Yaser Morazán: «Sin presión no hay negociación»

Yaser Morazán: “En abril fueron los tranques, posteriormente fueron las marchas, pero ahora no tenemos nadaque ofrecer y el que no tiene nada que ofrecer no tiene nada que exigir"

Es querido y odiado en redes sociales. Yaser Morazán lo sabe. Desde el exilio está trabajando en un documento para hacer resistencia a la dictadura y en esta entrevista explica cómo acciones pequeñas que van desde lanzar papelillo hasta acciones más radicales como levantar un tranque en la frontera con Costa Rica van a terminar obligando a Ortega a volver a una mesa de negociación. Se ha reunido con miembros de la comunidad internacional y con miembros de la Alianza Cívica y asegura que este es un momento clave para la Alianza ya que es necesario renovarla o estará destinada a desaparecer.

¿Qué lo obligó a salir al exilio?
Para seguir compartiendo las ideas de desobediencia civil, los boicots dirigidos y otras campañas, era mejor ponerme en la seguridad del exilio. Yo tengo más de 100 capturas de pantalla de amenazas de muerte, o que revelan mi dirección, entonces consideré que la única forma de seguir realizando mi trabajo era exiliándome.

¿Cuáles son esas otras campañas?
El plan nacional e internacional de desobediencia civil lo empecé a sugerir estando en Nicaragua en reuniones con la Alianza Cívica. No es una iniciativa que surge a partir de mi exilio. Es una propuesta que pretende crear un mecanismo de presión económico, institucional, cultural y social; para poder debilitar los pilares que sostienen a la dictadura. Son estrategias de resistencia civil sin utilizar el cuerpo como trinchera humana y que garantizan la libertad y vida de las personas que participen.

¿Qué tipo de acciones contiene este documento?
Primero parto de reconocer la naturaleza violenta de este régimen. En la medida que entendamos de que estamos en un estado de excepción, nuestra capacidad de lucha tiene que adaptarse a esa realidad. Basándome en esto tenemos que crear una serie de acciones para dejar de participar en la dinámica social, cultural, política y económica del país; como lo son los paros nacionales, escolares, paros fiscales y tributarios, la paralización de trámites ante instituciones del Estado, no participar en eventos convocados por el régimen como ferias, festivales, congresos. Es crear un cerco social donde le demostremos al régimen que no tiene país que gobernar.

¿Cómo sería la aplicación de estas medidas?
Tenemos que elaborar un documento que sea presentado ante la opinión pública nicaragüense, donde se establezcan actividades, roles, recursos y tiempos, en ese plan se van a establecer metas o exigencias que nosotros le vamos a pedir a la dictadura que cumpla. Por ejemplo, la liberación de presos políticos, el cese a la persecución, el retorno seguro de los exiliados, la devolución de la personalidad jurídica de las ONG confiscadas, la devolución de los equipos robados de periodistas y de medios de comunicación. Para que eso suceda, nosotros tenemos que decirle al régimen que tenemos este plan de trabajo donde establecemos acciones de bajo, mediano y alto impacto. Serán ejecutadas en el tiempo según el régimen vaya dando respuestas a nuestras necesidades, de lo contrario aumentaremos en intensidad.

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Comenzaríamos con una rueda de prensa de forma paralela en Nicaragua, Costa Rica y Estados Unidos; donde los nicaragüenses, los exiliados y la diáspora presenten este plan, incluso que este documento sea leído en los púlpitos de las iglesias. Luego realizaríamos una marcha virtual. Luego organizaríamos misas y cultos por la paz en todo el territorio nacional. Luego continuaríamos con acciones que han sido efectivas y a la gente le gustan como son lanzar globos azules y blancos, papelillo del mismo color, papeles con mensajes, pintas azul y blanco o manchar buses públicos, rayar baños, manchar billetes con la etiqueta #SOSNICARAGUA. Todo desde la clandestinidad y el anonimato, porque no podemos seguir de frente contra las armas y la violencia.

