Diseñadora Arianne Phillips: Creamos disfraces y conseguimos piezas de colección y usadas en Había una vez en Hollywood

La diseñadora de vestuario, Arianne Phillip, asegura que la escritura y el trabajo del director de cine, Quentin Tarantino, fueron una gran fuente de inspiración para ella

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«Trabajar al lado de Quentin había sido mi sueño desde siempre; encabezaba mi lista de favoritos», asegura la diseñadora. LA PRENSA/Tomado de internet

La diseñadora de vestuario, Arianne Phillip, asegura que la escritura y el trabajo del director de cine, Quentin Tarantino, fueron una gran fuente de inspiración para ella y que, en la producción de vestuario de la cinta Había Una Vez… En Hollywood, conversó con él y tomó en cuenta una lista de referencias que le recomendó para inspirarse y crear las piezas de la cinta.

«La mayoría de los guiones para cine no son más que esqueletos o bosquejos para describir la acción y la trama. Lo más bello de los guiones de Tarantino es la manera como describe detalladamente muchos de los aspectos de los personajes», asegura Phillip.

¿Cómo lograste sumarte a Había Una Vez… En Hollywood?

Trabajar al lado de Quentin había sido mi sueño desde siempre; encabezaba mi lista de favoritos. Una amiga mía, Courtney Hoffman, fue su diseñadora de vestuario en su última cinta, The Hateful Eight, y ahora ella es directora, así que yo sabía que habría una oportunidad potencial de trabajar con él. Le pedí a mi agente que investigara si Quentin estaba dispuesto a entrevistarme. No sabía de qué trataba la cinta, pero sabía que ya filmaba algo. Y con esa sencillez ocurrió todo. Me reuní con él, hice mi presentación y por fortuna obtuve el empleo.

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El trabajo de una diseñadora de vestuario consiste en ayudar a crear un personaje. Y una colaboración con Quentin Tarantino seguramente supone una experiencia por completo novedosa por la sencilla razón de que suele ser muy preciso. Y sus guiones son sumamente detallados. ¿Fue todo muy distinto en comparación con lo que antes habías realizado en otras películas?

Tienes razón. El guión de Quentin fue el punto de partida. Nunca antes había leído uno de sus guiones, que son en prosa, como si fuesen una novela. Era muy rico y los personajes estaban desarrollados espléndidamente. Sé bien que se trata de un escritor-director, pero para mí constituyó una gran sorpresa este guión tan detallado y con tanta vida para los personajes del texto, porque, como todos sabemos, la mayoría de los guiones para cine no son más que esqueletos o bosquejos para describir la acción y la trama. Lo más bello de los guiones de Tarantino es la manera como describe detalladamente muchos de los aspectos de los personajes, desde la música que escuchan hasta lo que comen, el auto que manejan y, claro está, lo que llevan puesto, todo ello en varias capas y con gran riqueza. Por ello, su escritura y su trabajo son una gran fuente de inspiración para mí. En realidad creo que la escritura misma se encuentra en un nivel muy distinto al de cualquiera de los proyectos previos en los que he estado involucrada.

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¿Cuál fue el primer paso tras la lectura del guión?

Bien, pues obviamente la posibilidad de conversar una y otra vez con Quentin, porque cuando leo un guión, las preguntas emergen, sin excepción. Así que me reuní con él para comprender qué opina de una escena en particular, o de un personaje, o del arco de un personaje o de la historia misma. Desde el principio, Quentin me brindó una maravillosa lista de referencias que incluía programas de televisión y cintas que debía ver. Asimismo, es dueño de una sala de cine en Los Ángeles, un teatro increíble llamado The Beverly Cinema. Una vez a la semana durante el periodo de preparativos organizó muestras para el equipo. Así pudimos ver películas filmadas en Los Ángeles en 1969, el año en el que se desarrolla nuestra cinta. Eso fue como un ensueño. Los preparativos para la película de Quentin constituyeron una especie de inmersión. Nos empezamos a conocer, no sólo a Quentin, sino a Barbara Ling, la diseñadora de producción, a Bob Richardson, el cinefotógrafo, a Chris Call, el chico de la utilería. Nos comunicábamos unos con otros, compartíamos información y referencias, investigábamos. Y nos reuníamos una vez por semana, comíamos pizza y palomitas de maíz en la sala de cine y veíamos todas esas cintas.

¿Recuerdas los nombres de algunas de las películas que les mostró?

Vimos muchísimas. Mostró un par de cintas de Paul Mazursky, así supe que se trata de uno de los directores de Quentin y uno de los míos también. Se le conoce por las películas que rodó en Los Ángeles a finales de los años sesenta, de Alex in Wonderland a Bob & Carol & Ted & Alice. Vimos estas cintas, que son muy ricas visualmente y por ende nos ayudaron muchísimo con el vestuario. Vimos películas de Roman Polanski. Vimos las cintas en donde aparece Sharon Tate, entre ellas Valley of the Dolls y Fearless Vampire Killers. Vimos muchos programas televisivos de vaqueros. La investigación es una de las partes que más disfruto de mi trabajo.

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¿Cómo hallaste el balance consistente en mantenerte cerca de la realidad y a la vez gozar de la libertad y el espacio que la imaginación proporciona? Porque ‘Había Una Vez… En Hollywood’ es la versión de Tarantino de Los Ángeles en 1969.

