Henry Ruiz, a 40 años de la revolución: «Nosotros no derrotamos al somocismo»

El exguerrillero considera que la revolución sandinista se quedó en el intento, y el fracaso de su dirección se demuestra en la derrota electoral que el Frente Sandinista sufrió de manos de doña Violeta Barrios de Chamorro, y en la aparición de lo que llama “esta dictadura desgraciada” para referirse al régimen de su antiguo compañero de armas, Daniel Ortega

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Henry Ruiz, uno de los nueve poderosos comandantes de la Dirección Nacional del Frente sandinista, repasa con espíritu crítico la revolución que dirigió en los años 80 y cuyo inicio cumple 40 años este 19 de julio.

Ruiz, de 75 años, se conoció en las filas guerrilleras como “Comandante Modesto”, y fue uno de los tres comandantes de la facción Guarra Popular Prolongada (GPP) que integró la Dirección Nacional a principios del 79 cuando el dividido Frente Sandinista volvió a unirse. En los años 80 también fue ministro de Planificación y Finanzas.

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El exguerrillero considera que la revolución sandinista se quedó en el intento, y el fracaso de su dirección se demuestra en la derrota electoral que el Frente Sandinista sufrió de manos de doña Violeta Barrios de Chamorro, y en la aparición de lo que llama “esta dictadura desgraciada” para referirse al régimen de su antiguo compañero de armas, Daniel Ortega.

Cuarenta años después, ¿qué queda de la revolución sandinista que usted dirigió?

Yo a esa pregunta el pongo un prefijo. No quiero tener ninguna nostalgia. Para mí la revolución era un proyecto de refundación social de clase. No era un juguetito. No bastaba resolver el problema de la dictadura, sino resolver el problema de Nicaragua. Era un momento propicio para hacerla. Si hubo logros. La Campaña Nacional de Alfabetización es una muestra de que queríamos que los ciudadanos se transformaran. Queríamos independencia. ¿Independencia de quién? Del país  al vínculo dominante con Estados Unidos Y como parte de esa libertad nos dábamos a la idea de que podíamos establecer relaciones internacionales con todo mundo. Eso es lo que queríamos. Libertad. Que hubiese justicia. Justicia económica. Este es un proceso largo de transformación. No usábamos la palabra “democracia”. Curiosamente no usábamos la palabra “democracia” porque estamos muy influidos de unas ciertas ideas políticas que miraban la palabra democracia como pecaminosa.

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Democracia actualmente sigue siendo una mala palabra.

Yo digo que está desfigurada. Ahora es que la estamos reivindicando…

Me refiero a que a que el régimen de Daniel Ortega casi nunca la menciona.

No, no. Es que es una palabra que tiene un lastre feo.  Y esa es la palabra que debimos haber reivindicado. Los hechos nos contradijeron. ¿Por qué fuimos a las elecciones del 84? Después a las del 90. ¿Por qué las adelantamos?  Éramos un manojo de contradicciones y tal vez de malas intenciones. A última hora nos las robamos. Pero cuando estuvimos los nueve esa palabrita de robarnos las elecciones nunca estuvo. A los mejor algunos malpensados, pero la decisión era respetar la voluntad del pueblo.

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Pero, ¿qué queda ahora? ¿Qué puede mostrarnos de esa revolución?

Queda una ficción. La ficción de que esa revolución tenía un núcleo sandinista. Nosotros no vimos a Sandino como el ejemplo que él encarnaba. Él era austeridad, entrega, honradez.  Nosotros no practicamos eso. Las universidades se abrieron Todo mundo a  estudiar gratis. Eso era parte del sueño. La reforma agraria que no se hizo. ¡A mí que no me echen ese cuento!

Si lo entiendo bien, usted dice que es una revolución que se quedó en el intento.

Sí señor. Esa es la mejor forma de expresarlo. Se quedó en el intento.

Y en cambio se le señalan muchos pecados. Represión, ese modelo autoritario…

No supimos resolver las contradicciones. ¿Qué es la represión? Aguantar el poder. Había gente que no creía en nosotros  y en vez de buscar cómo resolverlas las vimos como contradicciones antagónicas.

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¿Cómo explica ese episodio tan triste llamado “Navidad Roja”?

Represión, represión. Nunca entendimos al miskito. Al día de hoy no entendemos al miskito. Los miskitos comenzaron a sentirse agredidos. Servicio militar, sin duda alguna la manipulación que hizo  la propaganda.  Se decía que los comunistas se comían a los niños. ¡Eso yo lo oí!

¿Derechos humanos también les era una palabra ajena?

De derechos humanos  yo debo decirte comencé a oír de la boca de Vilma Núñez. El hombre nuevo, esta idea de un enorme calado humanista fue retórico ante los abusos de poder político. Defender el poder político, tal cual lo formuló alguna vez un viejo y antiguo compañero, pagar cualquier precio, no es revolucionario ni democrático, sino mesiánico y abusivo.

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Es que cuando le hablo de los miskitos no solo es que no se les entendió, sino de asesinatos y desalojo forzoso de sus territorios…

Predominó la idea militar. Sacar al pez del agua para que se ahogue. ¿Qué fue Tasba Pri? ¡Nosotros queríamos enseñarle cómo vivir! De una ignorancia total. Ignorancia antropológica que tenía una consecuencia política. El día que se rebelaron ni una tabla quedó. ¡Se las llevaron!

