La doble moral del comisionado general Ramón Avellán con la Iglesia Católica

Avellán y Sándigo se fundieron en abrazos y sonrisas y ambos conversaron animadamente unos segundos y se despidieron en un nuevo abrazo y sonrisas

Ramón Avellán

El obispo Sándigo sonríe con el cuestionado comisionado general Ramón Avellán, quien ayer fue parte del equipo policial que resguardó al religioso en León. LA PRENSA/ O. NAVARRETE

Pasada las 10 de la mañana de este sábado 24 de agosto, el comisionado Ramón Avellán, subdirector de la Policía Orteguista y responsable de la Operación Limpieza en Masaya que causó más de 30 muertos en 2018,  aligera sus pasos para abrazarse con el Obispo René Sándigo, quién salía de la parroquia Guadalupe, en una peregrinación que lo conduciría hacia la Catedral de la ciudad universitaria. Sándigo quedó proclamado este sábado como el obispo número 51 de la Diócesis de León.

Avellán y Sándigo se fundieron en abrazos y sonrisas y ambos conversaron animadamente unos segundos y se despidieron en un nuevo abrazo y sonrisas ante la mirada de los fieles.

Avellán es repudiado por su ola represiva contra los ciudadanos que salieron a protestar cívicamente a las calles en 2018, y además también se dio a conocer por su hostilidad contra los sacerdotes católicos de Masaya, donde éste es la máxima autoridad policial.

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El padre Edwin Román, párroco de la Iglesia San Miguel, en Masaya, ha sido uno de los sacerdotes víctimas de la violencia de Avellán. El sacerdote denunció que fue golpeado físicamente por la autoridad policial. También el sacerdote en múltiples ocasiones relató cómo Avellán interrumpía y bloqueaba las misas, con altos parlantes donde sonaba la canción «el comandante se queda» que exalta al dictador, Daniel Ortega y que incluso el mismo comisionado Avellán ha bailado. Pero además,Avellán mandó a espiar al sacerdote en sus tiempos libres.

El padre Román se mantuvo firme durante la represión de Masaya en 2018, al constantemente denunciar la represión y defender los derechos humanos que la policía orteguista hacía contra los manifestantes.

El padre César Augusto Gutiérrez, párroco de Monimbó, tuvo de huir de la ciudad por las constantes amenazas de la policía orteguista. Finalmente el sacerdote tuvo que exiliarse, porque las amenazas escalaron hasta en advertencias de asesinarlo.

Sacerdote torturado

El sacerdote Pedro Méndez, cura párroco de la parroquia Magdalena, en Monimbó, fue cruelmente torturado, dentro de las instalaciones de la parroquia.

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Los encapuchados fieles a la dictadura orteguista que mantenían controlada Masaya, durante la crisis del año pasado, le exigían al sacerdote les dijera donde estaban «unas supuestas armas».  Le hicieron abrir la boca y le metían el cañón de un AK 47, un arma de guerra que abundó en las manos de los parapolicías.

Fueron varias horas de torturas, insultos y daños psicológicos contra el sacerdote, de 37 años, según confirmó en ese entonces, una persona cercana al sacerdote y quien también fue víctima de los parapolicias a cargo del comisionado Avellán.

«No voy a opinar», respondió Avellán

Este sábado, mientras el comisionado Avellán participó en la ascensión del obispo Sándigo, en León, se le preguntó cómo se puede interpretar que mientras participa tranquilamente en esa actividad reprimía a los sacerdotes católicos de la ciudad de Masaya.

«No voy a opinar» respondió Avellán con un rostro serio y de pocos amigos y rodeado de escoltas.