El misterio del tercer piso de la Upoli contado por quienes estuvieron dentro

Unos señalan este lugar como un centro de torturas, otros aseguran que solo fue un lugar donde se guardaron insumos médicos y alimentos. En lo que coinciden es en que existió y que ahí mandaba El Viper

Pasó de ser un aula de clase a transformarse en una improvisada oficina. Las mesas y los pupitres fueron sacados para dejar espacio para tres sillas y un escritorio sobre el que siempre había dos pistolas. En la silla del centro siempre se sentaba Cristhian Josué Mendoza, más conocido como el Viper, y a su lado dos de sus colaboradores más cercanos. Así lo recuerda Junni, una estudiante que prestó atención médica el tiempo que los universitarios pasaron atrincherados en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli).

Según la declaración que hizo Cristhian Mendoza (el Viper) a la Policía, este llegó a la Upoli el 21 de abril, una fecha que nadie puede confirmar. No se sabe cuándo llegó y cómo se hizo con el mando del tercer piso de esta universidad.

“Cuando miramos él se autonombró”, dice la joven que prefiere mantener el anonimato por motivos de seguridad.

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Un año después tras ser excarcelado el Viper aseguraría que entrar a la Upoli fue relativamente fácil.

“No se había formado el Movimiento 19 de Abril aún, yo dije lo que sabía hacer y me quedé, poco a poco el estallido estudiantil se volvió una lucha de todo el pueblo y no nos faltaron municiones para repeler a las turbas”, dijo en una entrevista a LA PRENSA.

“El tercer piso existió”

El rumor sobre el tercer piso de la Upoli fue iniciado por los representantes de la Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua (UNEN) y sobre todo por Leonel Morales.

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“Un grupo de personas están fabricando armas hechizas. Están llegando camionetas blindadas donde les llevan armamento, les llevan gasolina”, dijo el presidente de UNEN-Upoli el 26 de abril de 2018. Luego señalaría el tercer piso de esta universidad en reiteradas ocasiones haciéndolo incluso durante el primer diálogo entre los representantes de Daniel Ortega y la Alianza Cívica.

En un primer momento fue el espacio escogido por los estudiantes para realizar sus reuniones, luego fue un lugar para almacenar víveres y finalmente “El Viper” se instaló en sus aulas. LA PRENSA/Archivo
En un primer momento fue el espacio escogido por los estudiantes para realizar sus reuniones, luego fue un lugar para almacenar víveres y finalmente “El Viper” se instaló en sus aulas. LA PRENSA/Archivo

Una buena parte de los estudiantes que se atrincheraron en la Upoli procedía de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), este recinto sufrió fuertes ataques policiales durante los primeros tres días de protestas. Al estar en una zona de Managua en la que no hay barrios aledaños los estudiantes se quedaron solos y fueron desalojados por las fuerzas policiales.

Edwin Carcache fue de esos jóvenes que estuvo en la Upoli. Al llegar a esta universidad se sorprendió al ver que junto a los estudiantes estaban los habitantes de los barrios vecinos.

“Al llegar miré a muchos estudiantes, pero también estaban las personas de los barrios, mirábamos a jóvenes, ancianos, niños y mujeres levantando barricadas”, recuerda Carcache, líder estudiantil, quien pasó los siguientes días sin salir de la Politécnica.

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Entre los universitarios se corrió la voz de que esta universidad se estaba convirtiendo en un “bastión” y poco a poco fueron llegando más y más estudiantes.

Rodrigo Espinoza celebró su cumpleaños número 22 dentro las celdas de castigo “el Infiernillo”, del centro penitenciario La Modelo. Fue secuestrado en julio de 2018 por paramilitares. Al igual que otros jóvenes, el estudiante de Ingeniería Agrícola tuvo que salir de la UNI rumbo a la Upoli. Al haber tantas personas fue necesario organizarse y fue entonces cuando nacieron las comisiones de seguridad, comunicación, organizativa y la comisión médica.

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Los estudiantes decidieron que el tercer piso del edifico central de la universidad fuera el lugar donde se organizarían. El grupo de aulas que conforman la tercera planta de la Upoli fue acondicionado para que ahí se almacenaran los alimentos, otra aula sirvió como sala de reunión donde se realizaban las conferencias de prensa o se grababan los pronunciamientos y otra aula fue dispuesta para “guardar los morteros”. En esto concuerdan los testimonios de Edwin Carcache, Rodrigo Espinoza y el excarcelado Marlon Fonseca.

“Ese era un espacio donde se almacenaron los morteros y las molotov para la defensa”, recuerda Fonseca quien asegura que en ningún momento llegó a ver armas. La estudiante Elsa Valle también reconoce la existencia del tercer piso como cuartel de la rebelión y confirma que se guardaba alimentos y que ahí se mantenía “la directiva del Viper”.
“En un cuarto había una gran montaña de pan, en otro había agua, y en otro se hacían las conferencias de prensa”, describe Valle, quien asegura que por medidas de seguridad no cualquiera podía tener acceso al tercer piso.