Ese modelo de Dirección con nueve comandantes… ¿Funcionó?

No. Hizo aguas. Lo demuestra la derrota. Y lo demuestra lo que quedó: una antítesis de lo más horrible que es esta dictadura desgraciada. ¿Por qué llegamos los nueve? Porque buscamos cómo unirnos y en poco plazo se dio. O sea, que tampoco se galvanizó.

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Usted alguna vez dijo que se sentían como dioses.

Sí, claro. Andábamos con camionetas y la gente decía, pero si ellos tienen su derecho. Para eso ganaron. En vez de corregirnos la conducta que estábamos ejerciendo nos parecía que estaba correcto.

Se fomentó el culto a la personalidad.

Se fomentó. En vez de corregir se fue fomentando.

Entre los nueve no todos tenían el mismo peso. ¿Cierto?

No, no los tenían. Y también en la lucha por el poder algunos expresaron esa lucha. A mí me pasó por encima. Me daba cuenta de algunas cosas. Pero algunos querían el poder. Daniel (Ortega), Humberto (Ortega), Tomás (Borge), Jaime (Wheelock) querían el poder. Y ahí paro. A los otros no les vi.

¿Personalmente qué pecados asume usted de esa época de la revolución?

Posiblemente debí haberme metido a la lucha por el poder. Para hacer que la contradicción saltara. Creo que nos unimos prematuramente. Debíamos seguir la lucha. Ser un poco más sectarios.

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¿Lo que hizo Edén Pastora, por ejemplo?

Nooo, eso no. Porque Edén Pastora es un contrarrevolucionario. Ese un bandido. Me refiero a que debimos haber forzado como un cuadro de fuerzas. (Decir) No, no estoy de acuerdo. El servicio militar. No es cierto que fue una decisión unánime. En el mismo seno de la Dirección (Nacional) no fue unánime. Humberto Ortega nunca fue a un frente. Esas contradicciones se dieron. Los grandes chunchones (megraproyectos), eso fue hecho casi arbitrariamente. Había críticas y refunfuños. Eso sí lo he pensado. A lo mejor por ahí era la salida. Porque para resolver las contradicciones y que no se jodiera el barco ¿qué hicimos? Fuimos colocando a un caudillo.

¿Cómo explica ese Daniel Ortega que hay ahora y que viene de ahí?

Creo que nosotros no derrotamos al somocismo. Lo que es la doctrina, el cogollo del somocismo no lo derrotamos. Primero la corrupción pública. Si te estoy diciendo que eso del presupuesto era jodido. Un evento. “Yo voy a poner”, decía el del Midinra. “Yo voy a poner”, decía el del Ejército. ¡Qué están poniendo! Ese era el presupuesto de la República. Fuimos condescendientes con la corrupción que se daba en el gobierno.  Por ejemplo, don Emilio Baltodano Pallais junto con Arnoldo Martínez, El Pelón, llegaban a cada rato a la Junta de Gobierno a poner los casos de corrupción que se estaban dando. Pero los alegatos eran: “Es que eso va a afectar, eso a golpear”. Sobre el somocismo se montó el orteguismo.

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¿Daniel Ortega es un producto de esa revolución?

De lo que no fue la revolución. La revolución era para acabar con el somocismo y para mí era la refundación de una nueva sociedad. Lo que privó en el fondo fue un somocismo camuflado. Neosomocismo pongámosle. Y sobre eso se montó. Y además actúa de esa manera. Se serviliza. Compra. Y la adoración al caudillo. Estos fueron más vivos porque usaron unas técnicas políticas para la adoración al caudillo.

¿Usted no ve sandinismo en Daniel Ortega y Rosario Murillo?

No, no queda nada. Lo único que dice es que es nieta de… (Se ríe). Lo que me duele es que se golpea esos nichos de sandinismo.

¿Usted cree que hay sandinismo todavía?

Sí, pero allá, coladito. Te voy a citar uno. Hace poco murió Tito Castillo. Ese murió con la idea sandinista.

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¿Y del Frente Sandinista qué queda?

Un partido que vive de esa fijación.  Por ejemplo, el repliegue. Esa misma gente es la que ha estado vilipendiando la bandera azul y blanco, denunciando a quien la porte, sapeando. Eso es un atropello a la inteligencia popular.  Están atacando a la iglesia. Si nosotros tuvimos que hacer una autocrítica fuerte cuando se dio aquella cosa del cura (Bismarck) Carballo.

¿Usted establece una diferencia entre sandinismo y orteguismo?

Total. Para mí el sandinismo tiene una connotación doctrinaria de lo que podría ser el componente nacional de una revolución. El orteguismo no es más que una mafia organizada alrededor de Daniel Ortega.

Pero eso mismo piensan muchas personas de aquel Frente Sandinista. A ustedes también los ven como una mafia organizada en los años 80.

Ideay, pero esa idea se queda atrás con la práctica de ahora. Son los acontecimientos los que aclaran. No me revolvería. Antes se podía juntar uno, ahora no. Ahora te quedan viendo mal. “Ahí va el hijo de la chingada, el traidor”, porque no estás con él. Con el orteguismo. Y yo creo que en el orteguismo hay chayismo también.