El peor enemigo

El peor enemigo en la lucha por derrotar la dictadura no son los parapolicías de Ortega. Tampoco la división opositora, por muy dañina que sea

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El peor enemigo en la lucha por derrotar la dictadura no son los parapolicías de Ortega. Tampoco la división opositora, por muy dañina que sea. El peor es el descrito en el libro del Éxodo, cuando los israelitas estaban en el desierto a punto de entrar en la tierra prometida. Moisés envió entonces exploradores a conocerla. Al volver dijeron “hemos encontrado una tierra que mana leche y miel, pero poblada por tribus numerosas”. Caleb, líder fiel a Dios, dijo: “Tenemos que subir y apoderarnos de esa tierra, porque podemos con ella”. Mas otros, acobardados, inventaron que había gigantes, con lo que el pueblo lloró y rehusó entrar. Dios, encolerizado ante su rebeldía y desconfianza, lo condenó a vagar por el desierto cuarenta años.

Fueron el miedo y el pesimismo ante las dificultades quienes retrasaron la entrada del pueblo en la tierra que Dios le había preparado. Ellos son virus terribles; privan al hombre de iniciativa, se convierten en profecía que se cumple a sí misma, y aniquilan la energía. Son los peores enemigos del éxito en individuos y naciones. El historiador británico, Toynbee, desarrolló su teoría del “challenge and response”, desafío y respuesta, tras concluir que las más fuertes civilizaciones son aquellas que han enfrentado y superado los retos más desafiantes. Las dificultades, incluso, producen ciudadanos más robustos. La universidad de Harvard, famosa por reclutar estudiantes promisorios, prioriza, entre sus criterios de admisión, que el candidato tenga “capacity to endure hardship”. Es decir, resiliencia: “Capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro”.

El éxito no depende, pues, de ausencia de obstáculos, sino, fundamentalmente, del ánimo y determinación con que estos se enfrentan. La lucha contra la dictadura no será fácil. Será una marcha cuesta arriba que exigirá una gran capacidad de sacrificio, de afrontar riesgos y superar rencillas. Las metas preciosas, como la libertad y el cielo, no son baratas. Pero se pueden conseguir con valor, perseverancia y fe. La serie actual de Bolívar, en Nexflit, muestra precisamente cómo no fue la superioridad de tropas o recursos lo que lo llevó al triunfo, sino su determinación y optimismo.

La oposición tiene razones para ser optimista. Adelante tendrá muchos escollos purificadores y podrá perder batallas, pero llena de juventud avizora en su horizonte algo noble y luminoso, como es la libertad de su país. La dictadura, por el contrario, está sin sueños ni futuro, envejecida y sin ideales, aislada e impopular (por mucho que ciertas encuestas repitan las ilusiones de 1989), tratando a la defensiva de prolongar su agonía. Hay que seguir la admonición de Caleb: “Subamos y apoderémonos de la tierra, porque podemos con ella”.

El autor es sociólogo. Fue ministro de Educación.