Excoronel del Ejército, Carlos Brenes: «Altos mandos del Ejército se han plegado a la dictadura”

El coronel en retiro Carlos Brenes, amigo de Camilo Ortega, critica las posiciones de altos mandos del Ejército en la crisis política que vive Nicaragua desde 2018

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El coronel en retiro Carlos Brenes estuvo nueve meses y 11 días en prisión, como parte de los más de setecientos presos políticos que estuvieron en las cárceles de Nicaragua a raíz de la rebelión de abril de 2018. Todavía no se ha recuperado de la carceleada, en la que confiesa no le suministraban los medicamentos para la diabetes y esto ha provocado que sufra más de diez síntomas distintos en todas partes de su cuerpo.

Antes de iniciar esta entrevista se toma una taza de café. “Todavía no me he acostumbrado a estar fuera de prisión y en ocasiones me mareo”, dice. Sin embargo, Brenes asegura que no se exiliará, aunque eso le cueste la vida. “Hubo una orden de Daniel Ortega de apresarme costara lo que costara”, agrega.

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En su finca, a menos de 15 minutos de la ciudad de Jinotepe, en medio de un follaje que ahora rebosa de verde, el coronel en retiro de 64 años de edad critica la posición del general Julio César Avilés, que en su última comparecencia negó la existencia de paramilitares. “Hay algunos oficiales con apegos personales y políticos, pero al final el cuerpo militar se va a imponer a las cabezas”, considera Brenes.

Es muy conocido que Carlos Brenes fue compañero y amigo de Camilo Ortega. También recibía visitas de Daniel Ortega en su casa, aunque “nunca hubo química”. En esta entrevista habla de estas relaciones con los Ortega y de cómo se cortó su militancia con el Frente Sandinista, su pasado guerrillero, las salidas a la crisis política y la conexión que todavía tiene con el Ejército.

Usted padece de diabetes, entre otras enfermedades. ¿Tiene consecuencias por la cárcel?

Clínicamente falta saber en qué condiciones. Hay una afectación neurológica general debido a la insuficiencia de la administración de la medicina en ese período. Únicamente se me administró adecuadamente por instancias de la Cruz Roja Internacional. Entonces hay una afectación de hasta 10 síntomas distintos en los pies, manos, cuerpo, básicamente las extremidades inferiores. La función renal no está definida porque no sé si por ese período de tiempo decayó al no administrarme adecuadamente la insulina.

¿Por qué cree que lo capturaron?

Estoy seguro que fue porque iniciamos dentro de la posición sandinista una especie de rebelión política al régimen. Yo conformé distintos movimientos políticos. Al comienzo del pacto Ortega- Alemán, desde ahí vinimos criticando al régimen cuando este daba los pasos hasta el sistema actual: dictadura. Por último, el peso final para mi captura, creo que fue la conformación de un grupo de militares en retiro en 2011.

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Pero a usted lo acusaron de “terrorista” durante la rebelión del año pasado…

Eso es absolutamente inventado. Lo más importante que hizo Ortega fue enaltecer mi figura. Creo que ahí cometió un gran error. Y sobre todo en el departamento de Masaya y Jinotepe, donde yo vivo, nadie cree la versión de ellos. De haber sido cierto que yo hice esas acciones, hubieran muchos testigos que constataran eso, pero los únicos testigos que me acusaron fueron policías y paramilitares que inventaron una ciencia ficción de mala categoría.

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¿Hubo maltratos contra usted?

Sí, fueron malintencionados cuando me presentaron en la Policía ante los medios. Me llevaron encapuchado, haciendo que perdiera la conciencia y la dignidad, casi al nivel de asfixia. Estuve en una camioneta durante una hora, esperando a que llegaran los periodistas a fotografiarme. Lo que hice fue poner la cara más digna de militante sandinista contra la dictadura.

¿Existe asedio contra usted después de que lo excarcelaron?

