El Dios dinero

Todo lo justifica, el bien y el mal, la vida y la muerte, el amor y el odio, la honradez y la corrupción. Es más sagrado que cualquier otro dios

Eucaristía

El materialismo y el consumismo están a la orden del día cada día más. Hay mucha gente que mal vive por su deseo enfermizo de tener. El dinero y el poder se han convertido en los valores supremos de la vida y de la mano con ellos caminan la ambición, la codicia, el egocentrismo y la injusticia. Todos vicios que fácilmente nos hacen caer en la corrupción ya que hoy, todo gira y se mueve alrededor del dios-dinero. Todo se compra y se vende, hasta los mismos valores que son la base de la dignidad del ser humano.

El dinero impone sus mandamientos y lo compra todo: las cosas y las personas. Al dios-dinero lo hemos convertido en el todopoderoso; nos estamos convenciendo de que este hasta hace milagros.

Todo lo justifica, el bien y el mal, la vida y la muerte, el amor y el odio, la honradez y la corrupción. Es más sagrado que cualquier otro dios. Ante él muchos están dispuestos a hincarse y echarles incienso. Todos, unos de una manera otros de otra, estamos metidos en esta secta colectiva cuyo dios principal se llama tener, tener y tener. Y cuando el dinero se convierte en dios, en esta religión colectiva todo es posible.

Ante el dinero no vale Dios, ni ética o moral alguna, ni familia, ni país, ni valores algunos, como pueden ser la justicia, la solidaridad o la misma vida. La codicia desenfrenada lleva a los hombres a ejecutar las acciones más viles; por eso, para trepar adopta la misma postura que para arrastrarse.

La parábola del rico avaro (Lc. 12, 13-21), tuvo su origen precisamente ante el problema que dos hermanos le plantearon a Jesús: “Maestro, dile a mi hermano que reparta la herencia conmigo” (Lc. 12, 13). El dinero había roto uno de los lazos más sagrados entre los hombres, como es la fraternidad. El dinero, como nos dice Jesús del rico avaro, es capaz de romper todo y de romper con todos, hasta de romper hasta con la propia vida (Lc. 12, 16-20). La avaricia rompe el saco.

En la tierra hay suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no tanto como para satisfacer la avaricia de algunos. Según muchos economistas, una de las causas que han provocado la grave crisis económica que hoy estamos padeciendo, ha sido la avaricia y codicia desenfrenada de muchos. La codicia y la irresponsabilidad de unos pocos… han arrastrado al mundo a una situación de gran incertidumbre. El deseo desenfrenado de tener, la avaricia y la codicia fácilmente ahogan la vida propia y rompen con la tranquilidad y la paz de la vida de los demás, como dice el dicho oriental: “Quien abre su corazón a la ambición, lo cierra a la paz”.

Cuando el dios-dinero se hace presente, el Dios de Jesús está ausente; ya nos lo dice Jesús: “No puedes servir a Dios y al dinero” (Lc. 16, 13). De ahí la gran sabiduría de Jesús al decirnos también hoy a todos: “Eviten toda clase de codicia, porque aunque alguien posea grandes riquezas, estas no le garantizan la vida”.

El autor es sacerdote católico.

×

Apoye el periodismo independiente. Lo invitamos a compartir este contenido.

Comparte nuestro enlace: