Pedro Molina: “Espero pronto dejar de dibujar a Daniel Ortega”

En esta entrevista nos cuenta como sus dibujos terminaron en el cesto de basura de un periódico y cómo luego llegó a ser el caricaturista de ese diario.

Pedro Molina tiene 42 años. Nació en Estelí. Una parte de su familia es originaria de la Costa Caribe y otra del norte de Nicaragua. LA PRENSA/Cortesía

Pedro Molina tiene 42 años. Acaba de ganar el premio María Moors Cabot, otorgado por la Universidad de Columbia de Nueva York. LA PRENSA/Cortesía

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Para ser uno de los caricaturistas nicaragüenses que más ha publicado en medios internacionales, Pedro Molina ha estado fuera del radar público durante mucho tiempo. Si ponemos su nombre en los buscadores, apenas encontraremos un par de fotografías de él. En cambio, sus caricaturas aparecen a montones. Cuando era niño durante la guerra de los ochenta no pudo leer cómics de superhéroes, aunque admite que seguramente lo habrían influido en otra dirección.

Acaba de ganar el premio María Moors Cabot, otorgado por la Universidad de Columbia de Nueva York. Es el tercer nicaragüense en recibir este galardón, que es uno de los más antiguos y prestigiosos del periodismo. En esta entrevista nos cuenta cómo inició desde temprana edad a interesarse en dibujar “muñequitos”, nos relata cómo sus dibujos terminaron en el cesto de basura de un periódico y cómo luego llegó a ser el caricaturista de ese diario. Esta es una mirada personal tras el artista que lleva casi 30 años dibujando a Daniel Ortega y a otros políticos nicaragüenses.

¿Cómo recibió este premio?
Es algo que resalta el periodismo independiente. Lo que me parece meritorio en este premio es que rescata la importancia de la caricatura como género periodístico, sobre todo en este momento.

¿Cómo explicaría el valor periodístico de una caricatura?

La caricatura como género es precisamente otro vehículo más del periodismo de análisis, de denuncia y de construcción de debate y como tal tiene que valorársele y darle la relevancia necesaria, pero también el espacio necesario. Nosotros tendemos a pensar que todo lo que tiene que ver con humor es secundario, al final entre chiste y chiste uno está diciendo más verdades de las que pudiera decir cualquier editorial. Pero al final sentía como que no le estaba diciendo nada a nadie, por ejemplo después de que empezó la crisis yo empecé a poner caricaturas que había hecho en 2015 o en 2007, donde yo ya estaba hablando de los peligros que se estaban viniendo y entonces la gente se sorprende. Esto tiene un valor como crónica y un valor educativo.

¿Cómo comenzó usted en todo esto?
Mi papá era mucho de hacer hobby en la casa, y uno era dibujar. En una de esas agarró una foto de nosotros y la dibujó en una tablita con lápices de colores y yo recuerdo que estaba enojado porque había agarrado mis lápices y los había gastado. Era muy difícil conseguir una caja de lápices de colores en los ochenta. Recuerdo leer la Semana Cómica, leer a Quino y el Humor Erótico.

¿En algún momento tomó clases de dibujo?
Yo soy autodidacta. La manera técnica y hasta filosófica ha sido leyendo por mi cuenta. Estudiando en la Upoli me decepcioné y decidí pasar más tiempo en la Hemeroteca Nacional y en la biblioteca Emily Dickinson del Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano. Yo iba ahí porque eran los años preinternet y esa biblioteca recibía los mayores diarios y revistas de los Estados Unidos. Entonces yo fotocopiaba como loco y estudiaba a todos los caricaturistas y al mismo tiempo estudiaba inglés. Me pasaba horas leyendo los diarios de principios de los ochenta y los noventa, tratando de hacerme una idea más clara. No había universidad que te enseñara a hacer caricaturas.

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En ese entonces por la situación nunca leyó historietas de superhéroes, ¿lo habrían influido?
A lo mejor sería dibujante de historietas de cómic. Sí, es probable. Cuando salí (al exilio) seguí dibujando por hobby. Al estar fuera y estar expuesto a más cosas, porque acá solo había un canal de televisión y era de lo más aburrido y dogmático, seguí dibujando como hobby pero no volví a reconectar con la idea del humor y la crítica hasta que volví a terminar mi secundaria ya en los noventa.

