10 episodios de la revolución sandinista que el FSLN no puede borrar

La revolución sandinista dejó una herencia nefasta de miles de muertos, pobreza, represión y corrupción desenfrenada entre 1979 y 1990

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Daniel Ortega subió al poder por primera vez, como presidente, en 1985. Desde entonces se ha postulado en todas las elecciones. LA PRENSA/ARCHIVO

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Este 19 de julio se cumplen 40 años del fin de la dictadura de la familia Somoza en Nicaragua, mientras la dictadura de la familia Ortega-Murillo se prepara a celebrar en grande aquella fecha histórica, exaltando esa sangrienta guerra civil como una “gesta heroica” de la revolución sandinista.

Lo que no suele decir la propaganda rojinegra es que aquella fecha dio inicio a la más destructiva y represiva década en la historia contemporánea de Nicaragua, a la cual en su momento el papa Juan Pablo II denominó “la larga noche oscura”.

Basado en datos oficiales, estudios posteriores a 1990 y testimonios de expertos y profesionales que analizaron lo que algunos llaman “la década perdida de Nicaragua”, LA PRENSA publica 10 datos de la nociva herencia de aquella época dominada por el FSLN.

1- Persecución a campesinos

La primera represión bajo el sandinismo estuvo dirigida a los campesinos que desde 1980 se rebelaron para convertirse en lo que históricamente se conoció como la Contrarrevolución.

Primero el régimen quiso organizarlos en cooperativas, luego quería imponerle precio a sus cosechas y controlar lo que ellos debían producir, a la vez que querían controlarlos militarmente.

Ante el rechazo desde temprano a estas imposiciones, la dictadura sandinista les confiscó propiedades y cosechas, los reprimió y finalmente los atacó militarmente cuando abandonaron sus ranchos para sumarse a la resistencia y defenderse.

En este proceso la dictadura recurrió a la estrategia de “construir el enemigo” y desde el discurso oficial el FSLN calificó a los campesinos de “mercenarios”, “invasores”, “genocidas”, “guardias somocistas”, “bestias”, “esbirros” y otros calificativos para degradarlos en el imaginario social a fin de justificar su destrucción.

Algo similar a la estrategia que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), creado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) achaca a la vicedictadora Rosario Murillo en la ejecución de las masacres desde el 18 de abril, al llamar a los opositores “vandálicos”, “puchitos”, “vampiros”, “terroristas”, “chingastes” y otros calificativos antes de las llamadas “Operaciones Limpieza” que tuvieron como objetivo quitar lo tranques que los manifestantes habían colocado como forma de protesta.

La maquinaria propagandística del FSLN estigmatizó a los campesinos como animales, como lo dice este titular de 1983 de Barricada, el órgano oficial de prensa de la dictadura. LA PRENSA/Redes sociales

2- 10 años de guerra: de 1980 a 1990

Desde 1980 hasta 1990 Nicaragua vivió la peor guerra civil de su historia bajo el sandinismo. Debido a la represión contra los campesinos e indígenas, nació la Contra, una guerrilla que inicialmente contaba con miembros de la extinta Guardia Nacional que alimentaron sus tropas con los campesinos perseguidos por los sandinistas y con apoyo directo de Estados Unidos.

Las primeras batallas iniciaron en 1980 contra las autodenominadas «Milicias Populares Antisandinistas», que la integraban exguerrilleros que pronto se alejaron del proyecto dictatorial hasta terminar en una guerra con más de 230,000 hombres en armas entre ambos bandos.

22 de julio de 1987, Matagalpa. El Ejercito Popular Sandinista entrega banderas de combate a las brigadas militares durante el octavo aniversario de la revolucion sandinista. Archivo personal de Oscar Navarrete

En 1987, entre milicias, miembros permanentes del ejército, reservistas, policía y fuerzas especiales del Ministerio del Interior, el FSLN movilizó cerca de 180,000 efectivos, incluyendo jóvenes desde 17 años obligados por ley a prestar el Servicio Militar Obligatorio. Los Contras, integrados en su mayoría por campesinos jóvenes y con redes de apoyo social en el campo, formaban un tejido activo de unos 55,000.

