Régimen de Daniel Ortega establece relaciones diplomáticas con Sudán del Sur

El exdiputado y jurista, Eliseo Núñez, considera que Daniel Ortega busca ganar aliados en foros como la ONU para que lo defiendan ante las denuncias de crímenes de lesa humanidad

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Los embajadores ante la ONU, por Sudán del Sur Akuei Bona Malwal y el embajador de Nicaragua Jaime Hermida Castillo firmaron el establecimiento de las relaciones diplomáticas. LA PRENSA/ TOMADO DE PRESIDENCIA

La dictadura de Daniel Ortega estableció relaciones diplomáticas con la República de Sudán del Sur, un país africano sumido en una guerra civil que ha causado una de las peores crisis humanitarias en África.

Las delegaciones formalizaron las relaciones diplomáticas este lunes 22 de julio en la sede de Naciones Unidas, en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos (EE.UU.), informaron medios oficialistas. La firma protocolar la hicieron Akuei Bona Malwal y Jaime Hermida Castillo, embajadores y representantes permanentes de Sudán del Sur y Nicaragua ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), respectivamente.

Tener más quien lo defienda

¿Qué gana Nicaragua en aliarse con Sudán del Sur? Eso no ha sido aclarado por el régimen de Ortega, quien desde que retornó al gobierno en 2007 se ha esforzado en fortalecer vínculos con gobiernos autoritarios y dictatoriales en América Latina con énfasis en Medio Oriente, así como con Rusia.

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La lectura del exdiputado y jurista Eliseo Núñez es que la dictadura orteguista busca ganar aliados en foros internacionales como la ONU para que lo defiendan ante las denuncias de crímenes de lesa humanidad. El gran error en esta estrategia es que los aliados también son regímenes acusados de crímenes contra su población.

«Más dinero no le va a resultar, ni más comercio porque hablamos de un país sumido en la guerra. Lo que quiere Ortega es defensores en foros internacionales que lo defiendan en Naciones Unidas, y es lo único que pueda comprar», afirmó Núñez.

En Sudán del Sur existe un conflicto armado desde 2013 entre las entre las fuerzas del presidente, Salva Kiir, de la etnia dinka, y las de su exvicepresidente, Riek Machar, de la tribu nuer. Aunque las partes firmaron un acuerdo de paz en 2015 la violencia rebotó en 2016. Datos de la ONU calculan que aproximadamente 2.4 millones de ciudadanos habían huido de la guerra y 1.5 millones de personas están al borde del hambre.

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Estados Unidos había intervenido para acabar con el conflicto bélico restringiendo la exportación de armamento y servicios de defensa a Sudán del Sur. El Departamento de Estado instó a los países vecinos a cortar el suminitro de armas ante la continua violencia en esa nación africana.

EE.UU. también presiona políticamente y amenaza con sanciones económicas a la dictadura de Daniel Ortega a fin de que cese la represión que existe desde hace 15 meses contra la población.

La represión en Nicaragua ha dejado al menos 326 asesinatos, miles de heridos, más de mil presos políticos, unos 70 mil exiliados y una economía que se encamina a la depresión.

Ortega acorralado por la comunidad democrática internacional ha buscado a sus viejos aliados de Irán y Rusia, dos regímenes antidemocráticos enemigos políticos de Estados Unidos. A esa rivalidad es la que Ortega pretende aprovechar en este momento en que sufre la peor crisis política en 12 años provocada por la masacre de fuerzas gubernamentales contra las protestas ciudadanas iniciadas en abril del 2018.

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A Rusia e Irán se suman Venezuela, Abjasia y Osetia del Sur (dos regiones separatistas de Georgia), Palestina y ahora Sudán del Sur, entre otros países sumidos en conflictos bélicos y conflictivos con EE.UU.

Para el analista Núñez lo que motiva a esos acercamiento es porque «Ortega trata de reeditar en su mente el modelo de relaciones exteriores que tenía en los años 80 que le sirvió un buen nivel de gestión diplomática en la guerra», sin embargo la falla está en que en la actualidad a pesar de la elevada tensión entre los rusos y los estadounidenses no existe una guerra fría.

«Hoy Ortega es un dictador más como los africanos, los latinoamericanos de décadas pasadas, (…) El problema real es que para Ortega en su mente, en sus parámetros de planificación todavía no se ha caído el muro de Berlín y la Unión Soviética aún existe al Este de Europa. Ese mundo no existe, pero (Ortega) sigue con sus planificaciones anacrónicas pero las consecuencias son enormes porque nos pone en riesgo de acciones por parte de Estados Unidos que desconocemos que pueda tomar», dijo Núñez.