Esta es la primera caricatura de Daniel Ortega, que Pedro Molina dibujó hace casi 30 años. LA PRENSA/Cortesía

Usted se exilió en los años 80 por la guerra, ¿cómo vivió el exilio?
Lo conté en una historieta y fue muy duro. Era niño y uno no comprende las razones por las que tuviste que dejar tu tierra, tu barrio, tu familia y tus amigos. Llegamos a dormir en colchones en el suelo y comer lo que podíamos conseguir hasta que mi papá pudo conseguir un mejor trabajo y pudimos movernos a un mejor lugar. Pero estaba el bálsamo de poder ver un montón de cosas que no tenías en tu país.

¿Cómo le ha cambiado la vida la crisis que estalló en abril de 2018?
He recibido amenazas constantes y en muchas ocasiones la situación se puso muy difícil. He tenido que tomar medidas y, viendo los hechos como se han desarrollado las cosas, menos mal que lo hice. En los barrios hay un espionaje informal. Cada vez que alguien de ellos (simpatizantes sandinistas) te miran opinando o hablando con alguien van y se lo cuentan al secretario político. Ya luego está el espionaje formal, que viene de arriba para abajo.

Por el tipo de trabajo que usted realiza supongo que esto no viene de ahora.
No. Hace años, cuando yo estaba en otro medio, me llamó un operador del Frente Sandinista. Me dijo que le gustaba mi trabajo y me dijo que me llamaba de parte de uno de los ministros, que por cierto era uno de los que en ese entonces movía mucha plata. Luego me dijo que estaban interesados en montar (se ríe)… un suplemento de humor para volarle a la derecha. Me ofrecieron que me hiciera cargo del proyecto. En ese tiempo estaban las vacas más gordas y estaban entrando millones de Venezuela y de entrada me ofreció exactamente la cifra total de mis ingresos mensuales, de entrada. Eso creo que no fue casual. Rechacé la invitación y les dije que a mí gustaba tener la libertad de hacer mi trabajo de la manera en que yo quería. Con respeto les dejé claro que no tenía ningún interés en trabajar con ellos.

¿Cómo comenzó a publicar sus trabajos en los periódicos?
Soy malo para las fechas, pero te puedo decir que recuerdo que el primer dibujo que cobré fue cuando tenía 17 años. Pero la primera caricatura política que publiqué creo que fue allá por 1995. Yo fui a tocar las puertas de los diarios. En ese entonces estaba La Prensa, donde estaba Guillén, y yo dije: “Aquí no hay nada que hacer”, luego estaba La Tribuna, estaba El Nuevo Diario, pero este tenía la reputación de no usar caricaturas, estaba la Bolsa de Noticias y estaba Barricada. Fui a Barricada en lo último y ahí fue donde se publicaron mis primeras dos caricaturas. Pero comencé a publicar regularmente en La Tribuna. Luego cerró el diario mientras yo estaba afuera, no me daba cuenta y fui a pedir mi liquidación y no me la dieron y hasta el día de hoy me la deben. (Ríe).

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¿Dónde ha sentido más libertad para trabajar?
La libertad siempre la he peleado. Recuerdo que habíamos en La Tribuna dos caricaturistas, en aquel entonces mandábamos las caricaturas y si las publicaban nos las pagaban, y si no no te pagaban nada, entonces yo diario estaba ahí llevando dibujos. Pero al otro caricaturista lo publicaban más, eso era porque yo me alejaba de la línea de la gerencia o tocaba otros temas, o no opinaba lo que ellos querían que yo opinara, pero yo seguía de terco diciendo lo que yo quería. Yo llevaba mis dibujos originales y cuando no me los aceptaban, me los marcaban con un gran “No”.

¿Qué recuerda de esos años?
Esto creo que nunca lo he contado. En algún momento llegó a La Tribuna un equipo de asesoramiento de españoles, para levantarle el perfil al medio. Un día me llamó el nuevo editor y me dejé venir de Estelí para ver qué quería, yo llegaba consciente de que estaban haciendo cambios y pensaba que era para informarme que ya no me iban a tener como freelance y que iban a dejar al otro dibujante, que era al que le publicaban más. Me dijeron que estaban haciendo cambios y que se iban a quedar con un caricaturista de planta y que habían decidido que me quedara yo. Al preguntarle la razón, me dijo: “No te estoy contratando basado en los dibujos que has publicado, te estoy contratando basado en tus dibujos que encontré en este cesto de basura”.

¿En qué momento comenzó a publicar en el extranjero?
Antes de que cerraran La Tribuna tuve la idea de que ya no iba a intentar hacer nada en Nicaragua, que me iba a concentrar en conseguir algo afuera, pero seguí probando en otros medios y me abrí el espacio en El Nuevo Diario. De nuevo el arreglo fue que iba a tener total libertad para decir lo que yo quisiera; ya luego decidí salir de El Nuevo Diario, pese a que tenían un genuino interés en que yo me quedara. Hablé con Carlos Fernando, porque ya no quedaban diarios, para ver si él tenía interés en mi trabajo y así fue como hice el cruce a Confidencial; pero nunca he dejado de publicar en el extranjero.

