Embargo a Venezuela revive el fantasma del bloqueo económico de los años ochenta en Nicaragua

Las sanciones económicas a Venezuela y la advertencia de un potencial nuevo bloqueo económico reviven en el país el tenebroso fantasma de los años ochenta

DOM REPORTAJE NICARAGUA

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Las sanciones económicas de Estados Unidos al régimen de Venezuela y las advertencias del asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, John Bolton, sobre un potencial bloqueo económico a la dictadura de Nicaragua, reviven el fantasma de la escasez y la pobreza extrema que azotó al país durante la tenebrosa década de los años ochenta, durante la primera dictadura de Daniel Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional.

“Funcionó en Panamá, funcionó en Nicaragua una vez, y va a funcionar allí otra vez, y va a funcionar en Venezuela y Cuba“, dijo este martes Bolton en la Conferencia Internacional por la Democracia en Venezuela que se realiza en Lima.

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¿Cuándo inició, cómo fue, por qué razones y qué consecuencias trajo al país el bloqueo económico de Estados Unidos?

Oficialmente, el embargo total a Nicaragua se dictó el 1 de mayo de 1985. El presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan anunció en Bonn, en vísperas de la Cumbre de los Siete, su decisión de decretar sanciones económicas contra Nicaragua bajo este argumento: “las acciones y políticas del gobierno de Nicaragua representan una amenaza extraordinaria contra la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”.

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Fidel Castro aplaude a Daniel Ortega durante la toma de posesión en 1985. LA PRENSA/ARCHIVO/Cruz Flores

¿En qué contexto ocurrió el embargo?

Diversos países democráticos, con Estados Unidos a la cabeza, venían denunciando cada vez con mayor insistencia desde 1980, una política pública de represión, persecución, ejecución y confiscaciones de tierras a campesinos, expropiación de bienes a empresarios, censura a medios de comunicación y prisión, muerte y ataque contra cualquier ciudadano que fuera considerado “opositor” por la naciente dictadura comunista.

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Ese año Washington emplazó al régimen sandinista para que dialogara con la oposición en el plazo de 60 días y adelantara elecciones libres, transparentes y supervisadas para restaurar la democracia. Envalentonado por el apoyo económico y militar de la Unión Soviética, el régimen reaccionó rechazando el llamado al diálogo y endureciendo la represión política-militar.

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Cuando se impuso el embargo económico de 1985, ya el país estaba en guerra y el régimen había impuesto el Servicio Militar Obligatorio para jóvenes desde los 17 años, mandando a morir a miles de adolescentes a las montañas. LA PRENSA/ARCHIVO PERSONAL DE OSCAR NAVARRETE

OEA y ONU insistían en un diálogo

Los foros de discusión diplomática como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de Naciones Unidas, con informes documentados de abusos y crímenes del régimen, presionaban por una salida pacífica a la crisis del país, que pronto había derivado en una guerra civil con el Ejército Sandinista y los cuerpos de espionajes atacando a los campesinos, quienes recibieron apoyo logístico, militar y financiero de Estados Unidos para su defensa.

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Mientras tanto en las ciudades y zonas urbanas, los agentes de la Seguridad del Estado del Ministerio del Interior, la Policía Sandinista, los Comité de Defensa Sandinista en los barrios y las turbas divinas en las calles, aplastaban cualquier signo de oposición.

El entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, proponía vehemente un diálogo nacional entre el régimen sandinista y la oposición liderada por sectores de la empresa privada, pero Ortega y los comandantes denunciaron a nivel internacional “que se les quería obligar a una rendición y darle golpe de estado al gobierno para imponer un régimen títere de Estados Unidos”.

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“Los Estados Unidos reiteran su convencimiento de que un diálogo político entre el Gobierno de Nicaragua y todos los elementos de la oposición, en los términos propuestos por la oposición unificada de Nicaragua en marzo 1 de 1985, es un primer paso esencial en el proceso de reconciliación nacional a lo interno de Nicaragua”, advirtió la Casa Blanca en 1985 y Ortega y los comandantes lo rechazaron.

Cuando se impuso el embargo económico de 1985, ya el país estaba en guerra y el régimen había impuesto el Servicio Militar Obligatorio para jóvenes desde los 17 años, mandando a morir a miles de adolescentes a las montañas. LA PRENSA/ARCHIVO PERSONAL DE OSCAR NAVARRETE

¿En qué consistía el embargo?

