Nombramiento episcopal en la Diócesis de León

El nuevo obispo, monseñor Sándigo, recibe una barca que navega en aguas agitadas, donde los remansos que se observan son “aguas mansas” de las que tendrá que librarnos únicamente Dios

La Iglesia católica de Nicaragua vive actualmente un gran momento. Es perseguida y atacada lo que hace que se cumpla en ella las palabras de Jesús: “Por mi causa…” Por eso es valorada en su verdadera dimensión por un pueblo que la ha visto salir a protegerlo.

En este contexto se da el nombramiento del nuevo obispo de León. La histórica metrópoli respetable por su pasado de cultura y tradición, no ha sido exenta de la convulsión que sacude el cuerpo entero de la patria. Solamente basta recordar el aciago 15 de junio recién pasado, cuando un grupo de personas lanzó piedras en el interior de la Catedral, atacando a otro sector que escuchaba misa en memoria de un monaguillo de ese templo, víctima de una bala asesina durante una protesta popular. Hubo lesionados, el obispo fue irrespetado y deshonrada por su propia gente nuestra

Catedral, considerada Patrimonio Histórico de la Humanidad.

El nuevo obispo, monseñor Sándigo, recibe una barca que navega en aguas agitadas, donde los remansos que se observan son “aguas mansas” de las que tendrá que librarnos únicamente Dios. Va a asumir una Diócesis mariana que se galardona como la iniciadora de las dos grandes fiestas a la Virgen: la “Gritería” del 7 de diciembre y la “Gritería Chiquita” del 14 de agosto, y le tocará suceder a preclaros pastores como los monseñores Pereira y Castellón, Tijerino y Loáisiga, Oviedo y Reyes, Salazar Espinoza, Vivas Robelo, quienes a pesar de debilidades humanas y no exentos de cuestionamientos enseñaron a la grey que el “Tú reinarás” que cantamos al Santísimo, está reservado únicamente a Jesús de Nazaret.

El pueblo creyente y agnóstico espera un pastor que independientemente de partidarismos que le endilguen o pueda en realidad tener, enrumbe la barca con confianza y seguridad que da la certeza de que el Señor que duerme en ella, no permitirá que sea dañada y menos aún, que naufrague. Como pueblo, el leonés sabe discernir en cada circunstancia dónde está la razón e inevitablemente ponderará a su obispo. La sabiduría popular identifica siempre al más débil y al más fuerte; y el mensaje de la Iglesia será siempre por el más débil, por la justicia social, en la verdad y por la vida. En esta línea esperamos la cátedra desde el púlpito del obispo.

Estas aguas agitadas precisan de una autoridad que gobierne con sabiduría, destierre privilegios personales e institucionales. Certeza de que ha sido escogido por Dios para servir a su pueblo y no por ningún poder humano y que en contacto piel a piel con el rebaño, se impregne de ese “olor a ovejas” que orienta el papa Francisco. Confiamos como creyentes católicos, que monseñor René Sándigo es el ungido para guiar a la Iglesia de León y Chinandega, y le seguiremos y acompañaremos con oraciones.

El autor es médico.