Hablamos de combatir una dictadura con papelillos y pintura.
Si no escuchan nuestras demandas pasaríamos a las acciones de mediano impacto. Que pueden ser que las diásporas convoquen a paros temporales de envíos de remesas, el paro de envío de encomiendas a Nicaragua, los paros de compras de boletos aéreos desde y para Nicaragua, elaboración de listas a nivel nacional de negocios y empresas vinculados al Frente Sandinista. Se puede comenzar con empresas del Ejército, de la Policía Nacional y de la familia Ortega Murillo.

Hay que potenciar la presión mediática y política contra las embajadas de Taiwán por el mundo, por seguir financiando la dictadura. Tenemos que ser beligerantes contra el Banco Centroamericano por financiar la dictadura, esto tiene que ser un plan de acción entre todos los actores, los exiliados, la diáspora, la Alianza y la Unidad Nacional. Finalmente si luego de un año estas acciones no funcionan creo que tenemos que ir pensando nuevamente en retomar la idea del paro nacional indefinido.

¿Cree que un paro nacional sea viable? Tomando en cuenta los pequeños y medianos negocios que significaría cerrar y esperar a que Ortega deje el poder.
Personalmente no he convocado en las redes sociales a promover un paro nacional indefinido, en primer lugar porque no estoy en Nicaragua, en segundo porque reconozco el miedo real de los empresarios y en tercero porque yo no promuevo actividades en las que no pueda participar. El nicaragüense tiene que entender que tampoco es viable vivir en dictadura, en miedo y en represión. La realidad ya es radical con nosotros y nosotros tenemos que tomar acciones radicales para poder sobrevivir. La otra opción que tenemos es no hacer nada y resignarnos a vivir en dictadura como lo hizo el pueblo de Cuba o esperar lo que eventualmente va a suceder y terminar como Venezuela.

¿No cree en un diálogo nacional para sacar a Daniel Ortega?
La negociación es un fin y no un medio. El diálogo será cuando el régimen presionado por nuestras acciones ya se siente a negociar. En abril fueron los tranques, posteriormente fueron las marchas, pero ahora no tenemos nada que ofrecer y el que no tiene nada que ofrecer no tiene nada que exigir. Estoy convencido que sin presión no hay negociación y sin desestabilización no hay liberación de Nicaragua.

Se ha llegado a decir en redes sociales que entre las acciones más fuertes incluye realizar un tranque en la frontera entre Nicaragua y Costa Rica.
Realizado por los mismo exiliados. De esa forma paralizamos el comercio regional y generamos una crisis en la región que obligará a los presidentes del istmo a tomar posturas más claras y contundentes.

¿Cree que esto realmente sea posible en un país extranjero?
Los activistas no pedimos permiso. Si la gente se pusiera a pedir permiso en Nicaragua no se habría levantado ningún tranque. Creo que estamos viviendo una crisis y se requieren medidas drásticas, al menos en Costa Rica lo más que pueden hacer es meterte preso pero no te van a matar, como sí puede suceder en Nicaragua si se quiere levantar un tranque.

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Hace poco en redes sociales se llamó a hacerle boicot a un negocio por tener en sus instalaciones unas sillas rojas y negras, ¿no siente que se está desviando la atención a cosas superficiales?
Yo estoy contento con esta nueva versión de país que tenemos, porque creo que el nicaragüense se ha puesto las pilas para identificar cualquier manifestación de violencia. En este caso el régimen ha utilizado los símbolos para reprimir. La violencia no solo son golpes, es también que te restrieguen en tu cara que ellos tienen el poder de los espacios públicos. En Nicaragua el rojo y el negro significan luto, dolor, sangre, muerte, y todos lo sabemos. Con relación al tema que me decís, ese negocio es propiedad de una diputada sandinista de Rivas, y lo que hizo ella es marcar territorio y tiene derecho a hacerlo, pero también el pueblo tiene derecho de decidir en dónde consume y dónde deja de hacerlo. Cuando dejamos de consumir en un negocio sandinista, lo que hacemos es entregar nuestros ingresos en un negocio azul y blanco, y esa es una forma de protestar muy efectiva porque estamos tocando lo que más le duele al Frente Sandinista que es el dinero.

