La Alianza Cívica es la esperanza

En Nicaragua, los demócratas siempre hemos tenido divergencia de opiniones en mayor o menor grado. Es un mal endémico que afecta a moros y cristianos, y desde la perspectiva de un proceso de unidad, entre todos hay que definirlo a lo inmediato. No es que esté estereotipado, pero a mi criterio esto sería exitoso y beneficioso para todos, porque de una u otra manera ya hemos logrado antes la ansiada unidad. Caso específico, 1990.

Hay que sacar provecho de que el régimen de Ortega se está debilitando por el asedio de la comunidad internacional. Nicaragua no debe esperar más de lo que ya ha aportado a los intereses del pueblo y a la dirigencia de la Alianza Cívica.

Al Cosep, por ejemplo, se le ha achacado ser “colaboracionista” del régimen. Cabe recordar que la cúpula empresarial hace unos años también puso sus muertos: a Jorge Salazar Argüello, en 1980 y Arges Sequeira Mangas en 1992. El primero fue asesinado por escuadrones de la muerte y, el segundo por un mal llamado Frente Punitivo de Izquierda.

Hay que darle un voto de confianza a los partidos que han sido señalados de pactistas y por ser refrendados por el Estado, por participar en las elecciones fraudulentas y haber negociado con Ortega. Hay que suturar las heridas. Si seguimos en la ruta de dividirnos, oxigenamos al dictador. Mirar hacia atrás, sobre las malas experiencias, es peligroso. Recordemos a la esposa de Lot, Edith, que desobedeció a Dios y por ver hacia atrás se convirtió en estatua de sal.

La ambición individual por el poder presidencial no es eficaz por el momento. Mario Arana fue categórico en una entrevista en la que me expresó: “Hay cantidad de líderes que han emergido, pero no es el momento de candidaturas”. Figurar es hacerse cómplice del tirano, y eso merece desprecio y debe ser motivo de vergüenza.

Ortega, con el broche de su carrera como dictador está cada día esquilmando el país, igual como lo dejó en el 90. Esa es su intención pero hay que evitarlo. ¿Cómo? Con un frente común sólido.

En la esfera democrática deben caber las diferentes ideologías, desde conservadores, liberales, socialcristianos y renovadores entre otras. Seamos garantes de la unidad y que no nos conmueva la declaración increíblemente anodina de Luis Almagro de que en Nicaragua “no existe dictadura”.

Mantengamos la motivación como el 18 de abril de 2018 cuando valientes jóvenes y adultos se unieron para obligar a la dictadura a retroceder. Porque el temor todavía inunda a la pareja presidencial. Y como dijo Rubén Darío: “Únanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos”.

El autor es periodista, vicepresidente de APN.

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