Lecciones aprendidas de la revolución sandinista

En abril de 2018 volvimos afirmar que los nicaragüenses tenemos una idiosincrasia libertaria que no pueden quitarnos, aunque pretendan aplastarla como lo hicieron medio siglo los Somoza, una década los sandinistas y otra vez Ortega en el 2007

Cuarenta años del triunfo de la Revolución sandinista, nos proponen rescatar lecciones aprendidas de nuestra gran maestra, la historia. Obligan a ver hacia atrás y al presente en un momento determinante para el futuro de Nicaragua, otra vez en lucha contra una dictadura sangrienta y represiva. A diferencia del pasado, ahora en unidad pacífica e inspirada en valores democráticos, sin ideologías foráneas en búsqueda de la construcción de la República que aspiramos construir desde hace más de cuarenta años. A la luz de los sucesos de abril 2018 valoramos que no todo ha sido tiempo perdido en esta historia trágica, aparentemente confinada al martirio de jóvenes heroicos.

Las espontáneas movilizaciones cívicas autoconvocadas, la juventud de nuevo arrastrando a sus familias y el país entero reclamando elecciones anticipadas, libertad y justicia confirman que hemos aprendido mucho, que Nicaragua es un país de esperanzas y futuro con una creciente conciencia democrática y pacífica. En abril 2018 volvimos afirmar que los nicaragüenses tenemos una idiosincrasia libertaria que no pueden quitarnos, aunque pretendan aplastarla como lo hicieron medio siglo los Somoza, una década los sandinistas y otra vez Ortega en el 2007. Prueba 1990, cuando tuvimos oportunidad de votar en libertad expresamos un rechazo nacional al uso y abuso del poder absoluto heredado de Somoza a los revolucionarios y reciclado ahora con Ortega y Murillo. Desde entonces con el primer gobierno electo democráticamente, aprendimos la urgencia de elecciones limpias, no como un asunto de vencedores y vencidos, sino como la única forma de resolver crisis políticas, detener colapsos económicos, romper ciclos de violencia e iniciar la transición a la democratización del país pacíficamente.

En democracia todos los años logramos economía en crecimiento. La historia documenta que institucionalidad democrática y desarrollo van de la mano y que no hay prosperidad sostenible en dictaduras. No fue posible con Somoza, no pudieron los sandinistas en los 80 y en la actualidad se derrumbó por la dictadura de Ortega. Los sucesos de abril también confirmaron que a partir del 90 aprendimos a descartar el uso de las armas, para resolver nuestros problemas cívicamente y es otra lección histórica asimilada. Dijimos no a la violencia y escogimos el diálogo, la negociación y concertación para exigir democracia y justicia. También aprendimos que en democracia cuando más libertad tenemos para exigir, es cuando menos sentimos respuesta del servidor público. Por tanto, una mala comprensión de sus bondades y la poca cultura democrática no erradicada tras décadas de dictaduras y totalitarismos, se impuso con caudillos como Alemán y Ortega en 2007 electos democráticamente, pero sin compromiso con un Estado de Derecho, democracia y probidad.

La lección aprendida es que no se trata solamente de ir a elecciones para que la democracia se consolide, sino de una militancia ciudadana en su defensa para conservarla donde se tiene o rescatarla donde no la poseemos. No basta con cambiar leyes y constituciones, sino mantener la unidad contra una cultura política prebendaria, de intereses particulares por encima del Estado y del bien común. Y en este aprendizaje celebramos con esperanzas la creciente conciencia democrática de nuestra juventud, buscando la modernización de la política y asumiendo el futuro para que liderazgos desfasados no vuelvan a arrebatarnos la próxima democracia. Este 19 de julio, cuarenta años después, rendimos tributo a los mártires jóvenes de ayer y de hoy que entregaron sus vidas por lo mismo: Nicaragua en libertad.

Confiamos que la ciudadanía toda siga asumiendo su responsabilidad política en defensa de valores democráticos, conscientes que el activismo no solo es para reclamar derechos, sino asumir deberes, defendiendo el voto en libertad y exigiendo transparencia y rendición de cuentas en las negociaciones que se realizan en nombre nuestro para decidir el futuro de Nicaragua. ¿Qué hacer los próximos cuarenta años para no volver a perder la democracia? A corto plazo: ganar las elecciones adelantadas con más del 65%, para que “Nicaragua Vuelva a ser República”, esa que soñamos en 1979, traicionada en el 80, que conocimos con la democracia de Violeta Chamorro, perdimos en la segunda elección democrática enterrando sus vestigios con Ortega en 2007 y en abril 2018 con cuarenta años de lecciones aprendidas, comenzamos a rescatar sin retorno para más danielismo.

La autora es periodista.