Aquel trágico 23 de julio en León: Guardia Nacional masacra estudiantes por protestar

Ese nefasto día varios estudiantes resultaron muertos y otros heridos, todo como consecuencia de los disparos de la Guardia Nacional (GN) contra una manifestación estudiantil

Esta crónica que documenta como los leoneses acudieron a los funerales de los estudiantes asesinados, fue publicada por el diario LA PRENSA, el 26 de julio de 1959. LA PRENSA/ARCHIVO

Los sucesos de “El Chaparral” del 22 de junio de 1959, donde fue gravemente herido Carlos Fonseca Amador, hasta hacía poco estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAN, tenían agitados a los universitarios que organizaron marchas de protesta en León y Chinandega.

Pero, la mañana del jueves 23 de julio nada presagiaba los trágicos acontecimientos que ocurrirían al caer la tarde de ese mismo día.

Siguiendo la tradición, el Centro Universitario de la Universidad Nacional (CUUN), con su presidente, el bachiller Joaquín Solís Piura a la cabeza, había organizado el desfile de los “pelones” de primer ingreso.

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Pero esta vez, en homenaje a los caídos en “El Chaparral” y en señal de protesta, el desfile no sería bufo sino fúnebre. Todos los participantes irían de luto.

Seguro de que no iba a ocurrir ningún incidente, desde luego que los estudiantes tenían ya en su poder el permiso correspondiente extendido por el Comando Departamental de León.

El rector Mariano Fiallos Gil decidió viajar a Managua para gestionar un aumento presupuestario en una entrevista concertada, días atrás, con el presidente Luis Somoza Debayle. Viajó en compañía de varios funcionarios de la  Universidad Nacional Autónoma (UNAN-León).

En ese entonces me desempeñaba como Secretario General del Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), con sede interina en la UNAN.

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Esta crónica que documenta la masacre estudiantil en León, fue publicada por el diario LA PRENSA el 25 de julio de 1959. LA PRENSA/ARCHIVO

También viajé a Managua, pero a una misión muy diferente: ese día estaba programada la visita de mis padres a la casa de los padres de mi novia y prima, Rosa Carlota Pereira Bernheim, para celebrar nuestro compromiso matrimonial.

Me encontraba en plena ceremonia de compromiso y ya había hecho entrega del correspondiente anillo a mi novia, cuando recibí una llamada urgente de mi tío político, Juan Ramón Avilés, director del diario “La Noticia”.

Juan Ramón me comunicó que en la redacción del periódico se había recibido información sobre un acontecimiento muy grave ocurrido en las calles de León.

Se decía que habían varios estudiantes muertos y muchos heridos, todo como consecuencia de los disparos de la Guardia Nacional (GN) contra una manifestación estudiantil.

Inmediatamente traté de comunicarme con el rector Fiallos Gil llamando a la Casa Presidencial, pero me informaron que había salido para León.

Las comunicaciones telefónicas con León estaban cortadas. Fue el propio Luis Somoza quien, después de recibir una llamada telefónica, le aconsejó al rector Fiallos regresar a León, pues le acababan de informar que había ocurrido un grave incidente entre efectivos de la Guardia Nacional y una manifestación estudiantil.

A la mañana siguiente, 24 de julio, tomé el tren de la madrugada para regresar a León. En ese momento, ya se conocían los apellidos de los estudiantes muertos: Saldaña, Martínez, Ramírez y Rubí.

Yo tenía, en mi cátedra de Introducción al Estudio del Derecho, dos estudiantes de apellido Ramírez: Erick y Sergio, ambos alumnos brillantes, y otro de apellido Martínez, no menos brillante.  Eran de los alumnos que siempre se sentaban en la primera fila y participaban en los diálogos y debates con el profesor.

Al llegar a León me dirigí, de inmediato, a la Catedral donde, en ese momento, salía la concurrencia con los ataúdes de los estudiantes muertos.

Al primero que ví fue a Fernando Gordillo, quien me hizo una reseña de la tragedia y me confirmó que entre los muertos estaban dos alumnos míos: Erick Ramírez y Mauricio Martínez, lo que me entristeció mucho y me llenó de rabia contra la Guardia.