Por un lado, Quentin y yo tenemos la misma edad, nacimos el mismo año, nos separa tan sólo un mes. Yo no estaba en Los Ángeles, crecí en San Francisco, pero mis abuelos vivían en Los Ángeles en 1969, así que pasé mucho tiempo en esa ciudad en 1969, a mis siete años. Muchos de los recuerdos de Quentin son puntos de referencia que por esta razón pude entender cabalmente. Y yo contaba con mis propios recuerdos viscerales. Pero, por otro lado, no se trataba de crear un documental. Para mí, la exactitud es importante porque no deseo que el público cuestione el contexto de la historia. Existen recuerdos emotivos y nostálgicos en el guion, y éstos me parecieron verídicos a causa del hecho de que soy de su misma edad. Todos tenemos nuestra versión de lo que aquellos tiempos fueron. Y creo que como realizador, lo más importante consiste en imprimir esta cualidad emocional al trabajo a fin de que sea un 1969 meramente clínico. Y esto es algo intrínseco a nuestra historia. La historia gira alrededor de los cambios que ocurrían en Hollywood y acerca de los cambios políticos y sociales que ocurrían en nuestra cultura. No había muchas reglas duras e inmediatas, y muchas cosas acontecían al mismo tiempo. Tenías gente con cabello corto, gente con cabello largo. Gente que aún vestía como si el años siguiera siendo 1960, y gente que en 1969 se conducía como Sharon y Roman, pasando el tiempo en Europa y con una mentalidad más abierta.

Una pregunta mucho más práctica: ¿en dónde hallaste las prendas? ¿Fuiste de compras a las tiendas de usado de la ciudad? ¿Creaste gran parte del ropaje?

Fue una mezcla de varias cosas. Me gusta combinar. Creamos muchos disfraces y conseguimos piezas de colección, piezas usadas, así como la tela de colección que implementamos en los disfraces. Asimismo rentamos disfraces de coleccion en casas especializadas, como Western Costume, la gran casa de disfraces aquí en Los Ángeles. Confeccionamos versiones de lo que Quentin había establecido en el guión. Es muy importante hallar tiendas de ropa usada y de colección, sólo así podrás sentir la tela, la auténtica tela de los sesentas, el corte de esa era. Algunas veces no puedes replicarlo. La pieza verdadera se convierte en una necesidad.

Hablemos de los personajes. Rick Dalton, por ejemplo, interpretado por Leonardo DiCaprio, ¿quién es este tipo, cómo se viste? ¿Cuenta con un vestuario clave?

Rick Dalton posee dos aspectos: el Dalton detrás de la cámara y el Dalton frente a las cámaras. Creamos los disfraces para su costado como actor de varios programas televisivos e incluso realizamos sesiones fotográficas a fin de crear un póster para los carteles de las películas que incluiríamos en nuestra cinta. El personaje de Rick Dalton está fuera de tono en el Hollywood contemporáneo de 1969, y esto me permitió pensar bastante acerca de cómo podría vestirlo fuera de cámara, y de cómo deseaba Rick que el mundo le percibiese. Creo que un aspecto clave de su vestuario son sus chamarras de cuero. Quentin Tarantino posee un lenguaje cinematográfico y visual maravilloso, y este guion contiene unas cuantas cosas que sin duda ostentan su sello clásico, que son parte de su lenguaje, por ejemplo, las chamarras de cuero. En la mayoría de sus películas podrás ver a varios tipos portando chamarras de cuero sencillamente inolvidables. Y Rick Dalton no nos defraudará en este nivel.

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¿Y qué puedes decirnos de Cliff Booth? ¿Cómo estableciste la diferencia entre estos dos personajes, Rick y Cliff? Sin duda pertenecen a distintas clases al interior de Hollywood.

Así es, los personajes fueron escritos hermosamente. Cliff es un doble acrobático, no una estrella de cine. Apoya a la estrella de cine y esto debía reflejarse en las prendas que elige, no tiene que presentarse ante el mundo como lo hace Rick Dalton. Una parte clave del disfraz de Cliff Booth es su cinturón. Hallé su hebilla en cierto lugar y resulta que se trata de una hebilla de la Asociación de Dobles de Acción. En los 60s, si pertenecías a dicha Asociación podías recibir una de estas hebillas. Hallamos una y pudimos crear duplicados.

Además, tuviste que recrear los vestuarios de personajes auténticos, entre ellos Sharon Tate, protagonizada por Margot Robbie. ¿Acaso este hecho supuso una responsabilidad más grande?

El guión es, en gran medida, una carta de amor a Sharon, así que sin duda sentí una tremenda responsabilidad. Quentin, Margot y yo quisimos respetar y honrar a Sharon. Ella era reconocida por su estilo y por su manera de vestir. Se lo fotografió muchísimo, todo está documentado. Por suerte para nosotros, la hermana de Sharon Tate, Debra, fungió como consultora en la cinta y, por pura coincidencia, mientras rodábamos, Debra Tate preparaba la subasta de ciertas prendas y joyas de Sharon. Debra y yo pasamos un tiempo juntas y pude ver y tocar las prendas de Sharon. Debra fue muy generosa y nos prestó un par de piezas de joyería, antiguamente propiedad de Sharon: un anillo y algunos aretes. Margot los usa en la película y esto fue muy especial para ella, y para mí también. Para mí, para Quentin y para Margot no había nada más importante que ser auténticos en lo concerniente a Sharon.

¿Y qué puedes decirnos de los otros personajes verdaderos, entre ellos Polanski, Steve McQueen o Bruce Lee? ¿Supusieron también un desafío?

Estos actores y personalidades han sido bien documentados y por ello todo se redujo a decidir qué podría ser más apropiado en la cinta, qué era lo que tenía más sentido. Y, claro está, cuando tienes ahí a los actores, lo que importa es brindarles un sentido a ellos también. Porque asimismo generamos un poco de ilusión en torno a Bruce Lee y Steve McQueen y todos estos personajes. Quisimos darnos una idea de la versión de McQueen que pudiera irradiar el mayor sentido.