Día del Estudiante y restitución de sus derechos

Hay que asegurar el derecho a reintegrarse a sus carreras a los estudiantes que han sido excluidos de las mismas por su participación en las protestas. Varios de ellos son excelentes desde el punto de vista académico

Día del Estudiante, Nicaragua

Ayer fue Día del Estudiante en Nicaragua. La oportunidad es propicia para reconocer que los estudiantes, mostrando gran nobleza y patriotismo, despertaron a la ciudadanía y han estado a la cabeza de la justa rebelión cívica contra el avasallamiento y la opresión que se han instaurado en Nicaragua desde el 2007, pero que se intensificó en crueldad y perversidad desde el 18 de abril del año pasado, hasta escandalizar al continente y al mundo.

Esta rebelión ya ha dado sus primeros frutos: ha hecho renacer esperanzas de que una Nicaragua mejor es posible; una Nicaragua en democracia, con plena institucionalidad; donde brille la justicia y, por lo tanto, donde desaparezcan las discriminaciones y privilegios derivados de intereses partidarios; donde gocemos de libertades y tengamos un Estado que no solo respeta, sino que cultiva los derechos humanos y la dignidad de las personas.

En segundo lugar, el régimen dictatorial se ha debilitado como nunca antes: tiene un bajísimo porcentaje de aceptación entre la ciudadanía, lo que es influido por el hecho de que centenares de miles de sandinistas se les ha apartado, por estar en desacuerdo con la represión sangrienta; no puede ufanarse más de una economía en crecimiento, que por demás, era heredada; la amplísima condena internacional, y el anuncio de que pronto se estarán presentando ante tribunales de justicia internacionales denuncias por las graves violaciones a los derechos humanos, incluyendo crímenes de lesa humanidad.

Es un hecho que este régimen ha pasado a sostenerse solo por la fuerza de las armas y la intimidación.

Mientras los nicaragüenses comprometidos con el bien común nos disponemos a seguir bregando para alcanzar esa Nicaragua mejor, tenemos la obligación moral de acompañar a los estudiantes en su lucha por ver restituido un derecho que les es muy propio: la educación.

Para restituirles este derecho, lo más urgente es exigir al Estado, y a las mismas universidades, que les den seguridad. Seguridad por sus vidas y por su integridad física.

Los estudiantes excarcelados están siendo asediados, amenazados. Por esta inseguridad, es que jóvenes en el exilio no regresan a Nicaragua, y es también razón para mantenerse ocultos otros que están en Nicaragua. Y también necesitan razonable seguridad de que no les robarán sus celulares y computadoras, tan importantes en la educación actual.

Hay que asegurar el derecho a reintegrarse a sus carreras a los estudiantes que han sido excluidos de las mismas por su participación en las protestas. Varios de ellos son excelentes desde el punto de vista académico.

Las autoridades universitarias pueden hacerse eco del espíritu de la Ley de Amnistía dictada por la Asamblea Nacional, y extender su beneficio a los estudiantes excarcelados, a los expulsados, o a quienes se les ha negado matrícula, e incluso les han decretado extraterritorialidad. Pero mejor aún, es hora de que las autoridades comiencen a actuar en fiel apego a la misión institucional de formar a la juventud, y no la de servir a un partido. Es hora de que comiencen a mostrar respeto por los estudiantes.

Nunca es tarde para comenzar. Es una soberbia incoherencia que las autoridades vayan a colocar ofrenda floral en el monumento por los cuatro estudiantes asesinados el 23 de julio de 1959, y por otro lado decidieran seguir perjudicando a centenares de estudiantes y continuar apoyando a un Estado con responsabilidad por la muerte de decenas de ellos.

Más adelante, para bien de la nación y de los estudiantes, habrá que trabajar para reconstruir las universidades, a partir de la restauración de la ética y de la calidad académica.
¡A la libertad por la universidad!

El autor es médico leonés.