Monseñor Rolando Álvarez: “Campesinos me advirtieron de personas vestidas de militar»

El obispo Rolando Álvarez habla con Domingo sobre el diálogo, la oposición, las amenazas contra la Iglesia y las posibles salidas de la crisis

Monseñor Rolando Álvarez. LaPrensa/R.Fonseca

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Una de las voces más críticas dentro de la Iglesia que quedan en Nicaragua es la de monseñor Rolando Álvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa. Desde las comunidades más remotas o en la iglesia de la ciudad, sus homilías y declaraciones son esperadas por su feligresía y los medios de comunicación.

Después del primer diálogo nacional en 2018, la imagen del obispo Álvarez se volvió más conocida en todo el país. Como es natural, hay muchas personas que le profesan cariño, pero muchas otras lo han tachado de “golpista”. Aunque asegura que “no está siendo amenazado”, en esta entrevista admite que ha estado en medio de situaciones tensas que involucran, inclusive, a personas vestidas de militar.

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De estas amenazas a los jerarcas de la Iglesia, el diálogo, la oposición, el futuro de Nicaragua y la inseguridad que se vive en las calles, el obispo Rolando Álvarez habla en esta entrevista.

El año pasado usted participó como mediador en el primer diálogo nacional. ¿Se resolvió la situación desde entonces?
Yo creo que ambos diálogos han obtenido logros importantes. En el primer diálogo del 2018 pienso que un primer logro fue que los nicaragüenses teníamos décadas de no sentarnos a platicar. Luego recordemos que en esa conversación se logró que el gobierno de la República invitara a todos los organismos internacionales que elevaron a una máxima expresión el tema de los derechos humanos. Y en esta mesa de negociación que se dio a partir de febrero de 2019 un gran logro fue la excarcelación de muchachos hermanos y hermanas nicaragüenses.

¿Pero se resolvió el problema de fondo por el que se habían sentado?
Nicaragua sigue viviendo una situación social, política, económica y cultural muy crítica.

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¿Por qué ustedes los obispos no aceptaron ir al segundo diálogo?
Nosotros (los obispos) desde el inicio dijimos que preferíamos no estar físicamente sino acompañar desde la misión profética y el ministerio de la palabra y la oración al pueblo sufriente. Y lo hicimos porque estamos convencidos que ese es nuestro mejor aporte en este momento histórico.

¿Usted que estuvo de mediador miró voluntad en el diálogo para resolver los problemas?
Yo he visto cierta voluntad en algunos puntos y aspectos de ambos diálogos. Por supuesto que en ambas conversaciones se ha llegado a puntos de inflexibilidad.

¿Qué le sorprendió más de los dos diálogos?
Precisamente el que se haya llegado a puntos de inflexibilidad. Porque precisamente es lo que nos ha impedido poder solventar esta crisis que vivimos.

¿A qué se refiere con inflexibilidad?
Sabemos que en un diálogo o una negociación se llega a un punto inflexible cuando ambas partes no logran ponerse de acuerdo en ciertos aspectos cruciales y vitales para que pueda continuar la conversación y solventar una crisis.

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Después del discurso del presidente Daniel Ortega el 19 de julio, ¿usted cree que el diálogo ya murió?
Lo que yo leo y analizo en esa primera parte del discurso del presidente es que él plantea un nuevo tipo de diálogo con elementos que para él serán determinantes.

¿Pero cree que estos sean elementos determinantes?
Habría que revisarlos, yo pienso que de entrada no se puede descabezar una posibilidad que podría, dependiendo de cómo se configure, ser una opción.

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¿Cree que existen posibilidades de cambio en Nicaragua?
Yo sí creo, estoy firmemente convencido.

¿Usted ha tenido alguna comunicación con la pareja presidencial en estos meses?
No…

Pero durante el diálogo sabemos que tuvieron comunicación. ¿Qué percibió de la actitud de la pareja presidencial?
En el diálogo los obispos nos distribuimos las funciones, y así como había alguno encargado de la presidencia, que era el señor cardenal Brenes; la vicepresidencia, monseñor Bosco Vivas; la secretaría, monseñor Jorge Solórzano; la parte técnica constitucional, monseñor Silvio Báez, yo llevaba la parte de las relaciones públicas y la concertación. Siempre creo que hubo una comunicación fluida hasta que se llegó al punto de inflexibilidad en el diálogo de ambas partes.

