioné tanto. Además en aquel tiempo tenía una forma de vestir muy extraña que me resultaba incómodo. Y yo por suerte distinguí las cosas personales de las cosas políticas. Es decir, mi intimidad con Daniel Ortega era política. Tenía acceso a él en cualquier lugar.

En ese momento ella no tenía poder. ¿Cree usted que ahora funcione como un binomio con Ortega?
Así es. La fuerza de ella comenzó con dos factores: el debilitamiento de la dirección del Frente y la acusación de violación de Zoilamérica contra Ortega. Ella se puso abiertamente del lado de Daniel y a partir de ahí fue agarrando poder. Al mismo tiempo Daniel fue debilitando su liderazgo. Para mí era admirable Daniel Ortega porque ese tipo no tenía descanso ni sábado ni domingo. Era un “pata de perro”, andaba en todos lados reuniéndose con la gente. Todos los días, todos los días. Pero ustedes saben que ahora Daniel tiene como 15 años que no va a ningún lado. Entonces, quién hace ese trabajo ahora, a mí me parece que la Chayo fue agarrando por ahí más espacio, más poder.

En su casa de habitación en Managua, Julio López Campos. LAPRENSA/O.Navarrete

Plano personal

Julio López Campos, de 72 años, es originario de Managua. Está casado con la excomandante Mónica Baltodano y es padre de la activista Mónica López Baltodano.

Fue un chavalo de una familia pobre. Su mamá fue “una lavandera con 10 hijos”.

Fue líder del Colegio Miguel Ramírez Goyena en el mismo momento que Daniel Ortega era líder en el Colegio Maestro Gabriel. Desde ese tiempo se conocen.

Estudió Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Suiza.

Durante la insurrección hizo el trabajo de la preparación de las masas en el movimiento Pueblo Unido. Preparó gente cuadra a cuadra en los barrios. De modo que sabía quién era sandinista o somocista; cuántos médicos, puestos médicos, enfermeras y medicamentos había, así como qué objetos podían servir para hacer las barricadas para la
insurrección.

Fue secretario de Propaganda y Educación Política durante el primer año de la revolución. Tomás Borge le decía que era el responsable de la consigna: “Dirección Nacional ordene”.

Recibió la Orden Carlos Fonseca en los años 80.Nunca fue expulsado del Frente Sandinista.

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