Servir escuchando y escuchar sirviendo

Jesús, Su palabra, Su vida, es la escuela permanente para todo ser humano. La vida cristiana necesita de la palabra y la palabra necesita del testimonio de las obras

Cada persona sirve de distinta manera según su personalidad y vocación, como Marta y María con Jesús. Marta era esa mujer hacendosa, siempre dispuesta a servir, estaba en todo, siempre agitada y pendiente de sus afanes en la casa hasta el punto de cansarse y molestarse porque su hermana María no le echaba una mano; por eso le dice a Jesús: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude” (Lc. 10, 40).

La figura de Marta también se repite en nuestros días. Hay mucha gente que se afana por completo en sus quehaceres tanto en el hogar como en el mundo de la política, social y religioso. Son personas dedicadas a tantas cosas que no tienen tiempo para nada y les gustaría que los demás le ofrecieran su ayuda, y les echaran una mano. Viven en un estrés permanente porque viven agitadas, no tienen un momento de paz, solo viven ajetreadas y no tienen tiempo para pensar ni siquiera en ellas mismas o darle a Dios un tiempo. María, por el contrario, es esa mujer que aparentemente se olvida o no le da mucha importancia al trabajo ni al servicio a los otros. Le da mucha más importancia a escuchar a Jesús, en quien espera encontrar sentido a su vida. Nos dice

San Lucas que “María, sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra” (Lc. 10, 39). Las dos, Marta y María, hacen cosas importantes: Marta demostraba su amor a Jesús dándose al servicio de los demás y María, que demostraba su amor a Jesús escuchando Su Palabra, que es el principio que nos empuja a actuar en la vida al servicio de los otros. La fe es la fuerza de la vida.

Escuchar solo la Palabra para nada vale. Si la Palabra se queda solo en la escucha y no la llevamos a la vida, ni nos compromete a darnos más, a servir con más amor a los otros, para nada vale.

Jesús nos aclara bien este punto: lo principal, lo primero, lo básico, es escuchar la palabra. La Palabra es la que engendra la fe y es capaz de transformar la vida. La actitud de escucha a la Palabra es la que nos da la fuerza que nos lleva a comprometernos desinteresadamente a los otros con un verdadero amor.

Jesús le da importancia al hacer, al servir, como lo hacía Marta, pero servir sin actitud de escucha ante la Palabra de Dios, puede llevarnos a olvidar lo que debemos hacer y cómo debemos hacerlo.

Jesús, Su palabra, Su vida, es la escuela permanente para todo ser humano. La vida cristiana necesita de la palabra y la palabra necesita del testimonio de las obras. Podíamos decir que Marta y

María son dos personajes que, en cristiano, tienen que hacerse “uno”: servir escuchando y escuchar sirviendo. Hemos de tener las manos de Marta y el corazón de María. Un cristiano que hace muchas cosas, como Marta, que se olvida de escuchar la Palabra de Jesús, fácilmente cae en un activismo absurdo y fácilmente se desvía del camino del Evangelio de Jesús. Y un cristiano que se esconde entre las paredes del templo pendiente solo de sus cultos religiosos y de sus rezos, seguro que se desvía del evangelio de Jesús, que es evangelio para la vida.

El autor es sacerdote católico.