Persecución a Mata y la Iglesia

En realidad, toda la cristiandad católica de Nicaragua respalda a monseñor Abelardo Mata, en cuya persona los enemigos de la Iglesia atacan a toda la Conferencia Episcopal.

Una mala consejera, Nicaragua

El arzobispo de Managua y presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, cardenal Leopoldo Brenes, se pronunció el domingo pasado en solidaridad con monseñor Abelardo Mata, obispo de la diócesis de Estelí.

Según se ha informado, monseñor Mata está siendo acusado por un militante del orteguismo por el supuesto delito de injurias y calumnias. Esta acusación se deriva de una homilía del obispo de Estelí, en la cual se refirió al dramático caso de un francotirador parapolicial que durante la represión de las protestas cívicas en esa ciudad habría disparado y matado a su propio hijo, sin saber que se trataba de él e ignorando que era uno de los jóvenes que protestaban contra la dictadura.

Pero no solo el cardenal Brenes y otros miembros de la alta jerarquía católica se han solidarizado con monseñor Mata. Como informó el diario Hoy en su edición del sábado pasado, la feligresía católica de toda la región de las Segovias está organizando vigilias y jornadas de oración en respaldo de su obispo, quien ha sido víctima de diversos atropellos de la dictadura, incluyendo graves amenazas de muerte. También varios abogados segovianos se están poniendo a disposición del prelado católico, para representarlo legalmente, según declaró la abogada Claudia Marieta Medina.

En realidad, toda la cristiandad católica de Nicaragua respalda a monseñor Abelardo Mata, en cuya persona los enemigos de la Iglesia atacan a toda la Conferencia Episcopal.

La acusación contra el obispo de la diócesis de Estelí no es la única agresión que sufre la Iglesia católica en los tiempos actuales de implacable represión dictatorial. Como se conoce, los templos de diversos lugares del país incluyendo las catedrales de Managua, León y Matagalpa, han sido atacados por desaforadas turbas orteguistas, lo mismo que sacerdotes y monjas en lo personal. Sin embargo, contrario a lo que creen y quieren los enemigos de la Iglesia, en vez de quebrantar la fe del pueblo católico de Nicaragua, más bien la fortalecen.

Precisamente en estos días que los fanáticos orteguistas están celebrando el 40 aniversario de la revolución sandinista, los católicos nicaragüenses recuerdan la ferocidad con la que la Iglesia fue perseguida durante la época oscura de los años ochenta del siglo pasado.

La Iglesia católica había denunciado vigorosamente en 1977 y 1978, de manera oficial, la brutal represión de la dictadura somocista contra los militantes sandinistas. Inclusive, en junio de 1979 la Conferencia Episcopal de Nicaragua avaló la insurrección armada sandinista, considerando que según la ética cristiana era un derecho legítimo del pueblo ante una dictadura criminal que no aceptaba el cambio democrático por la vía pacífica.

Sin embargo, el somocismo fue sustituido por otra dictadura peor, que trató a la Iglesia católica como su enemiga y la persiguió implacablemente. Igual que la está persiguiendo ahora la dictadura orteguista, porque la Iglesia se ha puesto junto al pueblo oprimido, no al

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