11 de marzo de 1988. Cachorros del BLI Rufo Marín sostienen un combate con fuego de artillería y fusil con elementos de la Contra en sus campamentos en Honduras durante la operación militar Danto 88. Archivo personal de Oscar Navarrete

Esta guerra finalizó formalmente en junio de 1990, con el desarme de la Contra. Al momento de su desmovilización, el 72 por ciento de los 22,500 Contras eran campesinos, según la Comisión Internacional de Apoyo y Verificación de la OEA de 1998. La misma fuente revela que el 60 por ciento tenía menos de 25 años de edad, el 97 por ciento no había cursado más allá de primaria y el 84 por ciento apenas alcanzaba los tres grados de primaria, incluyendo analfabetos.

Jóvenes del Servicio Militar Obligatorio son transportados a los escenarios de guerra en los años 80. Archivo personal de Oscar Navarrete

3- Muerte y luto en las familias nicaragüenses

Según un informe del Departamento de Estado de Estados Unidos de 1989 sobre la situación de Nicaragua, hasta ese año se estimaban 50,000 muertes por efecto directo de la guerra.

Un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH-OEA) de 1980, la lucha de 45 años contra la dinastía de los Somoza había provocado la muerte de 45,000 personas, de las cuales 35,000 perdieron sus vidas durante los últimos 10 meses de conflicto entre 1978 y 1979, durante la ofensiva final.

Un soldado del Servicio Militar sube una cuesta en la guerra de los años ochenta en Nicaragua. Foto: Cortesía - Archivo personal de Oscar Navarrete / La Prensa.
Un soldado del Servicio Militar sube una cuesta en la guerra de los años ochenta en Nicaragua. Archivo personal de Oscar Navarrete

Es decir, que la guerra civil bajo la dictadura sandinista fue más sangrienta en términos de cifras y tiempo que la guerra bajo la dictadura somocista.

Agosto, 1986. Ejercito Popular Sandinista en maniobras militares, Sutiaba. Archivo personal de Oscar Navarrete

4- Generaciones de jóvenes lisiados y pensiones del INSS a víctimas de guerra

La revista Envío de la UCA en su número 138 de junio de 1993 sostenía que la prolongada guerra que asoló Nicaragua durante la década de los 80 dejó más de 150 mil víctimas, incluyendo muertos, discapacitados, viudas y huérfanos.

La Organización Revolucionaria de Discapacitados de Guerra calculó unos 11,500 lisiados de guerra en las filas sandinistas y el Instituto Nicaragüense de Atención a las Víctimas de Guerra estimó en 30,000 la cifra, mientras que para el año 2018 el INSS incluía en sus gastos, pensiones para 31,757 víctimas de guerra.

Hamaca, San Andres de Bocay, marzo de 1988. Operativo Militar Danto 88. Archivo personal de Oscar Navarrete

5- Casi millón y medio de nicaragüenses en el exilio

Entre 1980 y 1989 salieron del país 1,392,456 nicaragüenses, de los cuales 186,490 se quedaron viviendo en el extranjero. El resto volvió al país al finalizar la guerra en 1990, según estadísticas de la Dirección General de Migración y Extranjería en 1996.

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Los comandantes de la Revolución Popular Sandinista: Bayardo Arce, Humberto Ortega, Henry Ruiz y Sergio Ramírez Mercado, escuchan a Daniel Ortega. Archivo personal de Oscar Navarrete

La guerra causó división de las familias y pobreza, ya que las familias con algún tipo de recursos vendían propiedades y adquirían deudas principalmente para sacar del país a sus hijos más jóvenes para evitar que murieran prestando el Servicio Militar Obligatorio.