“Desde ahí operaba y ahí dormía”

Las personas entrevistadas para este reportaje coinciden en que el Viper prácticamente vivía en el tercer piso. Unos lo achacan a que por su contextura física eligió este lugar porque había aire acondicionado y otros señalan que se sentía cómodo porque estaba aislado y se podía observar desde la altura gran parte del perímetro de la universidad.

La creación de las comisiones fue difícil, ya que según Carcache había muchos egos entre los estudiantes. “Venía uno de la UNI y ellos querían liderar, luego se presentaban otros de la Universidad Agraria y era lo mismo”, esto se repetía en el resto de comisiones, menos en la de seguridad, donde con puño de hierro y acuerpado por Humberto H, Kennet Romero apodado Rasta, Néstor Molina alias Tiffer y Ezequiel Leiva llamado 8 de Marzo, llegó el Viper a imponer su ley entre los estudiantes.

Una de las aulas fue utilizada para guardar lanza morteros, morteros y bombas molotov. Los estudiantes aseguran que nunca tuvieron armas. LA PRENSA/Archivo
Una de las aulas fue utilizada para guardar lanza morteros, morteros y bombas molotov. Los estudiantes aseguran que nunca tuvieron armas. LA PRENSA/Archivo

Humberto H era el segundo al mando, los mismos estudiantes sospecharon que este era un infiltrado. En tanto, 8 de Marzo, según el testimonio de Junni, era el encargado de dirigir desde la calle a los “ninjas” que eran pandilleros del barrio 8 de Marzo. Mientras que dos sujetos apodados el Perro y Marihuanita eran los encargados de seguridad. El relato de Junni concuerda en muchos aspectos con la versión de la Policía.

—¿Por qué los estudiantes no hicieron nada ante las imposiciones del Viper?
—Es simple. Le teníamos miedo —responde Junni.
—¿Miedo a qué?
—A que ordenara llevarnos al tercer piso y nos torturaran.
—¿Los torturaba él?
—No, él solo ordenaba las torturas y las ejecutaban los otros. Hasta usaban ácidos para torturar.

Según el testimonio de Junni, que hoy se encuentra en el exilio, varias veces logró estar cerca del aula que funcionaba como “sala de interrogación”, esto gracias a su estrecha amistad con Néstor Molina, Tiffer, que era uno de los más cercanos colaboradores de Cristhian Mendoza.

Los interrogatorios de entrada eran tensos. Mendoza tenía una especie de doble personalidad a la hora de interrogar.
“Cuando se enojaba te volteaba los ojos, giraba el cuello y resoplaba”, dice Junni, quien en muchas ocasiones escuchó gritos en la “sala de interrogación”.

También en el tercer piso se almacenaron los alimentos y donaciones que recibieron los estudiantes. LA PRENSA/Archivo
También en el tercer piso se almacenaron los alimentos y donaciones que recibieron los estudiantes. LA PRENSA/Archivo

Elsa Valle contradice esta versión y asegura que los morteros estaban en otro edificio. “En el tercer piso no hubo nada fuera de lo común. Reuniones y conferencias hasta donde yo sé”. Valle también dice que cuando no se estaban realizando reuniones había acceso normal al tercer piso.

La estudiante niega rotundamente la existencia de un cuarto de tortura en el tercer piso y señala que toda la leyenda tras esto es culpa del régimen orteguista, y que lo que se hacía con los infiltrados era sacarlos de las instalaciones sin torturarlos.

“Lo que se hacía es que si agarraban a un infiltrado le quitaban el celular y lo golpeaban en la salida y le decían que no volviera. Pero cuarto te tortura no, yo que entraba a ese tercer piso nunca vi un cuarto de tortura. A menos que haya sido el del pan, pero no creo. Eso es algo estúpido e ilógico que sacó el gobierno”, afirma Valle de manera rotunda.

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Mientras que según Junni, los interrogatorios eran contra jóvenes a los que sospechaban que eran infiltrados. Según ella, Cristhian Mendoza era capaz de encarnar al típico “policía bueno” que es conciliador, que ofrece una salida por las buenas y al mismo tiempo podía ser el “poli malo” que reacciona con violencia y gritos.

Cuando estos interrogatorios comenzaron a ser frecuentes fue cada vez más difícil el acceso al tercer piso. Los dirigentes estudiantiles fueron perdiendo peso y poco a poco comenzaron a ser relegados por la presencia del Viper.
“Quería pasar sobre la directiva, comenzaron a amenazar a Jairo, Jean Carlos, Carcache y a Rodrigo. Tenían la autoridad por la fuerza”, señala Marlon Fonseca, quien trató de mantenerse al margen del tercer piso y fue uno de los primeros en abandonar el recinto.

Los que se infiltraron

En la Upoli comenzaron a entrar sujetos que no eran estudiantes. Según Rodrigo Espinoza, siempre recibieron apoyo por parte de pandilleros de los barrios aledaños, pero estos se mantenían en las más de ocho barricadas alrededor de la universidad. Poco a poco otros sujetos armados comenzaron a llegar al interior de la universidad y se robaron varios equipos y dañaron las instalaciones.

