El triunfo de la bandera azul y blanca

La bandera azul y blanca floreció en Nicaragua regada por la sangre de más de 300 personas. Que hasta los verdugos se vean obligados a rendirle homenaje es su triunfo.

Bandera azul y blanca

En el inventario de lo que dejó abril de 2018 no puede faltar el rescate a la bandera azul y blanca. Durante mucho tiempo la bandera nacional fue un ornamento patriotero de los septiembres de cada año. Aparecía en algunas casas los 14 y 15 de septiembre, en los desfiles, y básicamente su homenaje recaía en las escuelas y en chavalos que apenas entendían por qué se celebraban “gestas” de hace 200 años como si no hubiese nada después de ellas. Pasaban los “días patrios” y, como el arbolito de Navidad en diciembre, se volvía a guardar. Hasta el otro año.

Rojinegra

Pero quien peor la trató fue el Frente Sandinista primero, y Daniel Ortega y Rosario Murillo después. Busquen las concentraciones sandinistas de hace algunos años y me dicen cuántas banderas azul y blancas ven en ellas. La bandera rojinegra fue impuesta casi como el símbolo nacional. Ondea descaradamente en las instituciones estatales a pesar de su prohibición legal expresa, policías y soldados le hacen homenajes como si de un símbolo patrio se tratara y se coloca profusa y eminentemente en los actos solemnes del Estado. La bandera azul y blanca, si es que la ponen, aparece arrinconada y humillada por las banderas rojinegras.

Perseguida

Y vino lo peor. La historia recordará la desquiciada etapa cuando la bandera nacional fue perseguida. Aquí hay personas a las que se le detuvo o se les golpeó por portar una bandera azul y blanca. Esta bandera fue usada como elemento de prueba del terrorismo por policías, fiscales y jueces. Vimos a policías arrancando con furia las banderas, a otros tirándolas al suelo y condenando a todo aquel que la pusiera en su casa o en sus carros. Nicaragua puede ser el único país del mundo donde portar su bandera nacional se convirtió en crimen.

Órdenes de arriba

Los mismos que ayer la perseguían, ahora vienen con que hay recuperar la bandera azul y blanca. Lo hacen de la única forma que saben hacerlo: una orden de “arriba”. “Es un deber colocar nuestra bandera azul y blanco en nuestros trabajos y viviendas porque recordemos que es la que nos identifica como nicaragüenses”, dicen los que ayer la pateaban y denunciaban como criminales a quienes la portaban. Y los que no habían conocido más bandera que la rojinegra, comienzan a colocarlas en camiones, carros e instituciones. Son banderas uniformes, hechas en serie, compradas por miles y distribuidas en masa para que se coloquen por mandato. Sin sentimiento. Solo son órdenes de arriba. Es marketing. Ni modo. Les toca.

Victoria

Que quienes la ignoraron y humillaron durante décadas ahora decidan reconocerle su importancia, aunque sea por oportunismo y como estrategia de camuflaje, es un triunfo de la bandera azul y blanca. Que la bandera esté ahí, en las instituciones públicas donde debería estar siempre, es una victoria de los muchachos de abril que salieron cobijados por ella, de las miles de mujeres, hombres, ancianos, niños que salieron empuñándola en marchas multitudinarias. La bandera azul y blanca floreció en Nicaragua regada por la sangre de más de 300 personas. Que hasta los verdugos se vean obligados a rendirle homenaje es su triunfo. Este es un septiembre que sabe a abril más que a San Jacinto o a actas de independencia. Es una victoria azul y blanca.

Inclusión

La batalla por la bandera no es un asunto vacío. No se trata de un pedazo de tela o el culto a un símbolo. Es la batalla entre dos concepciones totalmente opuestas de país que queremos. En el fondo, tras el desprecio a la bandera azul y blanco y la imposición de la rojinegra está el mensaje de que esta sociedad no es para todos. Que el país tiene dueños. El gobierno y las instituciones, señalan, son para el partido que las administra. Que solo tienen cabida en este país aquellos que se cobijen bajo la bandera sandinista y todos sabemos lo que eso significa. La bandera azul y blanca es todo lo contrario. La rojinegra es exclusión. La azul y blanca es inclusión.