La revolución sandinista forzó a jóvenes, mujeres y hasta a niños a organizarse bajo estructuras militares. Archivo personal de Oscar Navarrete

6- Confiscaciones y robo de propiedades

Se estima que la revolución sandinista confiscó y expropió alrededor de 5,872 propiedades urbanas y rurales, que abarcaron más de 2.8 millones de manzanas.

Las tomas se realizaron mediante decretos confiscatorios, la ley «de los ausentes» que los sandinistas aplicaron a los nicaragüenses exiliados, la reforma agraria que autorizaba expropiar terrenos “abandonados” y “mal manejados” y otras ocupaciones de facto y por corrupción de propiedades costeras, fincas ganaderas o cafetaleras y mansiones y hoteles ocupadas manu militari que al final de 1990 hicieron millonarios a antiguos exguerrilleros pobres.

Comandantes
Una imagen captada en 1980 de parte de los nueve comandantes. LA PRENSA/Archivo

7- Destrucción de la economía

Desde el inicio de la revolución, la dictadura sandinista empezó a dinamitar la economía al confiscar empresas y centros de producción agraria privados. Solamente en el primer año de la revolución se confiscaron 180 empresas y más de 500 mil hectáreas de tierra y las cifras siguieron acumulándose a lo largo de los años ochenta.

El Estado llegó a controlar desde la banca, hasta el comercio exterior, incluyendo las importaciones de alimentos y petróleo, así como los precios de los productos internos. Los abusos y violaciones masivas de derechos humanos llevaron a los Estados Unidos a sancionar a Nicaragua y bloquear sus operaciones comerciales, lo cual sumado a que el Estado destinaba el 35 por ciento de sus recursos a la guerra, hundieron la economía al grado de que en 1988 la inflación superó 33,000%.

Billetes de quinientos mil y un millón de córdobas circulando en Nicaragua, 27 de abril de 1990. LA PRENSA/Archivo/Mauricio Orozco

El endeudamiento externo pasó de 521 dólares per cápita cuando los Somoza abandonaron el país, a 3,522 en 1990 cuando Ortega abandonó la presidencia. La deuda externa pasó de $1,579.8 millones de dólares en 1979 a $10,715 millones.

El Estado emitió dinero sin respaldo y pronto empezó a resellarlos, los alimentos escaseaban por la falta de producción y el control estatal obligaba a los nicaragüenses a hacer largas filas con una tarjeta de racionamiento para obtener comida; el córdoba se devaluó a tal grado que un dólar en el mercado negro llegó a cotizarse en 300,000 “córdobas chancheros” en 1989.

La dictadura penalizó como delito la venta o compra de alimentos fuera de los mecanismos formales del Estado y a través del Ministerio de Comercio Interior (MICOIN) confiscaba cualquier alimento que la gente comprara o que los campesinos intentaran vender por su cuenta.

Personas haciendo enormes colas, para cambiar cheques con moneda nueva en los bancos, febrero 18 de 1988. LA PRENSA/Archivo/Mauricio Orozco

8- Persecución a la Iglesia católica

El ataque contra la Iglesia católica bajo la dictadura orteguista tiene sus raíces inmediatas en la primera dictadura sandinista de 1979 a 1990. En los años ochenta el FSLN persiguió, atacó y denigró a los sacerdotes nicaragüenses de la Conferencia Episcopal.

En uno de los episodios de mayor bajeza en 1982, las autoridades golpearon, desnudaron y apresaron ante los medios de comunicación oficialistas a monseñor Bismarck Carballo, mediante una operación de inteligencia en la que participó la agente de la Seguridad del Estado Maritza Castillo Mendieta (hoy exiliada en Estados Unidos y considerada “influencer” por los medios oficialistas).

El sacerdote era director de Radio Católica y vocero de la jerarquía nicaragüense cercano al cardenal Miguel Obando y Bravo, quien fue declarado enemigo de la revolución.

