Dolor y asedio en la misa de aniversario de las víctimas del ataque a la Divina Misericordia

La iglesia estuvo llena de asistentes y además de recordar a los dos jóvenes asesinados, fue un espacio propicio para protestar contra el régimen

Familiares de Gerald Vásquez y Francisco Flores llevaron fotografías de ellos y demandaron justicia. LAPRENSA/O. NAVARRETE

Pese al permanente asedio policial a la iglesia de la Divina Misericordia, familiares de los jóvenes Gerald Vásquez y Francisco Flores, asesinados por paramilitares orteguistas en el ataque hace un año a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), lograron participar de una misa realizada este sábado en memoria de ellos.

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En el acto religioso también estuvieron presentes jóvenes que sobrevivieron a esa masacre, la cual inició en la tarde del 13 de julio de 2018 y finalizó en la madrugada del 14; líderes de la Alianza Cívica, Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB) y el párroco Raúl Zamora, quien vivió el horror porque dio refugio a los muchachos que huían del recinto universitario ante la violencia desatada por los paramilitares, que acribillaron el santuario, el cual todavía conserva los impactos de bala en sus paredes y vidrios como testimonio de ese sangriento episodio de la represión orteguista.

La iglesia estuvo llena de asistentes y además de recordar a los dos jóvenes asesinados, fue un espacio propicio para protestar contra el régimen porque los asistentes gritaron consignas contra el orteguismo, demandaron justicia y agitaron la bandera de Nicaragua, actividades criminalizadas por la Policía Orteguista (PO).

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En la homilía Zamora se refirió a la decisión tomada hace un año, que consistió en socorrer a quienes huían del ataque, de abrir sus puertas y dar refugio, asegurando que “eso es lo que hubiera hecho nuestro maestro” y que “incluso abre su corazón el Señor para los que le disparan”, refiriéndose a la lluvia de balas que el templo recibió de parte de los paramilitares, acuerpados por la Policía Orteguista que mantenía un cerco en la zona para no dejar pasar a nadie y exterminar a los estudiantes. Todo esto fue escuchado por Susana López, madre de Gerald, quien llegó vestida de negro en muestra de luto por el asesinato de su hijo. Al final de la misa exigió justicia a grito partido y recordó que su hijo era un estudiante y no un delincuente, mientras sostenía una fotografía del Chino, como ella le decía.

Frente a la iglesia de la Divina Misericordia permaneció ayer una caravana de patrullas policiales, como forma de intimidar a las personas que asistieron a la misa que se realizó por el primer aniversario del ataque a la UNAN-Managua, operativo paramilitar donde fueron asesinados Gerald Vásquez y Francisco Flores. LAPRENSA/O. NAVARRETE

El joven recibió un balazo en la cabeza la madrugada del 14 de julio, luego de más de 12 horas de ataque interrumpido a la iglesia. Falleció encima de una mesa, en la casa cural de la Divina Misericordia cuando intentaban pararle el sangrado. Su mamá se enteró hasta horas después y fue a reconocer su menudo cuerpo.

“Lo vi dos semanas antes de que lo asesinaran. Él pasó unos días en la casa con nosotros, fueron unos días que pasó con sus hermanas jugando, riéndose. Después se fue y dejó una carta donde decía que volvía a la lucha porque quería una Nicaragua libre y que se respetaran los derechos de los universitarios”, dijo López, quien no duda que habrá justicia divina y terrenal para los responsables del asesinato.

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El otro asesinado fue Francisco Flores, apodado el Oso. Fue encontrado en la mañana de ese 14 de julio detrás de una jardinera, en el sector de la misma iglesia.

Lo encontraron con la miraba hacia el cielo y sosteniendo un mortero en su mano izquierda, víctima de un francotirador de la Policía Orteguista.

LA PRENSA/O.NAVARRETE

Asedio muestra el miedo de retomar las calles

A raíz de una reforma a la seguridad social, el 18 de abril de 2018 jubilados y universitarios salieron a protestar. La respuesta del régimen fue represión. No obstante, estos ataques no lograron apagar las movilizaciones y en los siguientes días el pueblo estaba en las calles, en un hecho sin precedente desde que Ortega regresó al poder en 2007.
Este masivo descontento el oficialismo lo ha llamado intento de golpe de Estado, tesis que ha sido desmentida por organismos internacionales de derechos humanos que le dan seguimiento a Nicaragua.

Y después de criminalizar las protestas y negar las marchas en su contra, el régimen de Ortega mantiene una amplia presencia policial en la vía pública.

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A juicio de Levis Rugama, expreso político y quien estuvo atrincherado en la UNAN-Managua, el despliegue desproporcionado es una muestra de miedo de que los autoconvocados se vuelvan a tomar las calles: “Es una medida para que los jóvenes no volvamos a salir a las calles, es para intimidar al pueblo y retener la ola de descontento”.

Poemas y canciones

Al concluir la misa, se realizó un pequeño acto en el estacionamiento de la Divina Misericordia, donde la madre de Gerald remarcó la lucha cívica y el deseo de vivir en una Nicaragua libre; asimismo, una joven recitó un poema escrito por el poeta Roque Dalton, también se interpretó una canción a capela.

Mientras se desarrollaba el programa, los presentes gritaban consignas de desprecio al régimen y antes de irse mencionaron algunos nombres de los 326 asesinados por el régimen desde abril de 2018 a la fecha, incluyendo niños, mujeres y estudiantes, razón por la cual a Ortega y Murillo se les señala en informes internacionales de responsables de delitos de lesa humanidad.

Ataque entre negociación

El régimen de Daniel Ortega ordenó el ataque a los jóvenes que estaban atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua) cuando existía una negociación para entregar el recinto. Jesús Tefel, quien formaba parte del equipo intermediario de las conversaciones y actualmente miembro del consejo político de la Unidad Nacional Azul y Blanco (UNAB), confió a LA PRENSA que se desocuparía la casa de estudios a cambio de que el régimen les garantizara que no hubiera represalias y que la entrega fuera televisada por el Canal Católico y quien recibiera fuera la Conferencia Episcopal.

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