Saña contra LA PRENSA

En realidad, el odio de Ortega hacia LA PRENSA va más allá de la intolerancia de cualquier dictadura convencional ante el periodismo independiente y crítico

Una mala consejera, Nicaragua

El régimen de Daniel Ortega liberó parte del papel y otros insumos de El Nuevo Diario, que tenía retenidos, pero no hizo lo mismo con los de LA PRENSA que están secuestrados en las bodegas de Aduana desde hace 45 semanas. Representantes de este Diario presentaron un nuevo documento legal, requiriendo la entrega de los materiales, pero otra vez no hubo respuesta.

Personas extranjeras y nicaragüenses jóvenes que no conocen la historia de LA PRENSA, nos preguntan a qué se debe esta actitud del régimen contra LA PRENSA. Perciben que hay una inquina gubernamental especial hacia este Diario y no se explican por qué.

En realidad, el odio de Ortega hacia LA PRENSA va más allá de la intolerancia de cualquier dictadura convencional ante el periodismo independiente y crítico.

Desde su fundación, en 1926, este periódico sufrió la represión gubernamental pero nunca tan fuerte como la que padeció bajo la dictadura sandinista, de los años ochenta y de ahora. La represión del somocismo contra LA PRENSA era implacable y feroz, pero fue peor la de los sandinistas en los años ochenta. Todos los ataques sufridos hasta 1979, quedaron pequeños ante los de los oscuros años ochenta.

La explicación radica en que a la intolerancia usual de cualquier dictadura tradicional hacia el periodismo libre, independiente y crítico, el régimen sandinista agregó la ideología y el odio de los revolucionarios izquierdistas a todos los derechos y garantías democráticas, en particular la libertad de expresión y de prensa.

En el comienzo de su régimen revolucionario los sandinistas pretendieron mediatizar a LA PRENSA y convertirla en un periódico de tendencia semioficialista. Pero fracasaron en el intento y entonces la socavaron desde dentro, la dividieron y crearon un nuevo periódico paralelo ajustado a sus lineamientos políticos.

Después LA PRENSA fue censurada, clausurada durante cortos y largos períodos, impedida de obtener las divisas para comprar el papel y reprimidos sus periodistas. El objetivo era liquidarla, como hicieron los comunistas de Fidel Castro en Cuba con el histórico Diario de la Marina. Pero no lo consiguieron y más bien fue LA PRENSA la que derrotó a la dictadura.

En efecto, doña Violeta Barrios, viuda del director mártir de LA PRENSA, doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, derrotó como candidata presidencial de la UNO a Daniel Ortega en las elecciones del 25 de febrero de 1990; y a pesar del boicot revanchista de los sandinistas Nicaragua fue una república democrática.

Con doña Violeta hubo en el país una primavera de la libertad de prensa, que con algunas sombras se extendió hasta comienzos del 2007, cuando Daniel Ortega recuperó el poder y comenzó a restaurar la dictadura.

Desde entonces LA PRENSA ha sido un estorbo muy perturbador para Daniel Ortega, quien no le perdona su periodismo crítico ni haber sobrevivido a la terrible dictadura sandinista de los años ochenta.

A nuestro juicio eso es lo que explica el odio del régimen orteguista a LA PRENSA y su afán en dañarla y hacerla desaparecer. Pero no lo pudieron hacer en los años ochenta y estamos seguros de que tampoco ahora lo conseguirán.

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