El fuego purificador

Cristo quiere que prendamos el fuego de la renovación del mundo y del hombre nuevo quitando todo cuanto es muerte y pecado en nosotros y purificándonos.

Eucaristía

Hay palabras de Jesús desconcertantes. Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy son ¡realmente desconcertantes!: “He venido a traer fuego… No paz, sino división…” Sin embargo, en otras ocasiones, Jesús nos dice: “Tened paz los unos con los otros” (Mc. 9, 50)… “Mi paz os dejo, mi paz os doy” (Jn. 14, 27)… “Padre, que todos sean uno” (Jn. 17, 21). ¿Cómo entender las palabras de Jesús? ¿No se contradicen?

La misión de Jesús es hacer realidad en nuestro mundo el reinado de Dios, el hombre nuevo; pero lo nuevo supone dejar lo viejo. Por eso Jesús dice: “He venido a traer fuego a la tierra y ¡ojalá estuviera ya ardiendo!” (Lc. 12, 49).

El fuego del que habla Jesús es símbolo de la destrucción del mundo del pecado, de los falsos valores en que vive la humanidad, de los poderes de opresión y de todo cuanto huele a hombre viejo. Por eso, la primera predicación de Jesús es decirnos: “Conviértanse” (Mc. 1, 15). Pero a quienes viven cómodos en lo viejo, no les gusta el cambio, la novedad. Esto ha ocurrido siempre: Jeremías fue el profeta de la reforma de Judá y, por tanto, el fuego devoraba cuanto a la reforma de Dios se le oponía. Esto le llevó a ser acusado por los amigos de lo viejo de “desmoralizar al ejército y de buscar la desgracia del pueblo” (Jer. 38, 4).

Jesús anuncia también un mensaje nuevo, el Evangelio, y para ello, pone al descubierto todo pecado que es necesario destruir desde su raíz. Por eso se encuentra también con los interesados de que nada cambie y llegaron hasta quitarle la vida. Quienes viven de la injusticia, de la corrupción, del pecado no están interesados en ningún fuego purificador.

La crisis se produce, cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer. Esta realidad sigue siendo hoy también una situación real. Hoy sobran los profetas, los anunciadores de la Nueva Noticia. Hoy hay también mucha gente interesada en que nada cambie porque viven a costa del pecado. Hoy también muchos prefieren vivir en la mediocridad, la indiferencia y el estancamiento y hay quienes no quieren cerrar ciclos, realizar cambios verdaderos y radicales en sus vidas personales y familiares…

¡Cuántos jóvenes quisieran salir del camino torcido por el que van sus vidas y sus mismas amistades se lo impiden porque no les interesa el cambio! ¡Cuánta gente quisiera salir del ambiente corrupto en que vive! pero los amigos o familiares le aconsejan lo contrario. ¡No les interesa el cambio! ¡Cuántas ilusiones frustradas porque los que se ponen a nuestro alrededor, no les interesa que empecemos una nueva vida!

Cristo quiere que prendamos el fuego de la renovación del mundo y del hombre nuevo quitando todo cuanto es muerte y pecado en nosotros y purificándonos. Creando el hombre nuevo con nuevas actitudes y valores.

El autor es sacerdote católico.