¿Qué opina sobre el papel de la Alianza Cívica en el diálogo?
La Alianza Cívica debería de entrar en un tiempo de reflexión, de recomposición, reestructuración, reorganización. Deberían de darse un tiempo para ellos mismos como organización.

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Los obispos que cooperaron para que el gobierno tuviera una contraparte en el diálogo con la Alianza Cívica, ¿miran algún error evidente que ha cometido esta organización?
Lo que yo veo es que en estos meses se han venido recomponiendo y han venido surgiendo otros sectores que pareciera que dominan en la Alianza.

¿Mira alguna posibilidad que la oposición se una en Nicaragua?
Todos los nicaragüenses estamos llamados a unirnos en torno a los grandes elementos que constituye una nación: la paz, justicia, estabilidad, progreso, la democracia institucionalizada y por supuesto la justicia social, que es una economía con clara opción preferencial por los pobres. Estos elementos son básicos, no solo para lograr la unidad de todos los nicaragüenses, sino para que los diversos sectores y partidos puedan ir buscando la unión.

Monseñor Álvarez, obispo de Matagalpa. LAPRENSA/R. Fonseca

Las crisis como la de Nicaragua afectan a todos los nicaragüenses. ¿De qué forma lo ha cambiado?
Yo diría que en general a los obispos de Nicaragua nos ha cambiado nuestra agenda pastoral como tal, pero no nuestra misión evangelizadora: en ningún momento la hemos detenido. Nosotros seguimos visitando nuestras comunidades, nuestras parroquias; seguimos teniendo nuestras reuniones con nuestros cuadros pastorales. Y seguimos proyectando el trabajo misionero.

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¿Ha cambiado algo en su rutina?
Mi agenda pastoral por supuesto que ha variado. Todos estamos imbuidos en esta situación queriendo encontrar alguna solución y los sectores de la vida nacional no podríamos volvernos ajenos a la realidad de Nicaragua porque sería irresponsable.

Pero es generalizado que ahora se percibe una mayor inseguridad, y sabemos que usted va seguido a comunidades remotas. ¿Eso ha afectado su trabajo pastoral?
Yo me muevo en la libertad de los hijos de Dios. Por esa razón tengo que decir que no me he visto afectado en mi trabajo pastoral, y te lo digo categóricamente.

¿Se volvió más conocido después del diálogo?
No sé (ríe)… El pueblo me manifiesta un amor entrañable. Es muy normal que cuando llego a las comunidades la gente al abrazarme llore en mi hombro. Ya eso se está volviendo un sentir del corazón que se expresa con mucha facilidad.

Sin embargo, el propio cardenal Leopoldo Brenes dice que a como hay gente que le manifiesta cariño otras le gritan “golpista”. ¿Le ha pasado?
Es creo que en su momento a todos los obispos nos señalaron de una u otra parte, de una u otra manera de forma un poco grosera, pero actualmente veo que se está bajando bastante el tono.

¿Cree que existe o existió una guerra contra la Iglesia de parte del gobierno?
Ha habido mucha confusión y tensión en toda esta situación. Sin embargo, creo que todos tenemos que cooperar y poner nuestro granito de mostaza para que el lenguaje, las actitudes y las reacciones, que no ayudan a ir pacificando a la sociedad nicaragüense, se vaya bajando, y se vaya logrando un camino que nos permita cívica y justamente encontrar una solución.

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¿Usted está siendo amenazado?
No, personalmente no…

Pero en una entrevista con monseñor Abelardo Mata con Domingo hace unos meses nos habló de un atentado contra usted. ¿Ocurrió?
Bueno, él se refirió cuando en aquel caso, cerca de Nindirí, me detuvieron y se dio una situación bastante tensa y lamentable.