No soy ingenuo para decir que no tienen algún nivel de seguimiento conmigo, porque el jefe supremo, Daniel Ortega, sigue siendo el mismo, que fue el que dio la orden de encarcelarme y dijo: “cueste lo que cueste hay que meterlo preso”. Ahora, en la institución de la Policía no he sentido acoso, me han detenido y he realizado trámites sin mayores problemas. Pero de las fuerzas fanáticas sí ha habido provocaciones.

¿Cómo conoció a Camilo Ortega?

Yo creo que Camilo me conocía antes que yo lo conociera a él, porque el tratamiento fue muy familiar. Él estudio en Masaya, en el Salesiano Don Bosco. Yo lo conocí en 1975 en Granada, clandestinos ambos. Camilo me designó miembro del comando regional en Rivas. Ahí me quedé como jefe departamental y regional entre 1977 y 1978 después de atacar los cuarteles de Rivas, Peñas Blancas, Sapoá y La Virgen. Después me asignaron el departamento de Chinandega.

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¿Dónde estaba usted cuando muere Camilo Ortega?

En Costa Rica. Él antes había estado en un proceso de refrescamiento en Costa Rica conmigo, porque había estado dolido después del ataque a Masaya, donde hubo muchas bajas, capturados y exiliados. Yo lo saqué a Costa Rica y luego le entregué unas estructuras de Masaya que yo conocía de antaño.

¿Cómo conoció a Daniel Ortega?

También en Costa Rica, por la cercanía con Camilo y Humberto, sus hermanos, que eran el núcleo de la tendencia tercerista. Pero no hubo un contacto orgánico, sino que solamente personal. Hasta 1979 que nos reunimos para explicar los detalles de la ofensiva final, que era la parte en que íbamos de manera ininterrumpida hasta que cayera Somoza Debayle.

Existe una foto en la que se le ve a usted sin camisa con otros guerrilleros, entre ellos Daniel Ortega. ¿Dónde ocurrió?

Yo todavía no he perdido mis hábitos de vida de artesano zapatero y también de la vida en el campo, en la que caminás sin camisa, acostumbrado al sol y a la fatiga. Entonces estábamos en Panamá, donde hubo una reunión de los cuadros más importantes que desarrollamos la ofensiva en los distintos departamentos. A mí me tocaba Chinandega, y se explicó la estrategia, las armas, toda la ofensiva. En ese momento es que tengo algún tipo de contacto y relación con Daniel Ortega.

Coronel en retiro Carlos Brenes. LAPRENSA/O.Navarrete

¿Cómo se llevaban?

Fueron algunos contactos, pero entre él y yo nunca hubo química. Si usted observa la foto, puede ver que son fotos frías. No es el caso cuando yo aparezco fotografiado con Joaquín Cuadra, Óscar Pérez Casar o Germán Pomares, que mostraban una simpatía individual al trabajo que habíamos desarrollado.

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¿Nunca tuvo una relación de amistad con Daniel Ortega?

Sí tuvimos relación, pero más bien obedecía a una especie de transmisión familiar. El hecho que haya estado con Camilo, su hermano, que haya trabajado con Humberto, su otro hermano, le daba la confianza para que se acercara. Sí hubo algunos acercamientos pero pocas conversaciones. Por ejemplo, cuando llegaba a Chinandega, me visitaba en mi casa y llegaba con toda confianza.

De acuerdo con el conocimiento que tiene usted del Ejército, ¿qué le ha parecido el papel de esta institución en esta crisis?

Esto está en curso, en tránsito, no es algo inamovible. Nosotros en el grupo de militares retirados siempre alertamos al Ejército a que no cayera en la trampa de fortalecer a este régimen, que al fin y al cabo sabíamos que concluiríamos con una crisis como esta, en la que afortunadamente no hemos llegado a un enfrentamiento bélico. Pero a partir de esa época sabíamos que había un proyecto personal y no político, de modo que el Ejército iba a ser bandeado, a transitar a un proyecto de cooptación: un trabajo fino que algunos exjefes del Ejército lo hicieron.

¿Pero usted cree que el Ejército está cooptado?