“Esos no eran estudiantes”, señala Espinoza quien pone como ejemplo la noche del 23 de abril cuando “llegó de sorpresa Telémaco Talavera”, presidente del Consejo Nacional de Universidades.

“Llegó escondido en una ambulancia. Andaba escoltado con dos policías vestidos de civil y andaba un chaleco negro. Nadie lo tocó, nadie le hizo nada, más bien le hicimos un cordón de seguridad. Si éramos delincuentes le habríamos hecho algo”, alega Espinoza.

Vela del cuerpo de Jommy Parajón uno de los ciudadanos que fue asesinado en la Upoli. Este recinto universitario fue durante más de 50 días uno de los “bastiones” de resistencia contra la dictadura de Daniel Ortega. LA PRENSA/Archivo
Vela del cuerpo de Jommy Parajón uno de los ciudadanos que fue asesinado en la Upoli. Este recinto universitario fue durante más de 50 días uno de los “bastiones” de resistencia contra la dictadura de Daniel Ortega. LA PRENSA/Archivo

Cuando las instalaciones comenzaron a ser dañadas, las autoridades de la universidad se comunicaron con Edwin Carcache y otros estudiantes para exigirles que dejaran el recinto.

“Nosotros nos comunicábamos directamente con la universidad. Yo me volví responsable ante el patronato de la Upoli. Nos dijeron que si no abandonábamos la universidad iban a tomar medidas legales contra nosotros”, explica Carcache quien lamenta que acciones ilegales se realizaran en la universidad.

El excarcelado culpa de estas acciones al régimen orteguista y señala que usaron al Viper para manchar la lucha.
“Es una persona que se deja llevar mucho por los sentimientos. A Cristhian lo usaron. Él fue el único preso político con el que tuve contacto en la cárcel y creo que cometió muchos errores”.

La caída del Viper

Un mes duró el reinado del Viper en la Upoli. La supuesta expulsión de este tiene varias versiones. Unos aseguran que fueron infiltrados del régimen los que lo sacaron, otros que fueron estudiantes. Lo cierto es que el 20 de mayo, mientras un joven con la cara tapada con una camisa aseguraba que habían sacado al Viper porque este “los vendió a la Juventud Sandinista”, al fondo se observa a Cristhian Mendoza salir en una foto por el portón principal.

“Lo sacamos y lo custodiamos”, dijo el encapuchado mientras al fondo se mira como el Viper sale por el portón principal, se sube a la motocicleta y se marcha.

Para sacarlo en la Upoli se armó una balacera, esto según el mismo Viper y el testimonio de Junni.

“Ese día muchos jóvenes por temor se fueron, nuestros doctores se fueron, pero hubo un grupo de estudiantes y pobladores que dijeron que no me abandonarían, hicieron un círculo alrededor de mí y cuando los hombres (paramilitares) llegaron, entendieron que para matarme tenían que matar al resto. Nos dejaron ir, entre golpes, pero lo hicieron, desde ese momento en la universidad quedaron esas turbas del gobierno y ellos fueron quienes la destruyeron e iniciaron a manchar la protesta cívica”, dijo en una entrevista LA PRENSA al ser excarcelado el 11 de junio.

El 31 de mayo el Viper fue capturado por paramilitares orteguistas a plena luz del día en el barrio Riguero. Igualmente fueron secuestrados los jóvenes Andrew Úbeda y Katherine Ruiz. Posteriormente fue acusado de varios crímenes y condenado a 59 años de cárcel.

Con la salida del Viper de la Upoli las cosas lejos de mejorar se pusieron peores. Al no estar la figura del Viper que infundía temor comenzaron a llegar más personas que según los estudiantes eran delincuentes comunes e infiltrados.

De esto se lamenta Edwin Carcache quien admite que no supieron cómo reaccionar ante estas personas que llegaron incluso con armas.

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Llegó un momento en el que en la Upoli había dos organizaciones muy diferentes. Por un lado la visible que eran los estudiantes que daban las conferencias de prensa y por otro lado estos personajes oscuros a los que algunos señalan como infiltrados o simplemente delincuentes. Esto causó que muchos se desanimaran y abandonaran la universidad.

Al ser excarcelado, el Viper negó todas sus declaraciones en las que señalaba de graves delitos a varias personas.

“Empezaron a mencionarme los nombres de mis familiares. Era una amenaza, querían que me aprendiera el discurso que delataba a dirigentes opositores al Gobierno, entre ellos Félix Maradiaga, Moisés Hassan, Hugo Torres, Pío Arellano. Prepararon un guion para que me lo aprendiera de memoria, todo es una mentira”, confesó a LA PRENSA, en una de las pocas entrevistas que ha dado desde que fue excarcelado.

El nueve de junio y tras 52 días atrincherados los estudiantes anunciaron que dejaban las instalaciones de la Upoli “por la alta presencia de infiltrados”.