El caricaturista nicaragüense Pedro Xavier Molina fue galardonado con el Premio Maria Moors Cabot 2019, que entrega la Universidad de Columbia. LA PRENSA/Cortesía

¿Cómo mira el plano de la caricatura en los medios nacionales?
A mí me alegra que medios digitales estén publicando caricaturas, porque han visto que funciona. Ahora hasta incluso el régimen ha puesto a alguien a hacer caricaturas. Ellos saben que la caricatura tiene un papel importante. En otros lados es tan difícil de que los medios digitales se den cuenta de esta importancia.

En su opinión, ¿qué piensa la gente de ustedes los caricaturistas?
Piensan que somos un montón de payasos, pero eso es mentira. Yo voy a cada rato a convenciones de caricaturistas y gente más seria y formales no vas a encontrar, aunque siempre hay algunos que son personajes complejos, pero la mayoría son gente reflexiva que lo suyo es el análisis y un análisis pausado y reposado.

¿Qué potencial tiene la caricatura en las redes sociales?
Comunica rápido, uno necesita de dos a tres segundos para entender una caricatura, te informa, te brinda análisis, te hace reflexionar y tiene un potencial terrible de convertirse en algo viral. Además causa identificación con un medio, pero se está obviando todo eso por el miedo de ofender a alguien.

Cada cierto tiempo aparece en las noticias que un caricaturista está siendo perseguido por un grupo de fanáticos. ¿Eso cómo lo lleva?
Eso viene de la intolerancia y estamos en un mundo donde, en lugar de educarse, de abrirse a un nuevo conocimiento, les da miedo y tienden a cerrarse en lo que conocen y saben y creen. Yo lo he dicho un montón de veces, sobre todo en términos religiosos: si una caricatura sentís que afecta tu fe, entonces no es cuestión de revisar la caricatura, es cuestión de revisar tu fe. Estamos perdiendo los espacios, estamos restringidos económicamente y encima los caricaturistas estamos perseguidos por los fanáticos de lo políticamente correcto.

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¿De dónde viene esta corriente de lo políticamente correcto?
Yo he detectado dos cosas que son constantes en el deterioro de la sociedad y una de esas es el fanatismo. ¿Lo políticamente correcto es malo? No. Hay cosas que vamos aprendiendo y nos damos cuenta que hay que corregir muchas visiones y lenguajes. El problema son los fanáticos que se agarran de eso para ser sectarios e imponer su visión.

A parte de los sandinistas, ¿por quiénes ha sido atacado en las redes?
Yo trato de llevar como un pasatiempo mío un archivo de etiquetas de cosas que me han dicho, conmigo se han metido absolutamente todos los sectores que vos podás imaginar; los religiosos, el feminismo, hasta me han llamado racista y en el espectro político yo he sido derechista, he sido sandinista, comunista, MRS, y todo lo que se te ocurra.

¿Es usted ateo?
Hay gente que se va para atrás cuando les respondo que no soy ateo. Es más, yo soy cristiano. Es más, yo soy católico. Me cuestionan por qué critico a la iglesia y les respondo que a mí me interesa la Iglesia y es precisamente por eso que la voy a criticar, porque me importa.

¿En las redes ha notado el despertar de cierto sector de nostálgicos de la dictadura somocista?
En mis redes he intentado provocar, sabiendo de que algunos me iban a decir que lo de Somoza no fue dictadura y te dicen de que Somoza era diferente porque lo que quería era acabar con el comunismo, pero es que había un montón de gente que quería salir de Somoza o que no eran comunistas. Esto es malísimo porque mañana va a salir algún “revisionista” de la historia y va a decir de que Ortega lo que quería era acabar con los derechistas, cuando no es cierto. Entonces yo trato de recalcar que no hay ninguna diferencia entre un dictador de derecha y otro de izquierda. Dictador es dictador.

Lleva casi toda su carrera dibujando a Daniel Ortega. ¿Espera pronto dejar de dibujarlo?
Ojalá. Mi primera caricatura política fue sobre Ortega y no se publicó. Casi 30 años después sigo dibujando al mismo… Y claro que te cansa. Ojalá pronto deje de dibujarlo, o que la última caricatura que le haga sea de él dando cuenta de todas las chanchadas que ha hecho.

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