Me alegró mucho ver a Fernando Gordillo, porque ya me habían referido su gesto de extraordinaria valentía cuando, la tarde del 23 de julio, después de la masacre, había desafiado al pelotón de la guardia envuelto en la bandera de Nicaragua.

Sergio Ramírez sobrevivió a la masacre y hoy es nuestro mejor narrador y un orgullo de nuestra literatura.

Lo que ocurrió ya ha sido narrado muchas veces. Sin razón alguna, los guardias comenzaron a disparar contra los estudiantes indefensos con un saldo de cuatro estudiantes muertos: Sergio Saldaña, José Rubí, Mauricio Martínez y Erick Ramírez.

Además, cerca de medio centenar de estudiantes universitarios resultaron heridos, entre ellos varios de gravedad. Cabe subrayar que los leoneses se volcaron en ayuda para los estudiantes. Decenas de personas donaron sangre y estuvieron presentes en el Hospital, ofreciendo su apoyo en lo que fuera necesario.

Al trasladarme a la Universidad, encontré al rector Fiallos profundamente abatido por la tragedia. Sentado en una silla mecedora, adolorido e indignado por lo sucedido, me dijo: “Carlos, he convocado a la Junta Universitaria para emitir una condena por este crimen incalificable.

Sin embargo, el proyecto de acuerdo que elaboró un miembro de la Junta me parece muy blandengue. «Quiero que redactes otro proyecto en términos más enérgicos”, dijo.

Hice lo que me pidió el rector, quien luego me invitó a ingresar a la sesión de la Junta, pese a no ser miembro de la misma, pues ya no era Secretario General de la UNAN sino del CSUCA.

Con algunas modificaciones introducidas por el propio rector, el acuerdo fue aprobado por unanimidad, incluyendo el voto del representante del gobierno ante la Junta, que entonces lo era un hombre íntegro, un caballero y ciudadano ejemplar, a quien siempre profesé gran aprecio y fue mi profesor de Derecho Constitucional, Modesto Armijo Lozano.

Condena enérgica

El histórico acuerdo, que esa mañana se aprobó, en pleno ejercicio de la recién conquistada autonomía universitaria, decía así en sus puntos principales:

“La Junta Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, en presencia de los dolorosos sucesos ocurridos en la tarde de ayer, 23 de julio, que han conmovido la entraña misma de esta Alma Mater y de la Patria y durante los cuales resultaron cobardemente asesinados por miembros de la Guardia Nacional, cuatro estudiantes universitarios indefensos y heridos, cuarentitrés más, algunos de ellos gravemente”,  ACUERDA:  “-Condenar enérgicamente el crimen perpetrado ayer en las personas de numerosos estudiantes que sin haber hecho uso de violencia física alguna, fueron sacrificados en un acto sin precedentes en la historia de Nicaragua”.  “–Exigir al gobierno de la República, el ejemplar castigo de los que resulten responsables de tan vil atropello, para que la conciencia universitaria y nacional, que clama por pronta y enérgica justicia, sea satisfecha.”– “Protestar ante la conciencia de América por la violación de los derechos fundamentales que sostienen nuestros ideales de Cultura y Libertad”.

Funerales

Los funerales del único estudiante que fue sepultado en León fueron muy concurridos. La Junta Universitaria, en pleno, a la cabeza el rector Fiallos Gil, presidía el cortejo fúnebre.

Adelante iba la bandera de la UNAN hecha jirones por los balazos de la guardia y con manchas de la sangre de los estudiantes heridos. La portaban estudiantes, entre ellos la alumna de la Facultad de Derecho Vilma Núñez.

La UNAN demostró que su Autonomía era una realidad y que sabía ejercerla con valentía cuando las circunstancias así lo exigían.

Días después, el rector Fiallos Gil viajó a Buenos Aires a una Asamblea General de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), en cuyo seno denunció el horrendo crimen cometido por la Guardia Nacional, al servicio de la dictadura somocista.

La UNAN recibió el pleno respaldo de casi un centenar de universidades del continente, que condenaron enérgicamente el crimen.

El rector Fiallos fue electo como miembro del Consejo Ejecutivo de la UDUAL y el día 23 de julio fue proclamado como “Día del Estudiante Universitario Latinoamericano”, en homenaje a los estudiantes muertos en la masacre de León.