Nindirí, histórico y legendario

Hoy Nindirí es la tierra del hombre nuevo en la que siempre por el aire vuelan los pájaros y el pasionario ruiseñor se refugia en la flor de la magnolia; por ende, y la gracia del Dios Altísimo

Nindirí, una pequeña ciudad de la geografía nacional donde las costumbres y la tradición se combinan de generación en generación, transmitiendo los valores con el calor del espíritu cristiano.
Hoy llamada por nosotros “Tierra de Encantos y Leyendas” es el hogar perfecto donde se recrea la belleza y se ennoblece la vida; en sí, es un emporio de aquellos viejos aborígenes que vivieron en chozas tejidas de palmas y bejucos, igual que los aztecas de México o los incas del Perú bajo las cuales se deleitaba observando en sus frugales alamedas, sobre las que brillaba un sol de oro, al guacamayo meciéndose con el soplo del viento, en tanto en sus jardines naturales florecía el Lilan entre variados colores.

Tierra histórica y legendaria, cuyo espacio, fue ayer tránsito entre el norte y el sur de América, sobre el que grupos de diferentes culturas se estacionaron conformando pueblos que aquí nacieron, haciendo su propia prehistoria, precioso legado cultural náhuatl chorotega predominando en el tiempo y el espacio tal dijera Fray Gregorio García, “que desde Soconusco —Nuevo México— llegaron a la región del pacífico de Nicaragua, desarrollando un floreciente emporio artístico cultural”.

Así Nindirí hoy es un reducto prehistórico de culturas toltecas, aztecas, pipiles o mangues, pero ante todo náhuatl chorotega; corriente cultural que aún palpita por aquí cuando llamamos a las cosas por su nombre y vemos sus huellas en la cerámica policroma, las estatuillas líticas del Museo Arqueológico Tenderí, y más todavía, el Teocali sobre el que eran ofrendaron lindas doncellitas a los dioses particulares.

En este otro contexto Nindirí reafirma un resumen cultural que se manifiesta particularmente en la danza de los Chinegros remanente de lejanas tradiciones náhuatl de los siglos IV o V d.C. que luego en el siglo XVI se desarrolla deformada o afectada por esta tierra a causa de la incidencia del estado colonial imperante que impuso el sincretismo religioso sociocultural, transformando las creencias y rituales ante lo que Huitzilopochtli, dios de la guerra y la victoria, es sustituido por el Apóstol Santiago símbolo guerrero de la leyenda de Compostela, como patrono y máxima expresión de la fe católica inspirada y proclamada por la evangelización.

Finalmente hoy Nindirí es la tierra del hombre nuevo en la que siempre por el aire vuelan los pájaros y el pasionario ruiseñor se refugia en la flor de la magnolia; por ende, y la gracia del Dios Altísimo, cuando el crepúsculo se desparrama tras la montaña el cielo parece una llamarada que de rojo se ha encendido, así cuando llega el alba, es como el color del mar, un infinito azul, como si anunciara que el día comienza con el pensamiento del cielo.

El autor es periodista e historiador.

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