El decreto de embargo de Estados Unidos, bautizado en Nicaragua «bloqueo económico» por la propaganda oficialista, prohibía la importación de productos nicaragüenses a Estados Unidos y la exportación de toda clase de productos fabricados en Estados Unidos y países aliados a Nicaragua.

El embargo iba más lejos. Los aviones comerciales y los barcos nicaragüenses no podían aterrizar ni enclavar en territorio nacional estadounidense y viceversa.

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El 21 de abril de 1987, el presidente Reagan renovó por 6 meses más el embargo económico que había impuesto a Nicaragua el 1 de mayo de 1985 y gestionó más fondos para la asistencia militar a la Contra, las guerrillas de campesinos que combatían en las montañas a las fuerzas militares sandinistas.

A raíz del embargo, los alimentos y bienes escasearon en todo el país por muchos años hasta el restablecimiento de la democracia en 1990. LA PRENSA/CORTESÍA IHNCA

Impacto catastrófico del embargo

Los estragos económicos del embargo económico a Nicaragua fueron inmediatos y devastadores.

Apenas siete meses después, en diciembre de 1985, el bloqueo económico ya había provocado que el 90% de la infraestructura productiva se desplomara por el corte en el suministro de materias primas.

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Las dificultades de suministros, debidas no solo al bloqueo económico sino también a la falta de divisas que tiene la economía nicaragüense y a la guerra que espantaba a los proveedores, colapsaron la mayor parte de equipos y maquinaria de la industria y redujeron el 20% de la producción total.

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La falta de divisas, unida al bloqueo comercial, influyeron en la caída de la producción de las cuatro ramas industriales que conformaban la pequeña empresa nicaragüense: textil, cuero, calzado y alimentación.

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Las tiendas de electrodomésticos, ropa, juguetes y artículos de oficina colapsaron, junto a farmacias, gasolineras, distribuidoras, talleres, comiderías, restaurantes, centros de diversiones y una cantidad incontable de pequeños, medianos y grandes empresas.

Tras el embargo, la economía nacional entró en crisis y se vino la inflación y los billetes resellados por el régimen sandinista. LA PRENSA/ARCHIVO

Micoin, racionamiento, escasez y sufrimiento

De inmediato, el régimen creó un aparato de control estatal de los alimentos y una especie de “Gestapo” especial denominada Ministerio de Comercio Interior (Micoin), que confiscaba cualquier alimento o bien que se comerciara fuera de los canales estatales.

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Entonces nacieron los puestos locales de Enabas (Empresa Nacional de Granos Básicos), se dispuso una tarjeta de racionamiento por cada familia y se limitó el acceso a los alimentos.

A raíz del embargo, los alimentos y bienes escasearon en todo el país por muchos años hasta el restablecimiento de la democracia en 1990. LA PRENSA/CORTESÍA/IHNCA

Quienes no poseían esa tarjeta se abastecían de la cadena de supermercados de Nicaragua, que habían sido confiscados y bautizados Supermercados del Pueblo, donde antes de 1985, los nicaragüenses aún podían adquirir leche en polvo y había algunos artículos controlados como jabón y papel higiénico.

Después del embargo, en estos supermercados se agotaron las existencias de productos lácteos, enlatados, carnes y embutidos y los estantes en su mayoría se mostraban vacíos, contrario a las tiendas exclusivas para la élite privilegiada del sandinismo, donde se podía abastecer de todos los productos como si se estuviese en un supermercado de otro país.

Personas haciendo enormes colas, para cambiar cheques con moneda nueva en los bancos tras la operación Bertha, febrero 18 de 1988. LA Prensa/ARCHIVO

Fin del embargo en 1990

En febrero de 1990, con el triunfo electoral de la Unión Nacional Opositora, con el país destruido por la guerra y la economía en bancarrota, la administración norteamericana de George W. Bush, anunció el fin del embargo desde 1985 y reanudar la importación y exportación de productos entre ambos países y restablecer el tráfico aéreo y marítimo entre EE UU y Nicaragua a partir de la toma de posesión de la presidenta Violeta Barrios de Chamorro en abril de 1990.

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