En las últimas semanas circuló un video en redes sociales donde se miraban personas armadas en una comunidad donde usted estaba. ¿Eso es verdad?
Lo que sucedió fue que cuando yo me disponía a salir de la comunidad de La Joya, en Terrabona, los campesinos me llegaron a advertir que estaban mirando a personas vestidas de militar, escondidas detrás de los árboles, a los dos lados de la carretera, precisa y propiamente a la salida de la comunidad. Yo me dispuse a continuar adelante, y los campesinos insistieron en resguardarme porque miraban un peligro inminente. Ante esa insistencia y dejándome llevar por la sabiduría popular del campesinado, accedí, y prácticamente toda la comunidad: niños, varones, mujeres, adultos, ancianos, vinieron custodiándome, y al salir a la carretera pude ver a un grupo o escuadra grande de personas vestidas con el típico pinto militar, armadas hasta los dientes, que iban rodeando y subiendo la montañita que está frente a la comunidad. Eso alarmó muchísimo al campesinado, que con sus manos limpias y su propia humanidad, enfrentó a estas personas, que ante la actitud de los campesinos, comenzaron a huir. Fue una situación altamente peligrosa, no por mi integridad física, sino por lo que hubiera sucedido al pueblo.

¿Qué le pareció las declaraciones del jefe del Ejército, Julio César Avilés, negando que existan paramilitares?
Sobre el discurso del general Avilés no tengo ningún análisis. Él sabrá por qué afirma lo que ha dicho.

“Al salir a la carretera pude ver a un grupo o escuadra grande de personas vestidas con el típico pinto militar, armadas hasta los dientes, que iban rodeando y subiendo la montañita que está frente a la comunidad. Eso alarmó muchísimo al campesinado, que con sus manos limpias y su propia humanidad, enfrentó a estas personas”.Rolando Álvarez, OBISPO DE DIÓCESIS DE MATAGALPA

¿Existen sacerdotes amenazados, perseguidos o exiliados en su Diócesis?
En mi Diócesis no, no puedo decir que haya sacerdotes que estén viviendo esa situación.

¿Y sus feligreses están siendo amenazados?
La feligresía y la ciudadanía en general lo que siente es mucha incertidumbre.

¿Está olvidado el pueblo en Nicaragua?
Al pueblo hay que decirle que no perdamos la esperanza de ojos abiertos, porque es la que tiene muy clara la realidad y la que trabaja por lograr la justicia.

¿Cómo tomó la partida de monseñor Silvio Báez?
Con mucha sorpresa, y le logré manifestar, como siempre lo he hecho, mi cariño y mi fraternidad episcopal, así como mis sencillas oraciones en esta nueva etapa de su vida ministerial.

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¿Había platicado con él antes sobre una posible partida?
No, yo creo que para todos fue una sorpresa. Yo pienso que él fue prácticamente hasta que vino de Roma que lo hizo saber en la entrevista de prensa que todos conocemos.

¿Sigue teniendo comunicación con Báez?
Estamos comunicándonos muy afectuosamente y compartiendo siempre nuestras esperanzas.

¿Sintió una responsabilidad mayor después de la partida de monseñor Báez?
Yo sigo cumpliendo la voluntad de Dios, que es mi afán, y le pido al Señor seguir haciéndolo.

¿Cuál ha sido el día más triste de estos meses?
Todos los días siento alegría porque estoy en la presencia del Señor. Pero también todos los días, más que tristeza existen expectativas para encontrar una solución a esta crisis.

¿Cómo cree usted que sería esa solución?
Es importante la buena voluntad y la búsqueda de la verdad. Son dos elementos vitales para poder encontrarla.

Monseñor Rolando Álvarez, obispo de la diócesis de Matagalpa. LAPRENSA/R.Fonseca

PLANO PERSONAL

Su nombre completo es Rolando José Álvarez Lagos. Nació en Managua, en 1966. Su papá era de Jinotepe y su mamá de Chinandega. Ambos murieron. Los que quedan vivos son sus tres hermanos mayores.

A los ocho años de edad se vestía con una sotana y simulaba estar ofreciendo una misa. Es amigo de monseñor Abelardo Mata y de los cardenales Leopoldo Brenes y Miguel Obando y Bravo.

Entró al Seminario a los 21 años y sus primeros ciclos de estudios filosóficos los realizó en el Seminario Nacional de la Asunción, en Guatemala.

Sus primeros años de estudios teológicos los realizó en el Seminario Interdiocesano de Fátima, en Managua.

Concluyó Teología y su especialización en Filosofía en Roma.

Realizó estudios de especialización en Doctrina Social de la Iglesia en España. Tiene ocho años de ser obispo de Matagalpa.

Aunque le gusta comer casi de todo, desde que cumplió 50 años de edad, está balanceando las comida. Ha perdido 25 libras de peso, pero asegura estar saludable.

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