Chiuso

Washington también está “chiuso”. Esto no quiere decir que sus grandes burocracias están literalmente cerradas. ¡No señor! Pero se ven vacías porque muchos de sus funcionarios aprovechan para irse a la playa, al campo o a vacacionar fuera del país en agosto. Esto explica en gran parte la poca acción que estamos viendo en la OEA en cuanto a Nicaragua concierne

Como sede del gobierno, de cien embajadas y de media docena de instituciones internacionales —incluyendo la OEA— Washington es una de las ciudades más cosmopolitas del planeta. Como tal, su cultura urbana refleja fuertes insumos de otras partes del mundo. Pero nunca me había percatado de lo profundo que es su internacionalismo hasta la visita que acabo de concluir a la “capital del mundo”, donde constaté que esta gran metrópolis estaba prácticamente cerrada.

El fenómeno de abandonar las ciudades en agosto tiene siglos de existir en Europa, especialmente en sus países mediterráneos como Italia. Lo presencié chavalo cuando visité por primera vez a Roma a mediados del siglo pasado.

Fue impactante. En una estadía de dos semanas pretendía conocer todo lo que ofrecía la ciudad eterna desde sus ruinas, hasta sus museos e iglesias. Mi plan era iniciar mis exploraciones cotidianas temprano y continuarlas hasta la puesta del sol. Estaba lleno de entusiasmo, energía y curiosidad. Pero no contaba con la pausa total de los romanos en el mes más caluroso del año.

Roma estaba repleta, llena de animación. Pero esto se debía a la presencia de un enorme número de turistas extranjeros como yo. Y rápidamente me di cuenta que muchas de las cosas que llegaba a visitar estaban cerradas o operando en horarios reducidos. “Chiuso”, la palabra italiana para cerrado, la vi por doquier, no solo en las puertas de sus joyas turísticas, sino que también en muchas trattorias y “alimentari” o pulperías de barrio.

No me quedó más remedio que adaptarme al ritmo más lento —y, por qué no admitirlo, más sabroso— del verano italiano. Hasta fui a pasar un fin de semana a una linda playa en donde, por cierto, finalmente vi a miles de italianos dedicados al “dolce far niente”. ¡Y comencé a civilizarme!

Pero bueno, regresando al tema en este viaje me he dado cuenta que Washington también se ha civilizado. Juzgando por lo vacío que están sus calles, su transporte público y sus oficinas —tanto gubernamentales como privadas— y sus centros turísticos, Washington también está “chiuso”. Esto no quiere decir que sus grandes burocracias están literalmente cerradas. ¡No señor! Pero se ven vacías porque muchos de sus funcionarios aprovechan para irse a la playa, al campo o a vacacionar fuera del país en agosto.

Lo único que se cierra herméticamente es el Congreso. Está en receso. No en vacaciones, ¡por favor! Y no reabrirá hasta mediados de septiembre. ¡Los parlamentarios son los norteamericanos más civilizados!

Esto explica en gran parte la poca acción que estamos viendo en la OEA en cuanto a Nicaragua concierne. Supongo que tendremos “nuevas” sobre la comisión que la OEA establecerá para visitar a Nicaragua. Pero probablemente no hasta en septiembre, cuando Washington vuelva a reabrir.

El autor fue canciller de la República.

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