De Anastasio Somoza a Daniel Ortega: Los nicaragüenses siguen luchando contra la pobreza

La revolución ofreció esperanzas a los nicaragüenses que sufrían pobreza y represión; pero muchos nicaragüenses no han percibido un mejoramiento en su nivel de vida en estos 40 años

Anastasio Somoza Debayle y Daniel Ortega, ambos dictadores de Nicaragua. LAPRENSA/ARCHIVO/Reproducción

El exguerrillero Juan Roque quedó ciego por la explosión de una granada lanzada por la guardia de Anastasio Somoza en un barrio de Managua durante su huida, tras el triunfo de la revolución Sandinista el 19 de julio de 1979.

Desde entonces recibe una pensión de 200 dólares al mes como lisiado de guerra y fue favorecido con una vivienda en el marco de un pequeño reparto para discapacitados en el vecindario «Ernesto Che Guevara».

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«La revolución nos liberó», dice este hombre de 63 años que vivió su infancia en una casa de cartón y formó parte de la guerrilla del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que luchó contra la dinastía de la familia Somoza que dominó el país por casi medio siglo.

pobreza Nicaragua
Desde que comenzó la crisis sociopolítica de Nicaragua la pérdida del empleo ha ido en aumento, lo que ha provocado que la informalidad crezca.
LAPRENSA/ARCHIVO

La revolución ofreció esperanzas a los nicaragüenses que sufrían pobreza y represión. Fue una época difícil, «la gente moría de todo» y «había menos acceso a los alimentos», afirma el economista Denis Meléndez, director de la organización Mesa Nacional de Gestión de Riesgos.

Avances y retrocesos

En la era somocista (1936-1979) se estima -no había mediciones entonces- que la pobreza abarcó a más de la mitad de la población, según el sociólogo Cirilo Otero. Para 2017, había bajado a 20 por ciento, en tanto el PIB per cápita pasó de 484 a 2,161 dólares en el mismo período, según Funides.

Según el Banco Mundial, la pobreza cayó de 48.3 por ciento en 2005 a 24.9 por ciento en 2016. El servicio eléctrico ahora alcanza el 95 por ciento de los hogares, según cifras oficiales. Y la red de agua potable cubre al 66 por ciento, de acuerdo con cifras de 2014 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

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trabajo infantil, nicaragua
El trabajo infantil está íntimamente ligado a la pobreza de cada país. Actualmente Nicaragua atraviesa una de las peores crisis económica. LA PRENSA/ARCHIVO

Tras la revolución, los sandinistas nacionalizaron 2,000 fincas que estaban en manos de los Somoza y sus allegados, establecieron la gratuidad de la educación y la salud y promulgaron una reforma agraria.

Se redujo el analfabetismo del 50 por ciento al 12 por ciento con una cruzada nacional en 1980 que fue reconocida por la Unesco. Pero los planes de recuperación económica y social se vieron frenados en esos años por un embargo de Estados Unidos, que apoyó a los rebeldes de la «Contra» para intentar acabar con la revolución sandinista por su afinidad con Cuba y la Unión Soviética.

Con el país en ruinas por la guerra civil y críticas por lo que se consideraba un cierre de espacios democráticos, Daniel Ortega, quien timoneó la nación tras la revolución, perdió en los comicios de 1990 ante una alianza opositora que llevó a Violeta Chamorro al poder.

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La metodología que el Gobierno utiliza para medir los niveles de pobreza en Nicaragua, ha sido fuertemente cuestionada por los economistas que dudan de los resultados. LA PRENSA/ OSCAR NAVARRETE

Ortega, ahora de 73 años, retornó al poder en 2007 y se reeligió dos veces en comicios cuestionados por la oposición. Emprendió desde entonces una «nueva etapa de la revolución», evitando enfrentarse a Estados Unidos.

Recibió 4,800 millones de dólares de cooperación venezolana entre 2008 y 2018, y ejecutó proyectos para combatir la pobreza, como el programa Hambre Cero que benefició a más de 51,000 familias hasta 2011, según diversas fuentes.

«La pobreza sigue igual»

Pero muchos nicaragüenses no han percibido un mejoramiento en su nivel de vida en estos 40 años. Para Yoconda Salgado, una menuda anciana de 70 años que vive con su hijo y tres nietos en una casa de madera, «la pobreza sigue igual».

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María Rivas, de 59 años, dice que come gracias al dinero que su hija adoptiva gana lavando ropa ajena y la ayuda que piden afuera de la catedral. A varios metros del templo, policías armados patrullan las calles para evitar que se reanuden las protestas que en el último año pusieron en jaque al régimen de Ortega.

Antimotines asedian a manifestantes en Jinotepe. LAPRENSA/AFP

Muchos advierten que la crisis originada por las manifestaciones contra Ortega, al que acusan de encabezar un régimen autoritario, nepotista y corrupto, amenaza con hundir al país.

La ola de protestas dejó más de 300 muertos, cientos de detenidos, 62,000 exiliados, recesión (la economía se contrajo 3.8 por ciento en 2018), cierre de pequeñas empresas y la pérdida de más de 400,000 empleos.

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La represión de las manifestaciones afectó las relaciones con Washington, que impuso sanciones que limitan el acceso de Nicaragua a créditos internacionales, así como contra activos de figuras del régimen, incluyendo la esposa de Ortega y vicepresidenta, Rosario Murillo.

«Apoyé la insurrección popular contra la dictadura (somocista), pero parece que caímos en otra», lamenta María Canales, una profesora retirada que ahora gana 15 dólares a la semana impartiendo clases a particulares.

Un estudio de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) reveló que el año pasado la pobreza aumentó a 23.5 por ciento. Y si la crisis continúa, este año podría subir a 32 por ciento, lo que significa que cerca de dos millones de nicaragüenses estarían viviendo con menos de dos dólares al día, según el estudio.

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