La arcaica arquitectura de la OEA

La arquitectura institucional de organizaciones multilaterales más antiguas que la OEA reconocen que no todos los países fueron creados iguales

En dos previos ensayos sobre la OEA, concluí que ella funciona a paso de tortuga salvo en casos cuando sus miembros logran juntar las dos terceras parte de los votos para agilizar acción en temas importantes.

Esto refleja la Carta original de la OEA, aprobada en 1948, que se basaba en armonía y consenso entre sus Estados miembros sin tomar en cuenta diferencias en sus tamaños. Este mismo espíritu se recogió en la Carta Democrática Interamericana aprobada en 2001. Por eso, el voto de un micropaís como Dominica, que aporta solo US$18,800 al presupuesto de la OEA, cuenta lo mismo que el de Estados Unidos y Brasil, que aportan US$50.7 millones y US$10.6 millones, respectivamente. Y si uno compara la población y el tamaño de las economías de los micropaíses del Caribe con los de los grandes del hemisferio, la discrepancia es aún mayor.

Quizás por eso fue que un senador demócrata norteamericano me explicó en 2003 que la OEA no era ni eficaz ni democrática. Y añadió que por eso estaba condenada a ser irrelevante.

La arquitectura institucional de organizaciones multilaterales más antiguas que la OEA reconocen que no todos los países fueron creados iguales. Por ejemplo, en la Conferencia de Bretton Woods de 1944, donde se creó el Banco Mundial y el Fondo Monetario, sus fundadores vislumbraron votaciones ponderadas en donde los votos de cada miembro reflejarían el tamaño de sus economías y aportes al capital de ambas instituciones. Por eso, en los primeros años del Fondo Monetario y el Banco Mundial, el voto de los Países Bajos contaba más que el de todos los países latinoamericanos juntos. Con el pasar del tiempo, el voto ponderado de sus miembros sigue imperando en las instituciones Bretton Woods —y en el Banco Interamericano que fue fundado en 1959. Pero el peso de cada miembro es ajustado periódicamente conforme a la evolución de su economía.

En el caso de las Naciones Unidas (ONU), su Carta fue aprobada en 1945. En ella, al igual que en la de la OEA, los votos de todos sus miembros tienen el mismo peso en su Asamblea General. Pero en el Consejo de Seguridad, donde realmente reside el poder, las cinco potencias más importantes del mundo mandan. Solo ellas, por ejemplo, son miembros permanentes del Consejo, y solo ellas tienen el derecho al veto.

Cierro con la siguiente reflexión. La relevancia de la OEA —al igual que de cualquier otra institución— depende de su capacidad de responder rápidamente en situaciones difíciles. Algunas veces esto no ocurre por la falta de liderazgo de sus miembros más influyentes. Pero también se debe a su arquitectura institucional arcaica. O esta se moderniza, o la OEA desaparecerá, al igual que los dinosaurios.

El autor fue canciller de Nicaragua. Este es su tercer y último artículo sobre el actuar de la OEA en crisis como la de Nicaragua.