Los periódicos sandinistas, como END, publicaron fotos del padre Bismarck Carballo desnudo en la portada. La feligresía se molestó por esta acción. LA PRENSA/ CORTESÍA
Los periódicos sandinistas publicaron fotos del padre Bismarck Carballo desnudo en la portada. La feligresía se molestó por esta acción. LA PRENSA/Cortesía

La vejación contra el padre Carballo, en agosto de 1982, fue un eslabón más en una cadena de atropellos y conflictos: los sandinistas eliminaron la transmisión de la misa televisada, cerraron la Radio Católica, pusieron bombas en iglesias, expulsaron sacerdotes extranjeros, asediaron con turbas y pintas los templos y amenazaron de muerte a los obispos.

Sin embargo, el peor ataque ocurrió el 4 de marzo de 1983: el boicot e irrespeto a la misa ofrecida por el papa Juan Pablo II. Ese día miles de fanáticos del régimen llenaron la plaza para exigirle al líder mundial de la Iglesia católica que se pronunciara contra la guerra y a favor de la revolución, con pancartas, parlantes y a gritos, junto a discursos hostiles y persecución a los católicos no alineados con la dictadura.

El vocero de la iglesia católica y brazo derecho del obispo Miguel Obando Bravo, convalece en su cama después de ser golpeado y exhibido desnudo ante la televisión estatal sandinista. LA PRENSA/ ARCHIVO
Bismarck Carballo, vocero de la Iglesia católica de Nicaragua y brazo derecho del obispo Miguel Obando Bravo, convalece en su cama después de ser golpeado y exhibido desnudo ante la televisión estatal sandinista. LA PRENSA/Archivo

9- Presos políticos

Desde el fin de la guerra de insurrección en 1979, la dictadura sandinista inició una cacería despiadada contra los ex Guardias Nacionales, funcionarios de gobierno, miembros del partido oficialista y sus familiares.

Solo al inicio de la década de 1980, la CIDH estimaba unos 8,500 reos políticos sometidos a juicios sumarios, bajo tortura, tratos denigrantes e inhumanos y en algunos casos, ejecuciones extrajudiciales.

Para ello la dictadura creó los Tribunales Populares Antisomocistas y habilitó cárceles y centros de torturas por todo el país, para encarcelar, procesar y condenar en masa a miles de nicaragüenses: campesinos, ex guardias, ex funcionarios públicos, opositores, empresarios y militares sospechosos de traición o que se negaron a acatar las órdenes de la dictadura.

La CPDH estimó en 1990 que al menos 35,000 personas habían sido detenidas, perseguidas, procesadas y condenadas por razones políticas entre 1979 y 1989. La persecución se basaba tanto en los operativos de la Seguridad del Estado como en las labores de espionaje comunitario de los Comité de Defensa Sandinista (Ahora CPC).

Casa de los Comité de Defensa Sandinista (CDS) en el barrio Javier Guerra. 19 de octubre de 1979. LA PRENSA/ARCHIVO
Casa de los Comité de Defensa Sandinista (CDS) en el barrio Javier Guerra. 19 de octubre de 1979. LA PRENSA/Archivo

10- La «piñata sandinista»

En 1990, tras perder las elecciones del 25 de febrero ante la Unión Nacional Opositora, el FSLN cometió uno de los actos de corrupción más escandalosos de la historia: la piñata.

La mayoría de las empresas, fincas, residencias, maquinarias y bienes inmueble en general que habían sido confiscados al inicio de la revolución, fueron repartidos entre militantes, militares, líderes del FSLN, organizaciones partidarias, simpatizantes del régimen y hasta extranjeros nacionalizados.

El monto de aquella apropiación colectiva de bienes del Estado generó al país una deuda interna de más de 1,300 millones de dólares en indemnizaciones a los confiscados por la dictadura sandinista y sometió al país al condicionamiento político de Estados Unidos del waiver para permitir al país acceder a recursos externos.

La alta jerarquía militar y política del FSLN fue la más beneficiada con la «piñata» de 1990, uno de los más caros y descarados robos de propiedades del Estado a manos de unos pocos funcionarios que se hicieron millonarios a costa del erario. Archivo personal de Oscar Navarrete

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