Migrantes que van a Estados Unidos vía México sufren más ahora

Ya no existe la solidaridad del año pasado con las caravanas de centroamericanos

Migrantes en un centro de detención provisional en El Paso, Texas, en marzo. LA PRENSA/ BBC MUNDO/GETTY IMAGES

Transitar por México se tornó aún más difícil y menos hospitalario para migrantes como Óscar Vialta y su familia, frustrados por el endurecimiento de las reglas migratorias y una población reacia a cobijarlos en su afán de buscar una vida mejor en Estados Unidos.

Vialta, de 42 años, su esposa y sus dos hijos salieron de Honduras a inicios de abril y al llegar a México no pudieron obtener una visa humanitaria que el gobierno otorga ahora más selectivamente y que llevan días esperando.

“Uno les pide a ellos un permiso porque uno puede trabajar y seguir adelante, pero cuando llegamos empezaron con mentiras”, dice a la AFP, mientras espera recostado con su familia junto a las vías del tren conocido como “la Bestia”, en la localidad de Arriaga, en el sureño estado de Chiapas.

Ese tren es el medio de transporte de muchos migrantes en su camino hacia Estados Unidos, pese a enfrentar peligros como sufrir caídas o toparse con grupos criminales.

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El gobierno del izquierdista Andrés Manuel López Obrador ha admitido que hay un “insólito” aumento en el número de migrantes centroamericanos, a los que se han unido africanos, haitianos y cubanos, y decidió endurecer lo que parecía una política de puertas abiertas.

México determinó ahora restringir el paso de migrantes por los estados del norte, limítrofes con Estados Unidos, alegando la inseguridad en la zona e incrementó los operativos para detenerlos.

El problema escaló cuando una noche de un jueves en abril casi seiscientos migrantes, mayoritariamente cubanos, se amotinaron y fugaron de un albergue en Tapachula, también en Chiapas, forzando las puertas.

Al día siguiente, decenas de aquellos que no escaparon gritaban “queremos irnos” y “tenemos hambre” desde la estación migratoria mientras que ciudadanos haitianos esperaban angustiados a las afueras del edificio por una visa.

Migrantes pasan por Juchitán, en Oaxaca, con dificultades de transporte para ir a la capital mexicana. LA PRENSA/ ARCHIVO

“¡Viene la migra!”

Esperar esa esquiva visa humanitaria no fue el único problema de Vialta. Ahora debe estar atento por las noches a cuando otros compañeros de ruta gritan, “¡viene la migra!”, para poder correr con sus hijos y su esposa.

“Uno se levanta adormilado con los niños porque uno no desea que lo agarren”, dice mientras su señora asiente molesta.

El pasado 22 de abril vivió en carne propia el miedo de tener a “la migra” pisándole los talones cuando cerca de la localidad de Pijijiapan, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) detuvieron a 371 miembros de la caravana en la que él iba con su familia.

“Cuando los vimos, los teníamos casi a los pies de nosotros. Logramos meternos a un potrero”, dice. Ahora su familia busca caminar por el monte y lejos de las carreteras para evitar a los agentes.

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José Vallecillo, de 41 años, vivió el mismo temor. Ese día, con su esposa e hija, se adelantó en el camino esperando encontrarse con la caravana, pero el grupo nunca llegó.

“Nos decían que venía mucha gente y que esa caravana iba a seguir y decidimos esperarla y no pudimos verla, se desintegró”, relata también junto a las vías del tren al que espera subirse con los suyos en cuanto pase.

Vallecillo también aguardó casi un mes, e inútilmente, por la visa humanitaria con la que pretendía llegar a la norteña ciudad de Monterrey.

“Nos decepciona porque la verdad somos seres humanos y migrar no es un delito y uno migra no por hacer grandes cosas sino por tener un poquito de mejor vida”, dice.

Una de las caravanas de migrantes que partió hacia Estados Unidos en el 2018, compuesta por salvadoreños.LA PRENSA/ ARCHIVO

“No tenemos apoyo”

En octubre del año pasado, cuando las primeras caravanas de migrantes recorrían México, se sentía una solidaridad popular que hoy parece haberse esfumado, a tono con la renovada presión gubernamental.

“El gobierno de cada estado nos ponía combis (camionetas), autobuses, las comunidades nos apoyaban con ropa, zapatos, víveres, hasta sobraba alimento”, dice Luis Antonio López, migrante nicaragüense de 42 años, quien participó en las primeras caravanas.

“Ahora ya no se ve eso, no tenemos el apoyo ni del pueblo ni de los policías”, dice mientras aguarda el paso del tren, igual que Vialta y Vallecillo ubicados a pocos metros de él.

La gran mayoría de los migrantes quieren llegar a Estados Unidos pues alegan que la violencia y la pobreza hacen imposible la vida en sus países de origen.

Sin embargo, el presidente estadounidense, Donald Trump, considera que este éxodo pone en riesgo la seguridad de su país y ha exigido a México detenerlos bajo amenaza de cerrar la frontera común, lo que golpearía el millonario comercio bilateral, vital para la economía mexicana.

Trump: Habrá redadas “bastante pronto”

El presidente Donald Trump dijo el viernes pasado que las redadas masivas de deportación comenzarán “bastante pronto”, ya que los defensores de los inmigrantes de Estados Unidos prometieron que sus comunidades estarán “listas” cuando lleguen los oficiales de Inmigración.

Trump, quien adoptó una postura de inmigración de línea dura como un tema clave de su presidencia y su candidatura a la reelección de 2020, pospuso la operación el mes pasado después de que se filtró la fecha, pero el lunes dijo que se llevaría a cabo después del 4 de julio.

“Comenzarán bastante pronto, pero no los llamo redadas, estamos echando a las personas, todas estas personas que han venido ilegalmente durante los años”, dijo a los periodistas en la Casa Blanca el viernes.

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