Antes de la crisis usted abiertamente se definía como sandinista. Luego hacía la diferencia entre ser sandinista y orteguista ¿qué ha pasado con esa idea desde que se exilió?
Yo vengo de un hogar sandinista, donde me enseñaron los ideales de Sandino y yo creí que el FSLN representaba esos valores. Decliné al ver la corrupción y falta de valores que gestionaban las instituciones públicas y las personas vinculadas al partido directamente. Buscando una orientación de izquierdas siempre fue que comencé a militar en el Movimiento Renovador Sandinista, porque yo pensaba que era por ahí el asunto. De hecho, yo a las primeras marchas de abril llevaba mi camisa con el logo de Sandino, Sandino diverso o Sandino con un celular porque era mi manera de reivindicar mi idea del sandinismo. A partir de abril y mayo fui viendo que los mismos métodos que estaban utilizando de reprimir a la población, como las torturas y los asesinatos, fueron exactamente los mismos métodos, que me imagino, utilizaron en la década de los 80 para justificar su revolución. Para mí abril fue un despertar. Insistía en que yo era sandinista no orteguista, pero he llegado a la conclusión que es la misma cosa. Unos asesinaron en los 80 y otros en la actualidad.

En este momento que todo parece estancado, la gente parece que está desunida al menos en las redes sociales.
Creo que es parte de los procesos democráticos que las personas tengan la capacidad de decir las cosas que piensan. Algunos solo recurren al insulto, la agresividad, la vulgaridad. Sin embargo prefiero que la gente esté opinando en exceso y no que opinen como estábamos antes de abril. Aunque a veces se lleven por delante a medio mundo, incluyéndome a mí. No importa, es mejor eso al silencio cómplice.

Hay un sector que le odia y otro que le adora en las redes y una parte le critica a usted que estando desde el exilio llame a acciones como el boicot.
Yo defiendo la libertad de expresión. Las personas tienen derecho a decir lo que piensan de mí o de quien sea. Así como yo tengo la capacidad de ignorar o bloquear lo que no me interesa. Todos somos parte de este proceso, es normal, es saludable, es necesario. Tengo cuatro años de estar generando material para redes sociales, lo que implicó que fuera algo mediático y he recibido muchas amenazas. Yo solo sugiero, propongo, cuestiono, critico, pero nunca impongo y se sumarán los que quieran y los que no… Lo bonito es que todos hacemos lo que podemos con los recursos que tenemos.

Usted se ha reunido con miembros de la comunidad internacional que sigue la crisis en Nicaragua. ¿Qué valoración le merece el papel de estos?
Su papel ha sido mediocre e inoperante. De hecho uno de los embajadores ante la OEA nos dijo que los tiempos de la política son muy distintos a los tiempos de urgencia que el pueblo nicaragüense necesitaba; y una autoridad del gobierno de Estados Unidos nos dijo que Daniel Ortega no iba a negociar porque negociar su salida implicaba que terminara preso y que eso no iba a suceder. La comunidad internacional no va a liberarnos. Por encima de los intereses de derechos humanos, la comunidad internacional tiene intereses políticos y económicos. No es casualidad que por encima de todas las condenas, Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Venezuela y Nicaragua. Ya no es el momento de seguir poniendo quejas, es el momento de mirar hacia dentro.

¿Y qué tiene que decir del papel de la Alianza Cívica?
Han hecho un buen papel en lo que les ha tocado hacer. Mis críticas siempre han estado en función de lo que no han hecho, por ejemplo, desde el inicio la gente de la Alianza me decían que su mandato no era dirigir una insurrección popular, sino que su mandato es el diálogo nacional. Yo creo que se han quedado en ese rol, y ese rol ha sido dictaminado por el enfoque empresarial y burocrático que está teniendo esta estructura, por eso mi crítica de que la Alianza no puede estar secuestrada por el gran capital, el sector privado tiene derecho a tener una voz y nosotros a garantizar que así sea, pero no a que sean la voz única. Que los empresarios tengan poder de voto y no de veto. Este momento es importante porque la Alianza está destinada a fortalecerse o a desaparecer, pero depende de ellos y de cómo canalizan el descontento popular.

