Restaurantes y familia

¿En qué contribuye un sitio para la familia? En primer lugar, da pie a estar juntos compartiendo un tiempo de comida. También a la solidaridad al momento de aportar con dinero al pago de la cuenta

Hace unos días visitamos un restaurante de pizza en Galería. El común denominador eran comensales constituidos por familias, padres e hijos. Al mirar alrededor me puse a hacer un análisis y observé la importancia de lugares de entretenimiento que propician la unidad familiar.

Haciendo una reflexión concluí que estos sitios pueden ser lugares que contribuyen de manera indirecta al fortalecimiento de la familia. No es algo nuevo, ha habido estudios que reflejan que la familia que mantiene un tiempo de comida juntos, contribuye a la estabilidad emocional de ese núcleo familiar, pues la comida al ser una necesidad satisfecha permite una espontaneidad para abrirse al diálogo, el compartir y el de dar gracias.

¿En qué contribuye un sitio para la familia? En primer lugar, da pie a estar juntos compartiendo un tiempo de comida. También a la solidaridad al momento de aportar con dinero al pago de la cuenta. Da la oportunidad de la cooperación, cuando el padre sostiene al niño bebé para que su madre pueda comer, o los hermanitos le ayudan al otro a servirse el refresco, mientras mamá atiende al más pequeñín. Es decir, una oportunidad de dar ejemplo de amor y cooperación. Este lugar también es partícipe de incorporar a los pequeños en el mismo nivel de las mesas, al proporcionar sillas para niños al nivel de la mesa principal y este pequeño acto tan sencillo permite que toda la familia esté en iguales condiciones.

La ambientación debe ser acogedora, donde no existan imágenes que distraigan lo más importante, la reunión familiar, así como la música o la televisión que está ahí encendida. Aunque esta última, considero que no es necesario porque son muy poquitos los comensales que se detienen a verla. Sin embargo, creo oportuno considerar que estos sitios deben de tener en ofertas bebidas no carbonatadas, y ser agentes de cambio para una sociedad más saludable en su ingesta. Y ser más propicios en tener condiciones de infraestructura más acorde con la incorporación de niños en estos sitios, mesitas y sillas al tamaño de ellos. Tener ofertas para mesas que tengan el número más grande familiar.

Y por último es un espacio para agradecer, sí, agradecer el momento de tranquilidad y armonía que se vive, dar gracias a Dios por permitir poder comer fuera de casa ocasionalmente, dar gracias al personal que atiende con una propina, dar gracias a los hijos que comparten con los padres de manera respetuosa. Y sobre todo dar gracias porque se tiene una familia.

La autora es abogada asesora familiar.
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