Gioconda Belli: “Ortega no necesita al Ejército, se siente respaldado por los paramilitares”

En esta entrevista repasa la actualidad de Nicaragua y recuerda como eran Daniel Ortega y Rosario Murillo en los 80

Gioconda Belli dice pensar mucho sobre la crisis. Tiene varias ideas, consejos y preguntas. En esta entrevista habla sobre el papel de las redes sociales en la actual crisis, de la Alianza Cívica, el nuncio apostólico y de lo que esperaba que hiciera el Ejército durante la represión.

Cuenta, además, cómo fue su relación con Daniel Ortega y Rosario Murillo en los años ochenta y lo que le ha sorprendido y lo que no de las acciones de estos.

¿Cómo se enteró del estallido de las protestas del 18 de abril de 2018?
Estaba en Italia, había empezado una residencia de escritores el 16 de abril y estaba preparándome para trabajar en un guion de mi novela Waslala. Miré espantada las noticias y recuerdo a Ana Quirós con la cabeza rajada, me acuerdo de ver unos videos donde pateaban a un muchacho contra un vehículo. Era algo que yo me quedé no solo horrorizada, sino también pensando que era algo inaceptable. No me extrañó nada lo que empezó a suceder, que se rebelara la gente, que se metieran los muchachos a la universidad. Pero cuando empieza a morir la gente es otro nivel de angustia.

Pasado más de un año, ¿cómo mira la situación de Nicaragua?
Ahora yo siento que estamos en un estancamiento. Creo que hay un problema ideológico que quisiera que se resolviera entre las fuerzas de oposición, que es un problema de posiciones antagónicas en términos de derecha e izquierda. Me parece que esta unidad que se está tratando de forjar, va a ser muy difícil de construir.

¿Cuál cree que sea la solución?
Yo creo que se pueden hacer dos fuerzas que realmente se puedan juntar y que puedan actuar. Mientras más tiempo pasemos en estas discusiones, más tiempo gana la dictadura. La otra cosa que he pensado es cómo vamos a hacer unas elecciones en esta situación. Creo que Daniel Ortega no va a soltar la calle, y entonces ¿cómo imagino unas elecciones donde no haya posibilidad de manifestarse y hacer campaña? Luego creo que hay que pedir la personería jurídica de las diferentes fuerzas. Hay que empezar por lo menos y luego llegar a lo más.

¿Cómo se superaron este tipo de fragmentaciones contra Somoza?
En ese tiempo el Frente Sandinista tenía una cohesión ideológica. La división fue por una cuestión de tácticas. Todos tenían ideas de cómo hacer las cosas. Entonces se creó un frente amplio en el que coincidieron todos y cuyo objetivo era botar a Somoza. Pero incluso yo me pongo a pensar que si hay dos fuerzas y llegamos a triunfar, siempre va a existir un parlamento donde estarán personas de todas las tendencias políticas, que es muy importante. Me parece correcto que cada quien tenga sus posiciones, que haya un balance, que se le jale la chaqueta a la empresa privada, y a los que se van muy a la izquierda. Insisto mucho en lo de las personerías jurídicas, son un paso que este gobierno tiene que dar si realmente tiene alguna seriedad en que va a hacer elecciones.

¿Le sorprendió que Daniel Ortega diera por terminada la mesa de negociación?
No. Ellos quieren dar la impresión de que son un gobierno respetuoso de las normas. El nuncio ha hecho un buen papel a mi manera de ver dentro de sus limitaciones. No sé quién esperaba que el nuncio fuera como monseñor Silvio Báez. Pero dentro de las limitaciones y de las limitaciones del diálogo que las puso Daniel Ortega, el nuncio hizo lo que pudo. Por lo menos tenemos la alegría de que sacaran a los presos políticos. Al final, yo creo que va a haber otro diálogo. Van a tener que sentarse, esas reformas electorales no sé cómo las va a hacer el gobierno, pero yo creo que esta clausura del diálogo le va a costar muy caro en términos de sanciones, de aislamiento. También nosotros como oposición tenemos que salir de este impase. No se sale de esto solamente saliendo a las calles, se pueden buscar otras maneras.

