Puros cuentos

Y para aquellos que repudian la literatura, el cuento, la novela, el ensayo, la poesía, la pintura, la escultura, la arquitectura y las bellas artes, sepan que “no solo de pan vive el hombre. También vive de todo aquello que sale de la boca de Dios”.

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CARTAS DE AMOR A NICARAGUA

Querida Nicaragua: Alguien me criticó estos escritos y me sugirió ocuparme más de los problemas nacionales y no solo de contar cuentecitos. Le respeté su derecho a criticarme recordándole que también él debía respetar el derecho a la libre expresión del ciudadano.

En los años ochenta por pura casualidad coincidimos en un avión en ruta a Panamá, el suscrito y un famoso escritor nicaragüense, en ese tiempo trabajando para el sandinismo. Yo era divulgador de la Contra en Costa Rica y el personaje en cuestión ocupaba un asiento a dos líneas del mío. Habiendo leído varios cuentos del entonces funcionario sandinista, algunos de ellos muy amenos como Tropeles y Tropelías, y conociendo su talento, sentí el deseo de cambiar algunas frases con él. Muchos de sus cuentos tenían ya alguna fama y quise darle mi criterio, en aquel momento, sobre mis preferencias al respecto. Fue una imprudencia pero me le acerqué y puse en sus manos una nota que decía: “Estos son los mejores tres cuentos nicaragüenses que conozco: Agosto, de PAC; Los Monos de San Thelmo, de Lizandro Chávez Alfaro, y El Sueco, de Ernesto Cardenal. Por su puesto que de aquel tiempo a esta parte ha corrido demasiada agua bajo el puente y han surgido nuevos talentos que lograron fama continental y mundial. No me es posible transmitir aquí ni siquiera una pequeña parte de las reflexiones de Pablo Antonio Cuadra viajando en mula por interminables llanos granadinos y sanjuaneños, la filosofía a lomo de mula y reconociendo y tomando apuntes sobre la bellísima tierra donde Dios le hizo nacer. Puedo recordar con tristeza y dolor a los pobres niños enjaulados cual si fuesen monos para irlos a vender como animalitos sin que siquiera se dieran cuenta. Lizandro Chávez dejó todo un mensaje, todo un legado de dignidad y una historia ejemplar para que nunca más se abuse de la inocencia de los niños y de la abulia del politiquerismo criollo que negocia hasta con la humanidad de nuestra niñez.

Y El Sueco, de Ernesto Cardenal, es todo un cuadro, un lienzo de siglos pasados donde el lector va viviendo de suspenso en suspenso la prisión de aquel hombre íngrimo que no puede comunicarse con nadie porque nadie en nuestro país puede hablar en idioma sueco.

Y para aquellos que repudian la literatura, el cuento, la novela, el ensayo, la poesía, la pintura, la escultura, la arquitectura y las bellas artes, sepan que “no solo de pan vive el hombre. También vive de todo aquello que sale de la boca de Dios”. Y todo lo que en arte y literatura y escultura y obras de arte vemos, las novelas, los cuentos, el teatro… todo ha salido de la boca de Dios.

El autor es empresario radial. Fue candidato a la Presidencia de Nicaragua.