No se lo van a creer

No lo van a creer. Definitivamente va a ser difícil hacerles entender a las nuevas generaciones que en Nicaragua hubo un tiempo, este tiempo, en que las escopetas decían sentirse agredidas por las palomas.

Creer o no creer

Es que no se lo van a creer. Imagínese a alguien contando, 50 años o cien años después lo que estamos pasando. No se lo van a creer, así como a nosotros nos resulta difícil creer, por ejemplo, que hace 200 años dos examigos se enfrentaron en una guerra sangrienta por el poder y llevaban el registro de las bajas enemigas, el uno cortándole las orejas, y el otro, para no quedarse atrás y ser algo original, las narices. O que un norteamericano, muy democrático él, hizo elecciones de la misma forma que las hace Ortega ahora y por la misma razón: elegirse presidente de Nicaragua sin riesgo de perder. Son historias difíciles de creer.

Víctimas

Cómo explicar, 50 años más tarde, que hubo un tiempo en Nicaragua cuando a las víctimas se les mataba, se les echaba presos, se les llamaba terroristas, y los delincuentes eran las autoridades, los policías, los jueces, los carceleros. Será difícil entender que se les llamaba “violentos”, “golpistas” a los que andaban con una bandera azul y blanco o chimbombas en las manos y “combatientes de la paz” a los desalmados, que con armas de guerra, disparaban contra personas que protestaban pacíficamente.

Palomas y escopetas

Qué dirán 50 años más tarde cuando vean el video de una abogada, que es sacada a empellones de una estación de policía, y que como única defensa al atropello da una bofetada a su agresor. Luego, le caen en grupo, se le guindan del cuello y la arrastran, sin que ella representara mayor peligro o amenaza. La meten en una celda. Cómo explicarle a las generaciones venideras que en vez de procesar a los abusadores, le levantaron juicio a la abusada. Definitivamente va a ser difícil hacerles entender que en Nicaragua hubo un tiempo, este tiempo, en que las escopetas decían sentirse agredidas por las palomas.

Protegido

Imagínese explicándoles a sus nietos que una vez vino a Nicaragua un presidente extranjero acusado de ladrón. Y aquí, en vez de devolverlo a su país para que rinda cuentas ante la ley, le dieron asilo político y trabajo en el Estado. “¿Por qué asilo político si usted dice que era un ladrón?”, preguntará su nieto como todo niño y no sé qué va a explicarle. Pero, continuará usted, no solo no lo apresaron y no lo regresaron a su país; no solo le dieron asilo político, no solo lo emplearon en altos cargos de gobierno, sino que al final lo hicieron nicaragüense. ¡Como si aquí no tuviésemos ya suficientes ladrones!

Chiste

Y les dirá que el chiste de estos tiempos era que mientras los simpatizantes de Daniel Ortega repetían y hasta bailaban “el comandante se queda” como en otros tiempos las bases de Somoza lo hacían con el “no te vas, te quedás”, Ortega preparaba sus maletas, incluyendo dejarle la nacionalidad nicaragüense a su ladrón amigo para protegerlo de los gobiernos que vienen pisándole la cola.

Mara

Lo más difícil de explicar será, sin duda, cómo es que vivimos este tiempo donde no hay partidos políticos administrando los gobiernos, sino gobiernos manejados por delincuentes. Y le dirá a sus nietos para que entiendan: Imaginate que la Mara Salvatrucha se toma el gobierno de El Salvador. ¿Cómo gobernaría? Pues con extorsión a los que viven en su territorio, haciendo ley lo que se les ocurra cada día a los jefes por muy disparate que sea, dándoles derechos a los suyos y obligaciones al resto, matando a quien se oponga y entendiendo que gobernar es mantener el poder al costo que sea para su exclusivo beneficio. Pues así, más o menos, es el tiempo que vivimos.

Cuentos de viejos

Fíjese nomás, que hasta ahora muchos jóvenes millennials están entendiendo lo que les contamos sus padres o abuelos de la dictadura somocista. Creían que eran cuentos de viejos. Que un país así no podía existir. Pues ahora lo están viendo en 3D, en carne propia, con sonido surround, dolor y sangre real incorporada. Por eso guardo la esperanza que las futuras generaciones no se vayan a creer esto que vivimos, porque significará que salieron de estas desgracias de gobiernos que hemos dejado montarnos. Les parecerá irreal, cuentos de viejos, porque vivirán en una sociedad distinta. Ojalá así sea.

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