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¿A qué se refiere?
La gente debe de aprender a tener cuidado y a estar en silencio. Creo que se está montando un aparato de espionaje de barrio y de todo. Por eso estamos viendo caer a los muchachos y a las muchachas. Aquí no se ha acostumbrado a la gente de que ya no hay libertad. Aquí la libertad se acabó y tenemos que actuar con esa presencia de ánimos y con esa claridad de que tenemos que ser cuidadosos en nuestro alrededor.

¿Le sorprendió el nivel de represión de Daniel Ortega y Rosario Murillo?
Sí me sorprendió. Desde hace muchos años yo estoy en contra de la manera en la que se han ido adueñando del poder, yo dije de que eran como una monarquía. Pero no pensé que iban a llegar a ese nivel de violencia y, sobre todo, de saña. No es nada más la violencia, hay una actuación con saña. Ahora no dan cuenta de todo lo que hicieron y eso me parece arrogancia y un síntoma de la noción del poder que ellos tienen. Tienen una noción absoluta de que se debe de hacer, de la verdad, la mentira y una manipulación absoluta del lenguaje.

Usted los conoció personalmente. ¿Qué pasó con esas personas?
Daniel Ortega nunca me cayó bien. Me llevaba con él mal y tuve muchas discusiones y yo era la que hacía ruido. Me corrieron de comisiones por cuestionar cosas. Nunca fue santo de mi devoción y nunca lo miré como el gran dirigente. Rosario es una persona muy complicada. La conocí y además la vi actuar en la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura. Es una persona que no tiene ningún escrúpulo en decir una cosa y hacer otra. Es muy manipuladora. Ella lloraba, actuaba de una manera poco limpia y transparente. Podía hacerle daño a la gente sin que le temblara la mano y eso es lo que hemos visto ahora. De esa capacidad para reprimir, para matar, para abusar de la gente que está presa. Aquí estamos volviendo a vivir lo de las dictaduras de Chile con Pinochet, Videla, eso es lo que parecía. Uno estaba pensando en la noche que iban a llegar a llevárselo. Eso no se había visto en las últimas décadas en América Latina.

Se cumplieron 40 años de la Revolución sandinista, ¿qué queda de eso?
No queda mucho desafortunadamente. Creo que hay un caldo sandinista que también ha dado a luz a este movimiento de rebelión. Un caldo de lucha contra la tiranía. La gente sintió que se comenzaba a imponer otra tiranía cuando comenzaron a matar. La gente antes decía: “vamos a ver qué pasa” y no reaccionaba, hasta que vieron morir a la gente, porque eso ya si te traía directamente al tiempo de Somoza en la memoria. Reaccionaron las familias, los que eran sandinistas y salieron los muchachos.
Antes hablaba de que quedaba el Ejército como un cuerpo serio y apolítico. Me ha dado mucha tristeza ver los actos del Ejército con la bandera del partido de gobierno, que no debería de estar ahí. Ahora creo que el Ejército está atrapado con todos nosotros porque el día en que el Ejército quisiera hacer algo, están los paramilitares y están los policías y se arma una guerra.

¿Qué esperaba del Ejército?
Que tuviera una actitud más activa al principio y que golpeara la mesa de Daniel Ortega y le dijeran: “Usted se para ya y no pueden haber paramilitares”. Ahí hay lealtades y un sentido diferente de lo que es el Ejército. Debieron de actuar con más firmeza.

¿Piensa que ahora es tarde para actuar?
Sí. Porque Ortega y Murillo ya tienen un ejército. No necesitan al Ejército. Y si el Ejército quiere poner sus condiciones les van a decir que no, así como nos dicen a todos, ellos se sienten con esa fuerza y respaldados por esa fuerza paramilitar que han creado.

De perder Ortega unas hipotéticas elecciones, ¿cree que usará a estos paramilitares?
Sí, pienso eso. Por eso quien venga al poder tiene que tener una actitud bien firme. Yo pienso que Daniel Ortega va a perder las elecciones, de eso estoy segura. No hay manera de que gane las elecciones.