Está cooptado, indiscutiblemente. Lo que en un momento parecía una actitud patriótica, sensata, de apego a la ley y el proceso de profesionalización, terminó frustrado y va en franco deterioro.

¿Entonces usted no cree que el Ejército haya tenido un papel neutral en esta crisis?

Yo no creo que haya sido neutral. Lo que sí es que estuvo sometido a mucha presión. Yo hablo de dos presiones básicas: la responsabilidad que ellos tienen ante la subordinación legal, jurídica y constitucional del que está mandando actualmente, y luego la formación patriótica, nacionalista, ideológica, que deviene del ejercicio de la vida sandinista. En la crisis del año pasado el Ejército como cuerpo no actúa: no sale a las calles con unidades de combates a intervenir en un conflicto social. Sin embargo, aparecen fotos y videos que involucran a una serie de personas, unidades militares, armamento que le corresponde a las fuerzas armadas y oficiales en retiro en respaldo al régimen. Hay muchos señalamientos al respecto, pero nadie quiere investigar y saber la verdad.

¿Usted qué cree?

Para mí, sí hubo participación de personas fanáticas que ya habían participado en otras épocas. Por ejemplo, yo conozco a un coronel de Masaya que para una campaña electoral se quitó el uniforme y fue a garrotear a miembros de un partido político de oposición, cuando todavía estaba en funciones. Además, la falta de profesionalización del Ejército se ve en la metida de negocios que en primer lugar fueron institucionales, pero después se convirtieron en personales.

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¿Cómo cree que debió actuar el Ejército?

Aquí lo que queremos es un Ejército para siempre, al ritmo de los cambios y del desarrollo. No a su propio ritmo. Yo no comparto la tesis de que un jefe diga: “Hasta aquí llego”. Aquí no hay un dueño del Ejército, el dueño es el soberano, el país, quien lo mantiene, y a quien se le ha hecho la promesa de defenderlo, de protegerle su integridad territorial, y que las cosas políticas son problemas del resorte político.

¿Qué percibe usted?

Un desplazamiento de altos oficiales del Ejército emitiendo criterios y desplazándose hacia las posiciones del régimen. Muy veladamente pero sí lo hace.

El general Avilés aseguró que no existen grupos paramilitares. ¿Qué opina usted de eso?

Precisamente ese el desplazamiento. Porque creo que estaba muy bien sin expresar nada, sin entrar al debate político. Estaba bien defendiendo las posiciones del Ejército. Pero ahora lo expuso a la crítica nacional. Vamos a ver lo qué se responde internacionalmente al respecto, porque ahora yo creo que sí empezará un trabajo de investigación al respecto.

¿Cómo se interpretan sus declaraciones entonces?

Más que una expresión de dureza, creo que corresponde a una profilaxis política, al decir que “el que levante la mano contra mí, u opine contra mi familia, se las va a ver conmigo”. No creo que sea un problema personal, familiar, ni siquiera institucional, sino que es una crisis nacional y ahí se requiere madurez. Porque cualquier actuación de las fuerzas armadas crea desbalance.

¿Usted cree que el Ejército todavía puede jugar un papel importante en la conclusión de esta crisis?

Yo creo que sí. De su madurez, apego a la ley, sentido común, debemos esperar un comportamiento que contribuya a una salida pacífica, negociada y de paz duradera. Ahora, de acuerdo con la historia de Nicaragua, la soberanía no ha dependido de ningún ejército. Aquí han sido los pueblos los que han desarmado a las instituciones armadas, no un cuerpo armado desarmando a otra.

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¿Cómo ve el futuro de esta institución?

Todos los poderes son conservadores. No se comprometen. De manera que el Ejército lo veo dedicado a preservarse. Si es sensato, de sentido común, se va a preservar y va a contribuir. Ahora, si bien es cierto que hay algunos oficiales desaforados o con apegos personales y políticos, creo que la institución al final como cuerpo va a regir. El cuerpo es el que dominará al final.

¿Creía que se iba a lograr un cambio el año pasado?

