Después de Somoza…

Expresión de la gran unidad nacional e internacional contra el somocismo era el eslogan “después de Somoza, ¡cualquier cosa!”

En medio del terror de la más sangrienta represión, Ortega celebró el 40 aniversario de la revolución de julio de 1979. Pero enfrente, inocultable por la gigantesca operación policial y paramilitar que rodeaba a la concentración de supuesto apoyo a su celebración, yacía, soterrado por la represión, el más grande repudio popular a su dictadura.

Ciertamente, resultan inevitables las semejanzas y diferencias entre la revolución de 1979 y la que se inició en abril de 2018. Entre las semejanzas fundamentales hay tres que resultan obligatorias: ambas revoluciones enfrentan dictaduras dinásticas; ambas dictaduras habían presidido o continuado un largo período de crecimiento económico, y su crisis no se explica tanto, como se ha repetido, por razones económicas sino políticas; y, en tercer lugar, la gran unidad nacional e internacional que se gestó contra el somocismo, es semejante a la que existe ahora contra el orteguismo.

Expresión de la gran unidad nacional e internacional contra el somocismo era el eslogan “después de Somoza, ¡cualquier cosa!”. Aún hoy, en especial entre la gente de mayor edad, se escucha esa advertencia de cautela frente a la revolución en marcha, por los resultados de la revolución de 1979 entre los cuales se cuenta, como derivación perversa, la dictadura de Ortega. Y precisamente, es en el contexto de esa advertencia de cautela, esgrimida con buena o mala fe, que debemos enfatizar las diferencias entre la revolución de 1979 y la iniciada en abril de 2018.

La primera y más importante es que la unidad nacional e internacional de 1979 era en torno a una revolución armada, hegemonizada por el FSLN, que tenía como referente ideológico a Cuba y los países del bloque encabezado por la Unión Soviética. La segunda, con base a las dos experiencias, es que la condición política fundamental para la sostenibilidad del crecimiento económico es la democracia. Y en tercer lugar, por el cambio demográfico, la gran mayoría de la población nicaragüense es fruto de la transición democrática iniciada en 1990, interrumpida y revertida por la dictadura actual. Este hecho, del mayor calado histórico, hace que la revolución en marcha no solamente sea pacífica, sino que esta revolución sea galvanizada por la reivindicación democrática y haya un gran consenso social en torno a la propiedad privada y la economía de mercado, con sus variantes.

No es ningún accidente, o resultado de la casualidad, que la Alianza Cívica sea por la Justicia y Democracia (ACJD), y que la Unidad Nacional sea Azul y Blanco (UNAB), porque esa es la bandera que nos cobija a todos los nicaragüenses.

Entonces, después de Ortega, ¡no es cualquier cosa!, sino democracia y justicia.

El autor fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.