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Ortega repite constantemente lo de las elecciones hasta 2021.
Somoza tenía un rótulo que decía “Somoza forever”. Me acuerdo que estaba en el Hospital Militar. El Frente Sandinista también en 1989, en la campaña electoral tenía unos enormes rótulos que decían “Ganamos”, o sea desde antes. Yo siempre me opuse a eso. He sido publicista y realmente fue una campaña pésima la que hicieron. Pero ya no tuve ninguna responsabilidad porque me corrieron de la comisión de propaganda.

Ahora la propaganda ha cambiado mucho con la entrada de las redes, ¿qué papel tuvieron durante las protestas?
He visto una cosa muy sana, de discusión, de pleitos, de catarsis, lo que veo ahora es que sí hay problemas por el impase. En lugar de buscar qué hacer, el colectivo está agarrando esa energía y tirándola contra sí mismo. Entonces los blancos que aparecen ahora son la Alianza, la empresa privada, fulano que hizo tal cosa, o hay una visión bastante idealista de que se va a lograr quitar este gobierno con el paro nacional.

La gente sigue insistiendo en un paro largo…
No va a haber un paro generalizado porque la gente no puede. Pueden haber unas cuantas empresas que lo hagan, pero un paro general ahorita no sería exitoso.

El paro contra Somoza ya fue al final. Somoza estaba acosado internacionalmente, desprestigiado totalmente, como está Daniel, y estaba además rodeado militarmente. Él (Somoza) estaba actuando totalmente contra su pueblo, como lo hace Daniel, bombardeando ciudades, matando a los jóvenes. En la cuesta El Plomo aparecían cadáveres de muchachos todos los días.

¿Cómo se sale de esto?
Yo creo que de una manera bien organizada. Lo que falta es pensar en el mañana, darle a la gente la esperanza del mañana porque existe la esperanza del mañana. Pero ¿qué quiere decir eso? Que cada quien tiene que poner su carta sobre la mesa y decir “yo quiero esto”, y ahí se puede hablar. Pero mientras todos estemos diciendo que queremos unirnos pero “vos sos un capitalista, o sos un izquierdista que lo que querés es que vuelva el sandinista”, entonces qué clase de pacto puede haber ahí. Todos tienen derecho a organizarse y lo importante es que no perdamos tanto tiempo y que logremos tener una unidad en acción.

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Contra Somoza, ¿qué papel tuvieron los artistas?
Fue importante. En primer lugar, pienso que sin Carlos Mejía Godoy no hubiera habido el espíritu de la revolución. Sin Ernesto Cardenal tampoco. Ellos dieron, por decir, la parte moral. Me acuerdo cuando salió el poema de Ernesto Cardenal, Canto Nacional, lo repartimos en mimeógrafo porque estaba dedicado al Frente Sandinista y era increíble lo que te daba: una sensación de que era justa la lucha.

Pienso que una de las razones por las que este país tiene la moral que tiene es por sus escritores, por sus poetas. Porque eso es una concepción del mundo, el lenguaje porta una concepción del mundo. Por eso la concepción del mundo que nos está vendiendo Rosario Murillo le choca a la gente, porque es una concepción del mundo manipulada. Mientras que aquí hubo un espíritu nacional que tiene que ver con que el héroe más grande que ha tenido este país ha sido Rubén Darío. Ese es el héroe indiscutible de moros y cristianos. ¿Qué otro país puede decir eso? Eso es bien lindo de Nicaragua.

¿Actualmente en qué está trabajando?
Me estoy preparando para ingresar a la Academia Nicaragüense de la Lengua. Va a ser una ceremonia muy linda, me va a dar el discurso de bienvenida Sergio Ramírez.

Usted vivió el exilio. ¿Qué le diría a los exiliados?
Es bien duro, la manera en la que sobreviví al exilio fue trabajando para volver. No me refiero al trabajo cotidiano donde se gana la plata, me refiero a participar, involucrarse, y después lo que le diría es que no se desesperan, que sigan pensando, guardando su corazón porque vamos a seguir dando muchas luchas más. Tenemos que fortalecernos y tenemos que darnos cuenta de que estamos todos juntos, que la mayoría de nosotros piensa igual y que eso es una enorme fuerza. Tenemos que pensar qué hacer con esa fuerza.