Nicasio Urbina comparte tres poemas de su próximo libro “Empezó a llover en abril”

Estos dramáticos versos del horror, dolor y denuncia social, fueron escritos en el contexto de las protestas en contra del régimen dictatorial de Ortega-Murillo, en 2018 y fechas recientes

Plantón en Catedral de Managua. LA PRENSA/Archivo/Jader Flores

El poeta y catedrático de literatura hispanoamericana en la Universidad de Cincinnati Nicasio Urbina comparte tres de sus poemas «Hoy nadie duerme en Nicaragua», «Incendio» y «Un héroe insospechado», los que formarán parte de su nuevo libro “Empezó a llover en abril”.

Estos dramáticos versos del horror, dolor y denuncia social, fueron escritos en el contexto de las protestas iniciadas en abril del 2018 en contra del régimen dictatorial de Ortega-Murillo. Y vienen a ser una memoria en versos para no olvidar los crímenes y violaciones de los derechos humanos.

Le puede interesar: Revista Abril, “nace de la explosión social que desde abril del 2018 sacude a Nicaragua”

Urbina es autor de los poemarios y cuentos:»El libro de las palabras enajenadas»(1991) ,»Sintaxis de un signo» (1995), «El ojo del cielo perdido» (1999)  y «Viajemas» (2009).

En 2012 publicó la antología de cuentos nicaragüenses «Narradores: Siglo XX»; y junto al escritor español Pedro Enríquez, la antología «Poetas de las dos Granadas”.

Así de los estudios:»La significación del género: estudio semiótico de las novelas y ensayos de Ernesto Sábato« (1992) y «La estructura de la novela nicaragüense: análisis narratológico».

Dejamos sus poemas:


El Movimiento Madres de Abril ha demandando justicia por la muerte de sus hijos e hijas durante la masacre perpetrada por el régimen. LA PRENSA/Archivo/ Jader Flores

Hoy nadie duerme en Nicaragua

Nicasio Urbina

Hoy nadie duerme en Nicaragua,
los presos políticos en las mazmorras pasan
toda la noche asustando a las cucarachas.
Los periodistas corren de un lado a otro
con sus micrófonos y sus grabadoras buscando
alguna oropéndola o primicia.
Los policías entrenan toda la noche para fortalecer
el espíritu y reprimir al pueblo en las calles. Son órdenes
de arriba, dicen, mientras descargan la macana en la
espalda de los estudiantes. Lo siento mucho madrecita,
y le dan con saña en la barriga y en el pecho.
Hoy nadie duerme en Nicaragua.
Los empresarios se pasan las noches contando
sus pérdidas, los automóviles que no vendieron,
los millones de dólares que dejaron de ganar por
culpa de las protestas. Con lo bien que estaban las cosas.
Hoy nadie duerme en Nicaragua.
El niño huelepega en su esquina parece casi muerto
pero algunos de sus sinapismos lo alertan ante el peligro.
Nadie duerme en Nicaragua, especialmente los asesinos
ocupados como están en tramar el nuevo engaño,
el próximo fraude electoral, la tortura más eficiente,
la picana aplicada a todos los nicaragüenses en
la punta del dolor patrio, la mazmorra inmunda donde
van a encerrar el alma de los jóvenes estudiantes.
Nadie duerme en Nicaragua porque todo el país se está
despertando de un letargo de siglos, desde los tiempos de
Diriangén Ortega, de Pedrarias Murillo, de los hermanos Contreras Lau.
Todos asesinos de sus propios hermanos, enviados a trabajar
en las plantaciones de cacao, en las bananeras, en las minas de oro,
en los ingenios de caña de azúcar y de ron flor de caña.
Todos explotados con bombas de bajos salarios, sumidos en
una tragedia de enfermedades crónicas y seguro social efímero.
Nadie duerme en Nicaragua, porque el país ha despertado,
y está dispuesto a sembrar veraneras en los acantilados.

Cartagena de indias, diciembre 2018

LA PRENSA/Cortesía

El incendio

Nicasio Urbina

Las hienas llegaron en la madrugada
con los ojos encendidos y las fauces abiertas.
Entraron a la ciudad tirando piedras,
disparando insultos,
cortando los malinches y los sacuanjoches.
Todas las puertas permanecieron cerradas
y solo los más audaces miraban por las celosías.
La luna se metió, los guapotes se refugiaron
en las profundidades del lago.
Toda la noche se oyó alaridos estremecedores,
llamas como lenguas iluminaron el cielo,
y al amanecer grandes columnas de humo
se levantadas en el centro de la ciudad.
No era Juan Davis ni William Dampier,
no fue Gallardillo ni William Walker.
“Son pandillas y paramilitares” gritó alguien,
y las avispas se escondieron en sus panales.
Toda la mañana continuó la lucha.
Fuertes detonaciones perforaban el aire,
balazos, disparos, ráfagas,
se oían por el lado de los tranques.
“Santo Dios” dijo una señora
cuando vio que le pegaban fuego a la Alcaldía.
Vio llegar una hilux con tanques de gas butano
y regaron gasolina en las puertas y ventanas.
Las llamas pronto se ensañaron con las vigas.
Ciento cincuenta años de historia recordaban
esos muros: el archivo,
el registro del estado civil de las personas,
los acuerdos de cooperación,
los decretos municipales.
Todo fue consumido por las llamas
en aquella tarde aciaga,
por órdenes de la dictadora
que en su cubil se reía con las hienas.

Cincinnati, junio 2019


Un héroe insospechado

Nicasio Urbina

Policías antimotines golpean
con sus escudos a las mujeres
que gritan de dolor.

Policías vestidos de negro como zopilotes
se lanzan sobre la población
y los hieren a picotazos.

Policías pobres que ganan un
salario de hambre, se comen
vivos a sus vecinos.

Policías que reciben órdenes de
los dictadores “vamos con todo”
y asesinan a mansalva.

Julio César Espinoza Gallegos
no quiso obedecer la orden de
matar nicaragüenses.

Ya había cobrado sangre en
Monimbó, y no quiso atacar a
sus vecinos de Diriamba.

Entregó su uniforme de antimontín
su arma y su identificación,
y se fue para su casa.

Lo acusaron de terrorista, de
abandonar sus funciones,
de abusar del uniforme.

Lo condenaron a quince años de prisión,
sin demostración de pruebas
y sin defensa legal.

Julio César Espinoza Gallegos
es un héroe azul y blanco.
Ojalá florezcan más como él.

 

Cincinnati, febrero 2019