No, porque no se puede lograr un cambio de la noche a la mañana. Eso es ingenuo. De modo que yo lo veo como un proceso. Estamos en la mitad del proceso. Hay dos tesis: la de la dictadura que quiere terminar su período y destilar represión contra la población para permanecerse por más tiempo. La otra es la de la población que no está satisfecha y sigue sufriendo represión, y por lo tanto, cree que la crisis debería resolverse por la vía pacífica y conciliada.

“Si bien es cierto que hay algunos oficiales desaforados o con apegos personales y políticos, creo que la institución al final como cuerpo va a regir. El cuerpo es el que dominará al final”
Carlos Brenes, coronel del ejército en retiro

¿Cuál de las dos posiciones cree que se va a imponer?

No es tan simple. Yo creo que tiene más viabilidad la salida pacífica y negociada. No hay una estructura en el mundo, ni siquiera los mismos rusos, dejan de decir que la mejor salida sería esa.

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Sin embargo, la historia de Nicaragua indica que todas las salidas a las crisis políticas han sido violentas…

Esto está en mano de personas que tienen que cambiar su manera de ver el mundo. El régimen tiene hacerlo más temprano que tarde, porque esta crisis se podría resolver por la vía electoral.

Uno de los actores del escenario político es la Alianza Cívica. ¿Qué opina sobre esta organización?

Es una criatura recién nacida: tiene un año y unos meses. Es como estarle pidiendo que corra a un niño que tiene un año. Creo que estamos pidiendo mucho. No es lo que necesitamos en este momento, pero es el mejor instrumento que tenemos a mano. Hace falta mucho y hace falta integrar más movimientos, como las personas de todos los territorios que se sumaron, porque de ellos fue el reclamo.

Carlos Brenes, excoronel del Ejército. LAPRENSA/O.Navarrete,

Eso es un trabajo descomunal…

Pero se tiene que hacer. En eso sí el régimen nos lleva 40 años de ventajas.

Puede ser un proceso más largo entonces…

Esa experiencia la está queriendo ahogar el régimen. Hará lo imposible porque desaparezca, para que no funcione la Alianza, para que no tenga vida, y no dejar que haya facilidad de competencia. Porque si se crea algo nuevo, habría que transitar lo que hizo este niño (Alianza) en este año y meses.

¿Cree que esta es la estrategia de Daniel Ortega?

Yo creo que la dictadura le declaró el estado vegetativo y está dejando que se muera sola la Alianza. No la va a matar, pero va a dejar que se muera. Acabar con la Alianza Cívica es la estrategia inicial para continuar. Mientras tanto, la Alianza tiene que desarrollarse y sobrevivir, porque es más difícil construir una estructura que represente a tantos sectores.


Plano personal

Forma parte del Grupo Patriótico de Militares en retiro conformado en 2011.

Salió del Ejército el 7 de abril de 1992.
Se hace llamar “el enlace” entre el Frente Sandinista y la comunidad de Monimbó, de donde es originario, e intervino en un levantamiento en 1983, cuando ya era parte del Ejército de Nicaragua.

Carlos Ramón Brenes Sánchez fue encarcelado el año pasado por los supuestos delitos de terrorismo, crimen organizado, entorpecimiento de servicios públicos y daño, en perjuicio del Estado de Nicaragua y la sociedad nicaragüense.

Es nieto de un presidente de Nicaragua, el político liberal Carlos Brenes Jarquín, designado como presidente por el Congreso entre junio de 1936 y enero de 1937, después de que Juan Bautista Sacasa abandonara el poder presionado por Anastasio Somoza García.

A su hija la nombró Thelma Segovia. El primer nombre por su exesposa y el segundo por ser el lugar donde desarrolló la lucha Augusto C. Sandino. Le hubiera gustado tener otro hijo para llamarlo Camilo, en honor a Camilo Ortega.

Es diabético, hipertenso e insulinodependiente desde hace 30 años. Se inyecta dos tipos de insulinas tres veces al día.

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