Cuentas claras versus corrupción

Hemos sido ninguneados. Nos consideraron inexistentes. Y entonces pedimos entrega de cuentas. Y esto enfurece a quien no puede entregarlas

Con fascinación he visto a través de unos años la iniciativa de mi párroco Francisco Carrión que resulta insólita en nuestra actual sociedad: el agradecimiento y la entrega de cuentas del dinero que los feligreses aportan como limosna en las diferentes misas de la iglesia San Agustín. A fin de mes, al final de una misa, el padre Carrión presenta el total de dinero recaudado y cómo ha sido invertido en las diferentes necesidades de la parroquia, mencionando los rubros específicos para que conozcamos el funcionamiento de los mismos.

Este ejercicio demuestra el celo por las cuentas claras que tiene el joven sacerdote Carrión, que debería ser el afán en cada espacio de nuestra patria asolada por la corrupción.

Cuando veo acciones como esta, realizadas con gran sencillez y casi como poca cosa, me lleno de orgullo, de gran satisfacción, porque son estas personas que se auditan a sí mismas —sin necesidad de una Contraloría espuria que más bien avala la venalidad— las que conforman el paradigma que necesita Nicaragua. El comportamiento del padre Francisco Carrión es la conducta que debemos heredar como lo normal, lo correcto a nuestros descendientes que hoy crecen mirando actuar la tóxica maraña del cohecho que permite dinero fácil, comodidades que todos desean pero que atenta en contra de la solidez del espíritu del nicaragüense, y más bien facilita la podredumbre nacional.

Si todavía alguien se pregunta por qué en Nicaragua nos declaramos agobiados y furiosos y nos fuimos a las calles a protestar, y policías, paramilitares y turbas asesinaron, secuestraron y torturaron al pueblo por hacerlo, debe recordar que la putrefacción llegó al tope. No ha habido una acción que entregue cuentas de los dineros del Estado, que son de todos nosotros. No ha habido respeto por la Constitución, que ha sido violada y confeccionada según deseo de perpetuidad del titular del Ejecutivo. No existen las instituciones, todas están bajo el antojo de la misma mano. Pasaron leyes que nos dañaban nacionalmente. Hemos sido ninguneados. Nos consideraron inexistentes. Y entonces pedimos entrega de cuentas. Y esto enfurece a quien no puede entregarlas.

Habíamos llegado a una situación en nuestra Nicaragua que hacer lo que es correcto, se convertía en algo impresionante porque ya nos estábamos acostumbrando al maltrato, al engaño, al timo, como parte de lo normal. Y no lo es. Tenemos derecho a que el gobierno entregue cuentas. La lucha cívica encabezada por la juventud e iniciada el 18 de abril de 2018 es una exigencia de cuentas claras que continúa. Es una demostración de que siempre podemos detener el abuso y que solo está en nuestras manos el luchar por nuestros derechos.

La autora es periodista y escritora, autora de 10 libros. Fue la primera mujer periodista que trabajó en LA PRENSA.

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