¿En qué momento el gran capital se hizo con este control?
La versión empresarial que tenemos de la Alianza en la actualidad es una diferente a la que fue convocada por la Conferencia Episcopal. Con la primera versión de la Alianza todos nos desbordamos a apoyar. Pero en la medida que el tiempo pasó, las personas fueron desplazadas, por eso es que en la última mesa de negociación el 50 % de los que estaban ahí era el sector privado. AmCham, Funides y Cosep, y eso me hizo reflexionar sobre en qué momento estas personas estaban representando al que estaba en el tranque del barrio, a la madre de abril, la madre del preso político, y actualmente al excarcelado. Yo creo que la Alianza debe reestructurarse por el bien de Nicaragua.

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¿Mientras no hay diálogo que debe hacer la Alianza?
Creo que deben de entrar en un proceso de diagnóstico sobre sus estrategias, la eficacia y la efectividad de lo que hasta el día de hoy están haciendo, y deben de ser sinceros y decirle al pueblo de Nicaragua: “Hasta aquí llegamos o esta es nuestra nueva propuesta de trabajo”. La salida de Ortega dependerá de nuestras medidas. Si no somos contundentes el régimen no va a querer salir nunca del poder y estaremos destinados a ser Venezuela y Cuba. Ortega prefiere gobernar un país en miseria que terminar preso. Este tipo de dictadores no salen porque un día amanezcan siendo buenas personas.

¿Se ha planteado un escenario en el que se apliquen estas medidas al pie de la letra y Ortega siga en el poder?
No. Yo ahorita no tengo un plan B, porque primero tengo que intentar el plan A. Evaluar, para cambiar, fortalecer y quitar. Más bien yo me aferro a estas ideas, porque no quiero orillar a las personas a utilizar métodos del pasado que ya nadie quiere.

¿Cómo están los exiliados?
Adonde yo voy aquí en Costa Rica la gente está con depresión, tienen impotencia, frustración, tristeza. Mientras que en Nicaragua la gente que pertenece a estructuras organizadas tiene miedo, sufren persecución, amenazas de muerte; mientras que el nicaragüense que no se está involucrando en nada está viviendo su vida de lo más normal del mundo. Porque el régimen lo que está haciendo es creando un cerco, dando una lección a la sociedad a través del castigo o del premio para que a vos te quede claro, que si te manifestás vas a sufrir, pero si no hacés nada vas a vivir tranquilamente. Es el mismo modelo cubano. No nos podemos dar el lujo de volver a la misma, entre comillas, normalidad que había antes de abril, pero si no potenciamos esta presión es lo que va a terminar sucediendo.

Plano personal 

Yaser Morazán tiene 33 años, es originario del departamento de Matagalpa. Es hijo del militar retirado Alfonso José Morazán Castillo, que fue secuestrado en octubre de 2018 por el régimen orteguista y que fue excarcelado en mayo de 2019.

Hizo estudios de Laboratorio de Análisis Químico en el Instituto Tecnológico Nacional en Granada, y luego estudió Trabajo Social en la Universidad Centroamericana (UCA). Su primer acercamiento a los organismos de derechos humanos fue en 2007 trabajando con la Organización de Estados Americanos (OEA). También realizó un posgrado en Psicología Familiar.

Trabaja desde que tiene 19 años. Le encanta la comida nicaragüense, sobre todo los frijoles y las tortillas.
Tiene 13 años de ser activista y antes de exiliarse producía piezas multimedia para redes sociales.
Asegura que le ponen nervioso las personas ignorantes y violentas.