Monseñor Rolando Álvarez: «Personas que tratan de ser candidatos de futuro, seguramente no son los verdaderos líderes que necesita Nicaragua”

El obispo de Matagalpa criticó que mientras los nicaragüenses buscan una salida pacífica a la crisis en el país haya personas que intentan obtener un puesto político

Una enorme bandera fue exhibida por los fieles católicos durante una procesión del viacrucis en Managua, con lo cual los ciudadanos mostraron su valentía ante el régimen que ha prohibido el uso de la Bandera Nacional. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

El obispo de la Diócesis de Matagalpa, monseñor Rolando José Álvarez Lagos, lamentó la desintegración que persiste entre las familias nicaragüenses a causa de la “aguda crisis social, política, económica y cultural” que atraviesa el país y que haya, desde ya, personas que tratan de ser “candidatos de futuro”, sobre quienes piensa que “seguramente no son los verdaderos líderes que necesita Nicaragua”.

Durante la homilía que dirigió a feligreses que asistieron a la misa por las fiestas patronales en honor de Santiago Apóstol, este jueves en la ciudad de Sébaco, Matagalpa, monseñor Álvarez exhortó a los nicaragüenses a tener “vocación de servidores” sin pensar en ocupar los primeros puestos y a revestirse de sencillez, como lo sugirió el Evangelio leído en la celebración eucarística y en el que una mujer pidió a Jesús que otorgara “poder” a dos hijos de ella.

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Monseñor Álvarez consideró que, en muchas familias nicaragüenses, la división se ha instalado porque algunos de sus miembros “profesan posturas políticas no solo diferentes, sino también contradictorias a otros miembros de la misma familia, del mismo hogar”, por lo que exhortó a lograr el perdón.

“Más dolorosamente aún, tenemos que reconocer que se han dado casos en los que un hijo, una hija, amenaza a su propio padre, a su propia madre; casos en que un papá, una mamá amenaza a su propia hija, a su propio hijo; casos en que los hijos le tienen miedo y hasta terror a su padre o padres que le tienen terror y tiemblan ante una reacción de un hijo o de una hija. Eso no puede pasar, no puede, no debe seguir pasando en nuestra Nicaragua”, señaló el obispo.

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Agregó que las familias deben ser humildes para encontrar la reconciliación y el verdadero perdón que evite la desintegración; porque, “no puede estar sobre la familia ninguna postura política, ninguna actitud personal. Ningún bien individual puede estar sobre el bien familiar, el bienestar de la familia que es principalmente la integridad de ella, el ser efectivamente la primera célula, la célula básica de la sociedad”.

Líderes deben servir al pueblo

En su homilía, monseñor Álvarez también llamó a los líderes sociales, políticos y económicos del país para que “ellos se revistan” de la capacidad de servir al pueblo sin buscar luego “los primeros lugares”; porque consideró que “es triste ver que cómo, cuando lo que todos los nicaragüenses estamos anhelando y buscando el camino que juntos, sin exclusiones ni exclusividades, nos ayude a encontrar la solución pacífica y justa a nuestros problemas, hayan algunos que buscan o intentan relucir, aparecer como, incluso desde ya, candidatos del futuro”.

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“Digo triste porque no es este el momento para semejante cosa. Este el momento para que todos trabajemos por buscar ese camino que nos ayude a esa solución justa y pacífica, no para ganar rédito o querer ganar crédito ante el pueblo. ¡No!”, aseguró el obispo.

Por eso llamó a los fieles a que “no pongan su mirada en quienes desde ya quieren relucir pensando ocupar un día los primeros puestos, seguramente no son los verdaderos líderes que necesita Nicaragua (porque), los verdaderos líderes son aquellos que proceden del silencio, que trabajan en el silencio por la paz, por la justicia, por la estabilidad, por la democracia institucionalizada, por la justicia social que es la economía que tiene una opción preferencial por los pobres, sin necesitar aparecer a la luz pública como los grandes remediadores o salvadores de nuestros problemas”.

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En su mensaje de media hora, el obispo reiteró que el pueblo es el “verdadero constructor de la historia” y consideró que “los líderes que en un momento tuvieron la oportunidad de crear progreso en nuestro país y la desperdiciaron, pienso que hoy deben de pensar que sean nuevos rostros, rostros sencillos, rostros de auténtico servicio, los que puedan aportar su propio carisma y su propio hallazgo, y todos esos sectores deben de volver la mirada al pueblo sencillo, a ese pueblo caminante, a ese pueblo de la calle, a ese pueblo de a pie, para descubrir en él la voz de Dios, porque en ese pueblo pobre, sencillo y humilde está la voz de Dios”.