40/19, nada que celebrar

Nada que celebrar cuando un buen hombre como Eddy Montes es asesinado a mansalva en la cárcel, donde aún hay 84 presos políticos.

cansancio, Nicaragua

Se celebra la libertad, la alegría, la paz, la democracia y el progreso, pero todo eso está ausente a 40 años de una revolución malograda dos veces, en una segunda oportunidad. Se celebra el cambio para bien: las naciones no celebran el retroceso, ni en el campo político, ni en el campo social, ni económico.

No hay nada que celebrar cuando se persigue al que protesta, cuando a diario aparecen vilmente asesinados, incluso más allá de nuestras fronteras, los que un día protestaron y huyeron para salvar sus vidas. Nada que celebrar cuando un buen hombre como Eddy Montes es asesinado a mansalva en la cárcel, donde aún hay 84 presos políticos.

Nada que celebrar cuando existen medios de comunicación clausurados y periodistas en el exilio, nada que celebrar cuando hay una nueva ola de 60,000 exiliados viviendo en Costa Rica en condiciones precarias.

Nada que celebrar cuando el valiente sacerdote José Iván Centeno denuncia una serie de ejecuciones selectivas en Wiwilí y aparece un nuevo excontra asesinado en Trojes, zona fronteriza de Honduras, Francisco Sobalvarro, conocido con el seudónimo de “Berman”, originario de Jinotega, y el joven expreso político José Alejandro Martínez permanece en estado crítico en el Hospital Lenín Fonseca y no volverá a caminar luego de ser baleado por un expolicía y ahora paramilitar, quien al momento de redactar este artículo aún anda libre.

Nada que celebrar cuando en la misma comunidad de Trojes, Honduras, donde fue asesinado Sobalvarro, fueron asesinados a balazos, apenas el pasado 27 de junio, el también excomandante contra Edgard Montenegro Centeno y su hijo Yalmar Montenegro Olivas, quienes habían huido a Honduras por la represión orteguista en Wiwilí, departamento de Jinotega.

Nada que celebrar cuando debido a la crisis sociopolítica, la economía se precipita en el abismo y mientras más funcionarios del régimen de Ortega-Murillo son sancionados por la comunidad internacional, irónicamente para protegerlos, el régimen les quita funciones, pero los premia manteniéndolos decorativos en sus cargos, devengando jugosos salarios, y crea a la postre una mayor burocracia estatal que exprime el ya exiguo Presupuesto General de la República.

¿Es correcto celebrar el derrocamiento de la dictadura somocista hace 40 años, cuando esta fue sucedida por un gobierno dictatorial y totalitario que le costó a Nicaragua 10 años de guerra civil en los 80 y que llevó al país a la bancarrota económica?

Y como si fuera poco —tras un breve paréntesis democrático, de libertad, reconciliación y sosiego de 16 años— el destino les brindó una nueva oportunidad, pero en lugar de saber aprovecharla, el mismo apellido se ha entronizado en el poder, ahora bajo una nueva dictadura familiar, responsable de uno de los más negros capítulos de nuestra historia y conduce al país, nuevamente y sin el pretexto de la guerra, a la bancarrota económica.

El autor es periodista, exministro y exdiputado.