Una mala consejera

Los funcionarios de la dictadura creen que engañan a la gente y se atienen a que a quienes protestan los pueden callar a golpes y meterlos en la cárcel. Pero están muy equivocados

Una mala consejera, Nicaragua

Los funcionarios económicos de la dictadura, cuando aprobaron las reformas tributarias y al Seguro Social aseguraron que los nicaragüenses de menores recursos no serían perjudicados.

Por supuesto que era una gran mentira. Es imposible que reformas de esa clase no perjudiquen a las personas más pobres. Afectan a los empresarios de todos los sectores, perjudican a las capas altas y medias que tienen buena capacidad de consumo, pero es mayor el daño que causan a la gente pobre y más pobre.

El jueves de la semana pasada LA PRENSA informó que al cabo de cuatro meses de aplicación de la “brutal” reforma tributaria, el precio de la canasta básica de consumo popular se incrementó en casi 700 córdobas. A lo cual se debe agregar que decenas de miles de personas han quedado y siguen quedando sin empleo, como consecuencia de la crisis sociopolítica que impacta en la economía nacional.

Los funcionarios de la dictadura creen que engañan a la gente y se atienen a que a quienes protestan los pueden callar a golpes y meterlos en la cárcel. Pero están muy equivocados.

Los empresarios y los economistas independientes han venido advirtiendo que la situación económica del país, sobre todo de los sectores más vulnerables, se pondrá peor a medida que pase el tiempo y no se adopten las reformas políticas que son indispensables para resolver la crisis nacional.

Tal vez Ortega y sus asesores que le ayudan a destruir el país, creen que aumentando las penurias del pueblo podrán seguir atornillados en el poder. Y que pueden hacer como en Cuba, donde ante la crisis creada por la dramática disminución del subsidio petrolero venezolano el presidente títere de Raúl Castro, Miguel Díaz-Canel, simplemente ha anunciado que el pueblo sufrirá un nuevo “período especial”.

Período especial se llamó en Cuba a la situación económica catastrófica que sufrió al perder el subsidio ruso o soviético, con el cual se mantenía al país por la ineficiencia de la economía comunista. Aquella era una situación terrible para el pueblo cubano —aunque no para la privilegiada clase dominante—, que se prolongó hasta que Hugo Chávez tomó el poder en Venezuela y con el subsidio petrolero sustituyó a la desaparecida Unión Soviética como soporte fundamental de la economía de la Isla.

Pero Nicaragua no es Cuba ni el pueblo nicaragüense es como el cubano. Las causas de la insurrección cívica de abril del año pasado, que solo por la neutralidad cómplice de las Fuerzas Armadas no pudo derrocar a la dictadura de Ortega, no han desaparecido. Y la población de Nicaragua no se ha sometido a pesar de la horrenda represión.

Es cierto que no fue por causas económicas que cayó el régimen dictatorial somocista y que la insurrección cívica de abril del año pasado estalló cuando la economía nacional pasaba por una relativa buena situación. La verdad es que los nicaragüenses se rebelan en general por motivos políticos, por libertad y democracia. Pero si se agrega el factor del hambre, que es muy mala consejera, nadie, ni Ortega con su pretensión mesiánica, sabe lo que podría pasar.

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